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La Política y el Político |
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DEL
NUEVO MILENIO EN AMÉRICA LATINA
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Ante un nuevo pronunciamiento ciudadano referido
a las elecciones municipales en el Uruguay, y teniendo en cuenta la actitud responsable que, según el
ideario Kolping, los laicos deben asumir en relación a la POLITICA, es oportuno recordar
el siguiente
documento de la Comisión Episcopal para América Latina - CELAM:
Nos hemos reunido en la Ciudad de Santiago de Chile para tratar sobre “La
Política y el Político en el Nuevo Milenio”. Somos un grupo de dirigentes
sociales, políticos, académicos y agentes de pastoral
social convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del
CELAM. |
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1. Somos conscientes de que en nuestro continente
predomina la idea de que el quehacer político con frecuencia
es sinónimo de corrupción y engaño; que muchos
líderes lo aprovechan para obtener ventajas particulares.
A causa de ello, la política ha caído en el descrédito
y amplios sectores de la sociedad se han tornado apáticos
frente a los asuntos públicos y el abstencionismo crece.
Sin embargo, tenemos la firme convicción de que es necesario
devolver a la política su dignidad, y eso depende en primer lugar de los políticos. No
olvidamos que la política es una noble actividad humana y humanizante;
un compromiso de servicio que exige honrar la verdad y la justicia,
cuya finalidad no puede ser otra que la consecución del bien
común, entendido como el conjunto de condiciones sociales necesarias
para que los ciudadanos puedan desarrollarse plenamente y que, en palabras
del Papa Juan Pablo II, “no es la simple suma de los intereses
particulares, sino que implica su valoración y armonización,
hecha según una equilibrada jerarquía de valores y, en última
instancia, según una exacta comprensión de la dignidad
y de los derechos de la persona”. En América Latina, ésto
implica la exigencia de procurar una justa distribución de recursos
y condiciones de vida dignas para todos en los ámbitos económico,
cultural y espiritual. |
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2. En nuestro encuentro hemos subrayado de manera
especial las siguientes reflexiones:
Los jóvenes latinoamericanos nos sentimos comprometidos con
un protagonismo social y político que transforme la extrema
injusticia que nos toca vivir y compartir con nuestros hermanos excluidos.
Como hijos e hijas nacidos en una América en transición,
creemos que para asumir un papel relevante es necesaria la integración
de nuestros pueblos, a fin de construir la Patria grande en la justicia
social, superando la pobreza y la exclusión. |
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| Los políticos latinoamericanos debemos cumplir
nuestra misión en un mundo globalizado, dominado por el mercado,
que subordina la solidaridad al individualismo y que alimenta la corrupción.
Por ello, asumimos el desafío de impulsar una nueva forma de
hacer política, que implica una revolución ética,
es decir, un compromiso con la verdad, la justicia, la equidad, con
un respeto pleno a la dignidad humana. Aspiramos a una política
latinoamericana que, a través de un Estado social de Derecho,
materialice las aspiraciones de nuestros pueblos; una política
que garantice el ejercicio de los derechos y los deberes, que anteponga
a su goce individual y excluyente el bien común. |
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| Ante una historia de violación sistemática
de derechos humanos, la lucha por su reivindicación en América
Latina debe mantenerse. Sin embargo, también se debe reconocer
que la construcción del bien común exige que cada persona
asuma sus responsabilidades y sus deberes. Todos estamos llamados a “promover,
orgánica e institucionalmente el bien común”. |
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3. Por nuestra parte,
mirando al futuro, hemos asumido los siguientes compromisos:
• Formarnos integralmente para dar respuestas pertinentes a las situaciones
de desigualdad, que afecta sobre todo a las mujeres, indígenas y pobres.
Necesitamos ser eficaces en nuestros lugares de acción. La realidad social, política
y económica
latinoamericana no puede ser abordada desde la improvisación.
• Revalorar la acción política como una actividad eminentemente ética,
como servicio al bien común y no como ocasión para abusar del poder.
• Fortalecer desde nuestros programas y plataformas la reconciliación
que nos lleve a
restaurar el tejido social, tan desgarrado por la injusticia estructural y por
las distintas
formas de violencia.
• Dar prioridad a la educación en ciudadanía para que todos
los latinoamericanos
-hombres y mujeres- la ejerzan plenamente y los pobres sean protagonistas de
su
propio desarrollo.
• Difundir la riqueza que aquí hemos recogido y compartido.
• Generar espacios de comunión y promover redes entre los
participantes de los próximos encuentros, integrando, además,
a constructores sociales de distintas comunidades. |
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4. Agradecemos al CELAM
el facilitarnos un espacio de diálogo y encuentro a líderes
de distintas ideologías. Esperamos que estas reuniones se
multipliquen y deseamos seguir contando con su acompañamiento.
Los problemas que abruman al Continente son enormes, pero nuestros
pueblos poseen una reserva moral que hace posible la esperanza. En el inicio del
tercer milenio, asumimos el compromiso de construir una política
que haga realidad los sueños de justicia y dignidad de las
mayorías empobrecidas de América Latina. |
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