Seminario Internacional
Argentina-Brasil-Chile-Paraguay-Uruguay
“VISIONES , ACCIONES
Y VIAS ALTERNATIVAS DE ACCESO A LA PROTECCIÓN SOCIAL DEL TRABAJO”.
21 y 22 de noviembre 2005
Montevideo - Uruguay
Padre Antonio Ocaña S.
J.
Rector de la Universidad Católica
del Uruguay
Le hemos pedido al Padre Antonio Ocaña
que hiciera una presentación un poco más formal, que dé
un encuadre al seminario que hemos organizado hoy.
Antonio es filósofo, antropólogo,
y Rector de la Universidad Católica también. Él nos
ha acompañado en muchos otros seminarios, y nos parecía importante
su presencia como filósofo y también como Rector. Le pedimos
entonces que nos ofrezca un marco conceptual al trabajo que vamos a estar
realizando en estos días.
Padre Antonio Ocaña s.J.:
Vamos a hablar del trabajo llamado 'informal'
..y me piden una presentación 'forma'. Está bien.
Como Rector de la Universidad Católica
tengo que decir que el Instituto Kolping y nuestra Universidad estamos muy
unidos tanto en el espíritu que nos mueve a hacer las cosas como
en muchas actividades concretas. Respecto al espíritu, la inspiración
cristiana de nuestras dos instituciones nos empuja a trabajar en pro de
una sociedad más fraterna y solidaria, con el objetivo final de una
sociedad que pueda ser una 'buena noticia' (eso es lo que significa 'evangelio'
en griego). Respecto a actividades concretas, desarrollamos incluso una
carrera universitaria en común, la Licenciatura en Dirección
de Empresas Turísticas; por otra parte, nos gustaría brindar
a las actividades sociales del Instituto Kolping toda la colaboración
que podamos, y en el apoyo a estos seminarios sobre el trabajo llamado informal
varios profesores llevamos trabajando unos cuantos años.
Bueno, dejo aquí de ser Rector
y paso a ser un ponente más, al que le han pedido que intente ofrecer
un marco conceptual al trabajo de estos días.
Empiezo recordándoles algo que
dije en seminarios anteriores.
Lo primero es la distinción entre
'trabajar' y 'estar ocupado' porque como dice San Pablo algunos están
"muy ocupados en no hacer nada" (2Tes. 3/11). Hoy día se
tiende a confundir trabajo con una "ocupación por la que se
recibe un salario" (aunque no se haga nada); eso es un mero intercambio
entre horas de vida (que se pierden) y salario (que se gana); como en todo
intercambio, será bueno (un 'buen trabajo') si se pierde poco y se
gana mucho, es decir, si se gana mucho por cada hora que se pierde. Pero
si no se hace nada en ese tiempo, no se está trabajando, al menos
en el sentido real de la palabra 'trabajo'. ¿Cuál es este
sentido real? Un 'buen trabajo' es algo que se hace bien: hacer algo útil
y hacerlo en beneficio de otros.
Desde esta perspectiva no sólo
hay gente que dice tener trabajo y no hace nada útil a nadie, sino
que también hay gente que decimos está 'sin trabajo' (o no
'tiene' trabajo), porque no recibe un salario (el ama de casa, por ejemplo)
y, sin embargo, hace muchas tareas útiles.
Es muy importante este punto de partida:
desvincular el concepto trabajo del concepto salario.
En segundo lugar recuerdo algo en lo que
insistí también en un anterior seminario: la palabra informal,
desde el punto de vista conceptual, tiene la enorme dificultad de ser negativa
(no-formal) y, en consecuencia puede adquirir múltiples significados;
así es'‘informal' el trabajo de los asalariados que no están
en planilla (o lo están figurando con un salario menor al que realmente
reciben), el de los guardacoches o limpiadores de vidrios de las esquinas,
el de los pequeños comerciantes no registrados, etc…
Partiendo de estas dos consideraciones
previas, en la exposición de hoy voy a intentar reflexionar en enmarcar
positivamente diferentes las formalidades que deberían tener los
trabajos diferentes.
Y mi reflexión la voy a hacer desde
principios sociales ideales, esos que quizás no pueden ser llevados
a la práctica, pero sí pueden guiarnos en la construcción
(siempre imperfecta) de la sociedad.
Estos principios son dos:
El primer principio rezaría así:
"todo aquél que es capaz de hacer algo útil para los
demás, debe poner esa capacidad en activo".
