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Bajar Revista Setiembre 2008

Trabajo informal - trabajo formal, un debate ineludible

Primera parte
 

Días pasados asistimos a un debate público entre investigadores privados de la Universidad Católica, la Cámara Nacional de Comercio y Servicios y autoridades gubernamentales del Banco de Previsión Social y la Dirección General Impositiva, sobre los porcentajes reales de la informalidad en el Uruguay.

Kolping Uruguay viene realizando desde el año 2003 distintos foros nacionales y seminarios internacionales para el análisis de este fenómeno, con la participación de especialistas e investigadores de esta problemática, vinculada con el mundo laboral y la protección social. La informalidad en muchos casos es estructural, y no es un
fenómeno meramente coyuntural, ni nacional: hay que medirla en espacios de 10 o 15 años que excede, obviamente, un período de gobierno específico.

Cuando hablamos de informalidad se suele pensar en diferentes fenómenos: artesanos o microempresas que no cumplen con las reglamentaciones fiscales, vendedores ambulantes que no están registrados como cotizantes en el Banco de Previsión Social (BPS) y no pagan impuestos, trabajadores que no figuran en las planillas de las empresas, etc. Es decir que se relaciona al llamado sector informal, con alguna forma de actividad que no cumple con las normas legales.

En el caso de los empleados por cuenta propia o trabajadores independientes que se encuentran en esa situación, habitualmente no tienen ninguna clase de protección frente a la enfermedad, los accidentes en el trabajo o cualquier suceso que les imposibilite desarrollar su labor. Además, los condena a no tener cobertura de la seguridad social en el futuro.

En términos generales, la informalidad implica trabajos de baja productividad en sectores marginales de la economía e involucra a unidades económicas de subsistencia. Desde la óptica de los empresarios (obviamente pertenecientes el sector formal) les preocupa los aspectos relacionados con la competencia “desleal” de quienes rebajan sus costos al no cumplir con las obligaciones formales y solicitan a los organismos de contralor, medidas ejemplarizantes.
Mientras tanto, los actores estales que representan a los organismos de recaudación (Dirección Geneal Impositiva, BPS) , van en procura de la defensa de las finanzas públicas, organizando redadas fiscalizadoras que van a la cacería de los evasores. Como se ve, distintos enfoques para debatir un mismo rótulo, en cuanto a cómo disminuir el informalismo en referencia al sector formal de la economía, pero que como ya señalamos, abarcan diferentes situaciones.
Estas van desde razones de supervivencia de sectores que no logran insertarse en el sistema, hasta quienes por razones de apetencia por un mayor lucro, pasando también por quienes por razones de la llamada “cultura del no aporte”, prefieren mantenerse por fuera de la ley.

Tasas específicas de informalidad según categoría de
ocupación
  Año 1991 Año 2005
Tasa de informalidad total 32,8

37,6

Según categoría de ocupación:
Asalariados Privados 15,9 26,6
Patrón 40,1 27,7
Cuenta propia sin local 93,7 94,4
Cuenta propia con local 84,9 64,5

Fuente: en base a la Encuesta Continua de Hogares del INE.

 



 
Composición del empleo informal: 1991 - 2005
Categoría ocupacional Año 1991 Año 2005
Informales totales 100%

100%

Asalariados privados 22,3 34,3
Patrón
6,4 3,0
Cuenta propia sin local 18,2 19,8
Cuenta propia con local
32,9 26.0
Servicio doméstico 20,2 16,9

Fuente: en base a la Encuesta Continua de Hogares del INE.

Según esta última tabla vemos la incidencia de la informalidad entre las distintas categorías ocupacionales: es ilustrativo considerar la composición del 100% del empleo informal: 34% son asalariados privados, 20% son cuenta propia sin local, 26% son cuenta propia con local, y 17% son trabajadores del servicio doméstico.
Pero si analizamos por categoría específica en relación a 100% de esa misma categoría vemos que en el 2005, de los artesanos o trabajadores por cuenta propia sin local, el 94,4 % estaba en la informalidad y el 64,5% de los trabajadores por cuenta propia con local, también estaba en esa categoría.
Según Verónica Amarante y Alma Espino, quienes se desempeñan como investigadoras del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, si nos ceñimos a las definiciones más tradicionales, cuando hablamos de desprotección social no es necesariamente lo mismo que informalidad. Cuando hacemos referencia a la desprotección social nos referimos a las personas que no realizan ningún aporte a la seguridad social, es decir que no están generando derechos jubilatorios ni tampoco tienen derecho a las prestaciones activas vinculadas con los aportes a la seguridad social.
Eso no asegura que su actividad laboral o comercial sea declarada en su totalidad o que no tenga algún nivel de ilegalidad.
Según estas mismas investigadoras no hay diferencias significativas entre hombres y mujeres. Ambas situaciones los afectan por igual y las tasas específicas son similares. En todo caso lo que se detecta es un descenso de la brecha o diferencia entre hombres y mujeres que obedece al empeoramiento de la situación de los hombres, tanto en lo que refiere a informalidad como a desprotección social.
Pero hay que destacar que la composición del empleo informal por sexo es considerablemente diferenciada: mientras que entre los hombres tienen un peso relativo similar los asalariados privados y los trabajadores por cuenta propia con y sin local, entre las mujeres la principal categoría corresponde a las trabajadoras domésticas. Este sector presenta también tasas muy altas de falta de cobertura de la seguridad social. Sabemos que en los últimos años hay una mayor inserción al sistema al promoverse una registración en el Banco de Previsión Social, a través de campañas publicitarias y una mayor fiscalización que ha hecho caer esta tasa de informalidad, pero faltan datos objetivos para precisar esta nueva realidad.


Fuentes consultadas: Economía & Mercado - Suplemento económico especializado, Diario El País de Montevideo. Encuesta de Hogares del Instituto Nacional de Estadística
“Informalidad y protección social en Uruguay. Elementos para una discusión conceptual y metodológica”, de Amarante y Espino Julio 2007 - Instituto de Economía. VERÓNICA AMARANTE, uruguaya, Licenciada en economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República. Obtuvo una maestría en Economía en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (España). Es investigadora en el Área de Empleo e Ingresos del Instituto de Economía y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. ALMA ESPINO, uruguaya, es licenciada en economía egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente se desempeña como investigadora y Encargada de despacho en el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. Es consultora para OIT y Cepal e integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo (Ciedur).

 

Gustavo Tuyaré
Desarrollo Social de Kolping



 

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