|
Números anteriores
Bajar Revista Setiembre 2008

MATRIMONIO: ¿CONECTADO O DESCONECTADO EN LA COMUNICACIÓN?

 

Diariamente, los uruguayos nos encontramos con amigos, vecinos, familiares que sufren las consecuencias de matrimonios que conviven bajo un mismo techo pero que estructural y funcionalmente no parecen ser tales.
La frecuencia con que esta realidad nos golpea, es suficiente para llamar nuestra atención e invitarnos a la reflexión, no sólo en tiempos electorales -como los que transcurren- sino como un aprendizaje permanente.
En Uruguay, según la Dirección Nacional del Registro Civil, en el año 2008 se casaron aproximadamente la mitad de parejas que en el año 1970, en el que se habían celebrado en todo el país 23.046 matrimonios, mientras que en el 2008, hubo sólo 12.135 matrimonios. Exactamente, los enlaces cayeron un 47,4% y se sabe también, según datos de ese organismo público, que son “muchas las parejas que conviven varios años antes de casarse o nunca se casan”.

Indudablemente que existen diversas formas de ver a los matrimonios de la sociedad en la que vivimos pero, en esta ocasión, optaremos por observar y aventurarnos a sacar algunas conclusiones, a partir de la influencia que el buen o el mal uso de las nuevas tecnologías de la comunicación pueden tener en la convivencia matrimonial, facilitando la comunicación o la incomunicación entre los cónyuges.

¿Puede ser que la comunicación de Juan y Juana que parecen “tan conectados”, un tiempo después de la boda, sea nula? ¿Puede confundirse la comunicación con la incomunicación en un matrimonio? A lo mejor, podemos alegar, que en este caso de Juan y Juana, se trata de caricaturas exagerando la realidad o que sólo es un momento, de las 24 horas diarias… y te diría que sí, que puede ser, pero que las preguntas de Juan y de Juana, son generalmente, en la mayoría de los matrimonios, importantes y cotidianas, que no se trata de un instante sino de “cómo te fue en el día”, en la vida y la respuesta, no te la da el “googlear” por más, de que ahí tengas miles de respuestas.

 


Las tendencias actuales, el conjunto de ideas que nos rigen, orientan nuestras preocupaciones cotidianas hacia los aspectos y la búsqueda de soluciones básicamente individuales que poco tienen que ver con un proyecto de vida matrimonial en el que dos personas, conservando su autonomía, se comprometen a amarse tanto, como si fuesen una sola persona. Pero, ¿qué implica amar en la vida concreta del matrimonio?

Implica renunciar a la incomunicación que se da cuando no sabemos poner límites a asuntos de poca importancia o no ponemos los medios necesarios para llegar a acuerdos en objetivos básicos del matrimonio. Implica, también comunicarse comprometidamente y desarrollar esa potencia y capacidad de amar que todos tenemos dentro, buscando hacer feliz al otro y serlo junto a los hijos, fruto fecundo de ese amor.

Hoy puede parecer que el casamiento pasó de moda y que cada vez son menos las personas que deciden casarse. Pero el crecimiento personal y esponsal pasa por , como bien lo dice el consejero matrimonial, P. Gustavo Ferraris, “que el matrimonio es un aprendizaje, es una escuela de amor; las parejas se casan para aprender a amar, no porque sepan amarse.
Y el gran pecado de hoy es que nadie quiere aprender a amar”.

 

Mag. Laura Morando
Programa Familia / Kolping

 

email