Esto se funda dos razones complementarias: en que somos seres sociales que
sólo existimos tras haber recibido casi todo de los demás,
y en que el ser humano sólo crece uniéndose a ese movimiento
de producción de relaciones con los demás. Si se quiere decir
lo mismo de otra manera, porque el hombre se desarrolla como un ser en relación
con los demás, es decir, mediante una relación productiva
de humanidad (y el trabajo ideal tiene que ser eso).
El segundo principio diría: "todo
ser humano tiene derecho a ver cubiertas sus necesidades básicas";
y esto independientemente de que haga algo útil a la sociedad o no,
e incluso independientemente de que quiera no hacerlo, o quiera y haga efectivamente
algo perjudicial a la sociedad.
Por poner un caso extremo: los criminales,
a los que ponemos en la cárcel, tienen derecho a ser alimentados,
y a ver sus necesidades básicas cubiertas. Pero con mayor razón,
los enfermos, los que hoy llamamos 'de capacidades diferentes', los locos,
los ancianos y los niños. Y, desde luego, también los que
no encuentran trabajo asalariado. Pero ¿y los vagos? Había
vagos incluso en la primitiva comunidad cristiana, ¿y no dice sobre
ellos san Pablo que "quien no trabaje que no coma"? Lo dice, pero
eso solo puede ser entendido como un recurso educativo; que nuestra solidaridad
no vaya a fomentar la vagancia… Pero también respecto a los
vagos tenemos 'obligación' de que no se mueran de hambre.
Guiados por estos dos principios básicos,
podemos combinar los dos conceptos de trabajo y formalidad (y sus negaciones)
con los que comencé, para reflexionar mejor sobre las relaciones
entre las diversas formas de 'trabajo' y ‘no trabajo’ con sus
respectivas situaciones de formalidad e informalidad.
Tendremos que buscar, entonces, las distintas
'formalidades' que correpopnderían a las diversas formas 'trabajo'
y 'no-trabajo' (tal como lo hemos definido más arriba: hacer algo
útil a los demás).
En primer lugar, 'hacer algo útil
a los demás'(1) puede ser hecho 'sin remuneración pecuniaria'
(11) o 'con remuneración pecuniaria (12).
Igualmente, el que 'no hace algo útil
a los demás' (2) puede hacerlo 'sin remuneración pecuniaria'
(21) o 'con remuneración pecuniaria' (22).
Estas cuatro situaciones humanas respecto
al trabajo, a su vez, pueden hacerse de una manera 'formal' o 'informal';
de lo que trataremos en adelante es de ver cómo sería las
formalidades correspondientes a cada situación (y sus respectivas
informalidades).
La reflexión sobre 'lo que es útil
a los demás' (2) y 'lo que no es útil a los demás'
(2) plantea cuestiones en las que no podemos entrar ahora, como por ejemplo:
¿es útil a los demás que se fabriquen minas antipersonales
o videojuegos violentos? Si llegáramos a contestar que en ningún
caso eso es útil a los demás, tendríamos que considerar
que esa actividad es un falso 'trabajo' (como también lo es robar
o asesinar); igualmente se podría cuestionar que sean útiles
ciertos 'trabajos' burocráticos cuyo resultado es nulo (por ejemplo,
escribir un informe que nos es leído por nadie, etc…).
Pasemos ahora a considerar el hacer algo
útil a los demás sin remuneración pecuniaria (11);
quizás ahí está la mayor parte de trabajo que se realiza
en el mundo (la educación de los hijos, los trabajos de la casa,
los cultivos llamados de ‘sobrevivencia’, la docencia gratuita,
los servicios de las innumerables asociaciones de barrio, culturales o deportivas,
los innumerables servicios de las ONG, etc…); todas estas actividades
no solemos llamarlas trabajo por la deformación que se introduce
en este concepto al vincularlo con el salario; de hecho: para las estadísticas
económicas todo este trabajo es ‘invisible’ (igual que
es invisible la desocupación de aquel, que cobrando salario, no hace
nada útil en él). Hoy día lo que no es visible para
la economía tiene riesgo de convertirse en invisible para una mirada
deformada, aunque lo útil hecho está ahí, sea real,
sirva realmente.
Este trabajo informal necesita ser formalizado
¿Qué 'formalidad' se podría
pedir a este tipo de trabajo, y cuándo debería ser considerado
'informal'? Sería inadecuado transmitir a este tipo de trabajo la
'formalidad' del trabajo asalariado.
