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Bajar Revista Setiembre 2008
Editorial
 


Estimados amigos y amigas:


En estas páginas resuenan palabras de enorme significado, sobre todo, porque evocan instancias que hemos compartido y que nos comprometen con el futuro inmediato y a largo plazo.

Empleo y empleabilidad
La empleabilidad posee, obviamente, un nexo tanto conceptual como práctico con el empleo.
Ella abarca las calificaciones, conocimientos y las competencias que aumentan la capacidad de los trabajadores para conseguir y conservar un empleo, mejorar su trabajo y adaptarse al cambio, elegir otro empleo cuando lo deseen o pierdan el que tenían e integrarse más fácilmente en el mercado de trabajo en diferentes períodos de su vida (Resolución sobre el Desarrollo de Recursos Humanos. Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo, 88.ª reunión. Ginebra, junio de 2000. Párrafo 9).
Lo anterior implica que la inversión en la mejora de la empleabilidad de las personas puede incidir positivamente en la reducción de aquel tipo de desempleo que se debe a la falta de personal debidamente calificado para oportunidades de empleo ya existentes. Pero también puede tener un efecto en otro sentido, ya que si las condiciones de acceso a las oportunidades de formación son equitativas y, por tanto, también lo es el acceso al logro de mejores niveles de empleabilidad, es posible adelantar que tenderán a ser equitativas las oportunidades de acceso al empleo, aún en contextos de estancamiento o retracción de este último.
Frente a esta realidad, nos parece que para quienes apostamos a la formación integral de las personas hay exigencias claves que debemos asumir:
Fortalecer las capacidades de las personas para que mejoren sus posibilidades de inserción laboral mediante el desarrollo de competencias claves que disminuyan el riesgo de la obsolescencia y permitan a hombres y mujeres permanecer activos y productivos a lo largo de su vida, no necesariamente en un mismo puesto o actividad.

Formar para un aprendizaje permanente y complejo que implica: aprender a aprender, aprender a ser y aprender a hacer.
Apoyar a las personas para que identifiquen los obstáculos internos y externos que interfieren en el logro de sus objetivos y valoren sus habilidades y saberes así como las demandas y competencias requeridas en el mundo del trabajo. Incluye la información y orientación sobre el mercado educativo y de trabajo que despliegue la diversidad de alternativas, sus exigencias y sus posibilidades, eliminando estereotipos que encasillan los trabajos como femeninos y masculinos e instrumentando para la búsqueda y/o generación de trabajo.

Perdón y Reconciliación
La visita del P. Leonel Narváez a Uruguay ha definido un antes y un después en nuestro compromiso de construir una sociedad capaz de la convivencia, valiéndonos de la experiencia y el aporte de la Fundación para el perdón y la reconciliación.

El perdón
El perdón es una cuestión muy difícil porque parece significar que el ofensor queda libre de responsabilidad. Éste puede haber actuado deliberadamente y no estar arrepentido. Podría hacerlo de nuevo y quedar impune. Parece no haber ninguna motivación para que la persona herida tome la iniciativa. Sin embargo, aunque el perdón no es fácil, es necesario para el bienestar de la persona herida. Las personas que son heridas y no perdonan a menudo continúan sufriendo estrés y heridas emocionales porque se aferran al enojo y a la amargura.
A menudo el perdón es mal entendido. Es una opción para deshacernos de nuestra herida y resentimiento. No significa:

 

> que excusemos o aprobemos la ofensa
> que la ofensa se haya olvidado o no importe
> que la ofensa no tenga ninguna consecuencia
> que la persona herida o su herida no tengan importancia.

La reconciliación
La reconciliación es un proceso que va más allá del perdón. Se logra cuando las personas que han estado en conflicto llegan a una relación positiva. Todos necesitan estar comprometidos con el proceso, para que puedan sentarse a la misma mesa y vivir en la misma comunidad.
Deben discutirse los conflictos potenciales futuros y deben resolverse.
El compromiso con la reconciliación debe demostrarse mediante una acción apropiada. Donde se haya cometido una ofensa, el ofensor debería estar contrito y preparado para admitirlo. Si no quiere comunicarse o se pone a la defensiva, significa que no está preparado para la reconciliación. A veces las personas buscan una compensación económica.
Sin embargo, ésta rara vez es una respuesta a largo plazo. Podría satisfacer un poco las necesidades físicas de la persona herida, pero no se resuelve la situación. Las ideas de venganza siempre pueden reaparecer.
La reconciliación no es sólo un episodio.
Debe transformarse en un valor y un estilo de vida. Debe pasarse de una generación a la siguiente.
“El perdón y la reconciliación son parte de un viaje que pocas personas hacen pero cuyo destino es la libertad, la salud y la paz.” (Sarah Mirembe)

Caridad y Verdad
Finalmente, el Papa Benedicto XVI, nos ha regalado un oportuno documento donde el ejercicio de las más nobles virtudes nos permiten descubrir el camino de realización y felicidad de todos los seres humanos. En las páginas de la carta “Caritas in veritate” se traza un sendero de compromiso, de oportunidades, que desde la fe nos capacita para entrar en diálogo y en comunión con todos nuestros hermanos y hermanas sin distinción, reconociendo que cada dificultad se vuelve oportunidad para seguir construyendo el mundo que
soñamos todos.

Los invito a zambullirse en estas páginas, disfrutándolas y aprovechándolas al máximo.

Los saludo con afecto

P. Leonardo Rodriguez
Asesor Eclesiástico de la Diócesis de Canelones





 

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