Las directrices
para la solidaridad internacional en la versión que se
presenta ahora, deberán reemplazar a las actuales "Directrices
de política de desarrollo" de la Obra Kolping Internacional.
Una nueva versión de estas directrices era y es altamente
necesaria, puesto que, sin duda, la situación mundial se
ha modificado en forma decisiva desde su aprobación, el
6 de diciembre de 1979. Las directrices de política de
desarrollo del año 1979 aún están totalmente
impregnadas del espíritu de la encíclica "Populorum
progressio" del Papa Pablo VI del año 1967 y reflejan
las primeras experiencias de la Obra Kolping Internacional en
el ámbito de la cooperación al desarrollo. Esta
encíclica, que se ocupó por primera vez en forma
exclusiva de la llamada cuestión social internacional y
se propuso llevar esta cuestión a la conciencia de los
seres humanos y, ante todo, también de los católicos,
se dirigía principalmente y en forma casi exclusiva a los
pueblos ricos de los países industrializados y a los ricos
dentro de los mismos países en desarrollo. Este objetivo
se pone claramente de manifiesto ya al comienzo de esta encíclica,
cuando su Santidad escribe: "Los pueblos hambrientos interpelan
hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos "
(P.P. 3). Totalmente en el sentido de esta apelación, el
Santo Padre les impone una triple obligación a los pudientes
en vista del desarrollo solidario de la humanidad: la obligación
de solidaridad, la obligación de justicia social y la obligación
de amar. Aunque el Papa Pablo VI en su encíclica "Populorum
progressio" también subraya la responsabilidad y la
participación de cada uno al decir: "Dotado de inteligencia
y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento lo mismo
que de su salvación " (P.P. 11), el llamado a los
pudientes y a los que más pueden producir está en
un evidente primer plano: "Nuestra caridad con los pobres
que hay en el mundo - y estos son legiones infinitas - debe ser
más atenta, más activa, más génerosa".
(P.P. 76) |