Pongamos dos ejemplos:
En primer lugar, el de esos casos en los
que algún colaborador voluntariamente de una ONG, tras varios años
de trabajo, termina acudiendo al Ministerio para denunciar a la ONG, que
ni le ha pagado su trabajo, ni lo ha tenido en caja durante todos esos años;
y puede demostrarlo. Algo como esto hunde definitivamente a la ONG, que
tiene que pagar al reclamante todo lo que trabajó (y quizás
hasta las multas correspondientes por lo haberlo tenido en planilla);
Un segundo ejemplo sería el de
una institución escolar que combina la enseñanza a base de
textos con la enseñanza de la producción (agrícola,
industrial, etc…), y que emplea en su autofinanciación el resultado
producido por la venta de los productos elaborados por los propios alumnos
(a los que da enseñanza, pero no salario, y a los que no tiene en
planilla). Si se traslada a este verdadero trabajo el concepto de formalidad
propio del trabajo asalariado, ¿no caerá sobre ellos no sólo
el fisco, sino también los que vigilan contra la explotación
infantil?
Últimamente, tras organizar el
voluntariado relacionado con el PANES el estado uruguayo se ha protegido
mediante una ley que ‘formaliza’ este trabajo. ¿No se
debería formalizar también los demás? ¿Y cómo?
Desde luego asegurando a los trabajadores voluntarios contra accidentes
de trabajo, pero también concediéndoles algún tipo
de ventajas de transporte, por lo menos cuando se trasladan a su trabajo,
etc... Lo seguro es que debiéndosele dar una formalidad, ésta
tiene que ser distinta a la del trabajo asalariado.
Pasemos al que hace algo útil a
cambio de una remuneración (12). El prototipo de este trabajo es
el asalariado, aquél en el que el trabajador se traslada a su lugar
de trabajo y cobra al final de la semana o el mes.
Este trabajo se considera 'formal' cuando
cumple las leyes laborales (aportes a la Seguridad social, aportes patronales,
etc…), e informal cuando no los cumple. Hay, sin duda en él,
un montón de informalidades que deben corregirse: trabajo en negro,
declaraciones falsas de salarios (la mayor parte de las veces de acuerdo
con el trabajador, que así cobra más, aunque cuando llega
la enfermedad o la jubilación se verá en problemas); estas
informalidades son las que deben corregirse más indiscutiblemente,
y también las sabemos mejor cómo hacerlo.
Pero hay otros trabajos del tipo 12 en
las que lo que debe hacerse no es tan fácil de ver: el autoempleo,
la ‘empresa unipersonal’, los microemprendimientos ¿puede
subsistir si no se lo trata legalmente de una forma bien diferenciada a
las medianas empresas? No; hay que diversificar las formalizaciones de este
trabajo, y en ellas la función recaudadora estatal no debe ser la
que prime. Este problema, presente para la economía en la zona en
la que ve las cosas, se intenta solucionar hoy día de diferentes
maneras que serán objeto de este seminario.
Sin duda hay que corregir el trabajo en
negro de las grandes y medianas empresas que, pudiendo cumplir las leyes,
no lo hacen para sacar mayores réditos; pero, al mismo tiempo, hay
que fomentar la capacidad de iniciativa de nuestra gente sencilla y no ahogarla
con la voracidad fiscal.
Pasemos ahora a la otra parte, la de esas
personas que no hacen nada útil (2).
Los primeros que hemos de considerar son
aquellos a los que la economía los ve trabajar, pero eso es sólo
una ilusión de ella (algunos economistas hablan de'‘desocupación
invisible'). Van a su lugar de ocupación, reciben su salario de la
manera más regular (quizás el patrón los tiene en planilla
y hace todos los aportes), cobran su salario fijo todos los meses, pero
¿qué pasa? Están 'formalizados' como 'trabajadores'
y no lo son; los que se llevan la fama de esto son los empleados públicos,
que se dedican a mirarse a la cara y conversar sobre los partidos del domingo
anterior, pero también hay muchos empleados que hacen ‘cebo’
a espaldas del patrón.
¿Se considera esto un ‘trabajo
formal’? Es una equivocación. Habría que colocarlos
entre los ‘pasivos’, de cuya formalización trataremos
después.
