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EMPRENDIENDO EN FEMENINO
   
  A continuación quisiera compartir con ustedes
algunos párrafos y comentarios de un libro2 que he leído recientemente, que trata algunos de los aspectos del género. Un tema muy amplio que no se agota en los contenidos que se comentarán aquí y que se ha prestado a tantos debates, leyes y tergiversaciones de la realidad.
   
 
   
  En el mundo empresarial, las mujeres empresarias se enfrentan a su propia identidad, a la educación y a la herencia cultural de su familia, de la escuela y de los medios de comunicación. En primer lugar han de vencer sus propias limitaciones.
   
  Una empresaria lo resumía de esta manera: "las mujeres nunca creemos que somos capaces de hacer lo que después hacemos. En cuanto a los hombres, simplemente por su condición, se presupone que están preparados para acceder a un cargo o a un nuevo trabajo. Las mujeres en principio tenemos miedo. Después pensamos que tal vez podríamos hacerlo, pero no nos atrevemos; a menudo necesitamos el empujón de una amiga o del marido".
   
  Esto sucede, en parte, porque las mujeres han sido poco valoradas por su inteligencia o por su formación: la valentía y el arrojo, imprescindibles para crear un negocio, no han sido valores en los que se considera necesario educar a las mujeres.
   
  Sin embargo, la mujer desarrolla una serie de capacidades y habilidades muy útiles para el desempeño de cualquier trabajo o emprendimiento. Administran económicamente la familia, cuidan su organización, reparten y delegan responsabilidades, dan incentivo a los hijos, educan, forman, negocian, pactan, asesoran, escuchan... Dicen no saber nada, cuando, de hecho, la familia puede llegar a ser la empresa más compleja de dirigir.
   
 
Hombre y mujer: igualdad en la diferencia Partimos para nuestros comentarios de una visión integradora y constructiva, no reivindicatoria del hombre (machismo) o de la mujer (feminismo).
   
  Diferentes niveles de análisis de la igualdad en la diferencia:
   
 

Los diferentes niveles de análisis han dado pie a confusión, ese desorden está en la base de las posturas más extremas, tanto machistas, como feministas. En tanto que somos personas, no es lícito mantener que hombres y mujeres tienen diferente valor. Pero al mismo tiempo, no resulta razonable sostener la igualdad de sexos en los planos biológico o psicológico. La igualdad es legítima y real en el plano antropológico, por ser personas. En los años 50 y 60 se defendió la igualdad de derechos, a costa de que la mujer renunciara a lo propiamente femenino, es decir, a las diferencias biológicas y sicológicas, por ejemplo: la mujer debía sacrificar(hasta hoy) su maternidad para igualarse y competir laboralmente con el hombre o debía sacrificar estar con sus hijos para trabajar las misma cantidad de horas que un hombre.

   
  Desde hace algunos años el neofeminismo reclama el reconocimiento de los valores específicos de lo femenino y unas condiciones laborales que permitan a la mujer, la atención a la familia. La visión integradora de la que hablaba al comienzo tiene más que ver con una reivindicación de la familia y de que tanto el hombre como la mujer que deciden conformarla, asumen responsabilidades que necesitan tiempo y calidad de tiempo, para ser cumplidas. En este sentido, es bueno que el hombre reflexione sobre su rol en la familia: al insertarse la mujer al mundo del trabajo, conviene que tenga en cuenta que es más necesario que nunca colaborar en las responsabilidades en la casa, participar activamente en la educación de los hijos, buscar compartir los momentos de ocio en familia, etc.
   
  Diferentes formas de conocer y de actuar: Es importante recalcar que las diferentes formas de conocer y actuar del hombre y la mujer son capacidades o tendencias y no necesariamente conductas esperadas, puesto que cada persona es única e irrepetible. Lo característico de la mujer es un mayor dominio del conocimiento experimental por encima del abstracto, mientras que en el caso del hombre predomina el segundo. De alguna manera las mujeres, al decidir, se apoyan más en la información que procede de sus vivencias. La mujer experimenta esas vivencias más profundamente que el hombre, quien a su vez, tiende a planteamientos más globales. Ambas formas de conocimiento son complementarias: sin el punto de vista masculino, la forma de actuar femenina podría degenerar en una actuación excesivamente pragmática y al contrario, sin el punto de vista femenino, la forma de actuar masculina tendería peligrosamente a perderse en planteamientos generales y caería en un racionalismo exagerado. La forma de pensar y conocer del hombre resulta especialmente útil a la hora de definir objetivos en una empresa, el conocimiento experimental de la mujer va dirigido al cómo se lograrán esos objetivos, las condiciones que deben ser respetadas en el camino hacia su logro.
   
  La mujer no tiene facilidad como el hombre, de separar completamente sus diferentes campos de actuación o dicho de otro modo: la mujer tiene mayor capacidad para "tener todas las cosas en su cabeza al mismo tiempo". En este sentido su unidad en cuanto persona es mucho más palpable en cualquiera de sus actuaciones.
   
  Emprendedoras: ¿Cómo emprenden las mujeres ?
  Una respuesta rápida sería posiblemente, que las mujeres ponen en marcha negocios por motivos económicos, es decir, ganar dinero.
   
  En los estudios sobre emprendedores (hombres y mujeres), existen otras razones por las cuales se emprende un negocio: el reto personal, la independencia y la dedicación al trabajo que a uno le gusta.
   
  En el caso de las mujeres, un estudio citado por el libro que estamos comentando, el 60% de las mujeres respondió que la realización personal era el principal motivo por el que decidieron emprender. Del mismo modo, cuando se pregunta a las empresarias acerca de la satisfacción que
obtienen de su trabajo, una gran mayoría señala como fuentes más importantes de satisfacción: el aprendizaje y la autonomía que su labor les proporciona. Estas respuestas permiten deducir que existen otros motivos, además de los puramente económicos, que impulsan a las mujeres a emprender y a convertirse en empresarias en vez de intentar encontrar un trabajo dependiente.
   
  ¿Cómo dirigen las mujeres? Existe - por qué no decirlo - un estilo femenino de dirigir una empresa: una visión más cooperativa, una sensibilidad especial para detectar las necesidades del mercado y una tendencia a impulsar el trabajo en equipo.
   
  El equilibrio entre vida familiar y vida profesional, entre desarrollo personal y carrera profesional es válido y necesario tanto para hombres, como para mujeres, que redundará en un mayor grado de felicidad, en una mejor calidad de vida, lo que sin duda, significa un importante beneficio social.
   
  Creo que sólo con esta visión complementaria e integradora del hombre y la mujer, lograremos enriquecer a la familia y a la sociedad.
   
  Lic. Matilde Olivero
  1 Extraído del libro: Emprendiendo en Femenino. Ed
  Gestión 2000. Autora: Nuria Chinchilla. 1999
  2 Idem
 
     
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