¿Y qué pasa con todos esos
servicios que se nos ofrecen en las esquinas (limpiarnos los vidrios, guardarnos
los autos, ofrecernos flores o repasadores, etc…)? Lo que pasa es
que si tenemos los vidrios sucios, o queremos que nos guarden los autos,
o regalamos la flor a una persona querida, o usamos después el repasador,
esas personas están haciendo algo útil. Pero si nos limpian
los vidrios recién limpiados, o dicen guardarnos autos pero no se
acercan a ellos más que cuando salimos, o no vamos a disfrutar regalando
la flor, ni necesitamos el repasador, entonces estos sedicentes trabajadores
no hacen nada útil. Si hacen algo útil, habrá que formalizar
su trabajo, velando por su seguridad con chalecos que los hagan visibles,
procurando que se hagan dueños de las esquinas, que no son suyas,
o dándoles seguros de accidentes (esperemos que las intendencias,
al regular esto, no les cobren porcentaje de sus ganancias). Pero si no
hacen nada útil, deberían abandonar sus puestos y pasar, como
los que hacen ‘cebo en las oficinas o las empresas, a la categoría
siguiente.
Esta última categoría es
la de los que no hacen nada útil y tampoco reciben un salario. Unos
tendrán 'formalizada' su situación: los rentistas, los jubilados,
los pensionistas, los enfermos o los desocupados cubiertos por el seguro,
los niños escolarizados, los presos, etc…
Hay muy diversas maneras de 'formalización' de este grupo, que van
desde las rentas propias a las asignaciones familiares o las pensiones por
incapacidad. Últimamente, el plan PANES, de una manera provisional,
ha introducido una ‘formalidad’ en muchas familias necesitadas
Pero quedan aún en este grupo aquéllos
cuya no actividad ni siquiera está formalizada. Algunos estarán
así por culpa suya (ciertos alcohólicos, drogadictos, etc…),
otros por la mala suerte, o por la falta de oportunidades que les brindó
la sociedad. Pero sea cual sea el origen de su situación, debe haber
una formalización para ellos.
Antiguamente se hablaba de 'vivir de limosna'.
Hoy esa palabra ha tomado un cariz de desprecio, como si el que hace la
limosna dejara caer despectivamente sus migajas sobre el despreciable. La
palabra 'limosna', sin embargo, tiene su origen etimológico griego,
y éste la emparentada con el concepto 'justicia'. Y efectivamente,
es de justicia que a los incluidos en este grupo la sociedad los provea
de los necesario para atender sus necesidades, al menos las básicas:
vivienda, alimento, ropa, salud, educación.
Esto es lo que se hacía con las
innumerables iniciativas sociales que existieron siempre, y que hoy se van
sistematizando en mano de los estados modernos: enseñanza y salud
gratuita, ayudas a la vivienda o a la alimentación, etc… Hay
quienes propugnan la generalización para este grupo del ’salario
ciudadano’ (suena hoy mejor 'salario' que 'limosna', pero no es salario,
es sí algo perteneciente a la justicia distributiva). En nuestras
sociedades cercanas a la opulencia (donde se consumen tantos bienes innecesarios)
se podría dar este 'salario ciudadano' a todos los que lo necesitasen,
y sin límite de tiempo; y esta sería la 'formalización'
más eficaz.
Se suele objetar que así se fomentaría
la vagancia, como si, mediante la educación, la gente no pudiera
comprender que la vida más plena y feliz incluye el hacer algo útil
y servir a los otros miembros de la sociedad. Quien ya tiene para comer
¿se quedará seguro en casa cruzado de brazos? Alguno de esos
habrá, pero como ya dije, si se da de comer a los presos en la cárcel,
¿no se va a dar a los vagos? ¿O tendrán éstos
que ir a cometer algún delito para que les den de comer en las seccionales
de policía?.
La instauración del salario ciudadano,
en nuestras sociedades opulentas, debería estudiarse seriamente.
Y se puede creer que muchos de los que lo recibieran, al mismo tiempo estuviera
trabajando en el primer tipo de trabajo, el no asalariado, por ejemplo,
en una ONG que difunde el teatro o la música, o el respeto por la
naturaleza. En ese caso esa persona desarrollaría plenamente los
dos principios sociales a los que me referí al principio: sus capacidades
estarían puestas al servicio de la sociedad, y sus necesidades cubiertas
por esa misma sociedad, aunque sin relación de intercambio entre
estos dos movimientos.
Termino: han quedado analizadas ocho situaciones
diferentes, cuatro de formalidad y cuatro de informalidad.; espero que sirva
para profundizar en la relación entre trabajo y ‘formalidad’.
Sólo quiero insistir en un punto: si tratamos la formalidad como
de una sola clase, opuesta a la informalidad también de una sola
clase, vamos a equivocarnos, y a equivocarnos seriamente