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Uno de los pasajes más hermosos de los Evangelios es la Oración Sacerdotal de Jesús (S.Juan 17). Allí Jesús, al rezar por sus discípulos (nosotros), dice que están en el mundo, son enviados al mundo, pero no son del mundo y pide protección para todos.
¿Qué es estar sin ser del mundo? Habla de una identidad particular, de una diferenciación.
El apostolado es un ser antes que un hacer, es un identificarse con Jesús y no con los modelos de vida del mundo. Pero ese estar en el mundo, ese envío hacia el mundo, implica necesariamente en primer lugar una incomodidad, un malestar, ir contra corriente. Jesús llegó a advertirnos de que sufriremos persecuciones, pero sin llegar al extremo, si somos verdaderos discípulos, vamos a experimentar que ese estar pero no ser va a ser molesto para los demás, quienes se sentirán muchas veces interpelados por nuestra sola presencia, por tener conductas y criterios distintos; y molesto también para nosotros porque no nos vamos a sentir como en nuestra casa en ningún lugar mundano, no nos podremos adaptar totalmente….
Gran parte de nuestra relación con el mundo se da a través de los medios de comunicación social. Y es natural sentir una contradicción, un malestar entre muchos de sus contenidos y referencias y nuestro pensar y sentir como cristianos. Si no nos molestaran, si aceptáramos todo como es y está, seríamos del mundo.
Pero paradójicamente, el envío que Jesús nos hace a estar en el mundo implica un diálogo con el mundo, y esta comunicación a su vez supone dos condiciones: escucha de ambas partes, compartir los lenguajes, los códigos1 y esforzarse por comprender lo que el otro dice y vive.
Por tanto, también desde el punto de vista apostólico y misionero no podemos prescindir de los medios de comunicación para escuchar al mundo, conocer sus anhelos e incertidumbres y para compartir sus lenguajes y expresarnos a través de ellos. También es cierto que si el demonio tentó a Jesús con las promesas de riqueza, poder y probar a Dios, no hará menos con nosotros: estas tentaciones están también a través de los medios de comunicación. No todo puede verse, no todo puede escucharse … hay que saber distinguir qué es lo bueno y lo malo desde el punto de vista evangélico. Pero ahí hay otro peligro: convertir el cristianismo en ideología: afirmar ideas y valores evangélicos pero prescindiendo de la presencia del Espíritu en nosotros. Cuando eso sucede se cae en algún tipo de fundamentalismo y el diálogo se convierte en condena, confundiendo intolerancia, discriminación y violencia con profetismo cristiano. |
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El amor compasivo (padecer con), es una actitud correcta para encarar al mundo. ¿No hay que compadecerse de tanto hombre y mujer que corre buscando vanidades como el poder, la riqueza, el placer, cueste lo que cueste? ¿No hay que compadecerse de tanto dolor por subempleo, drogadicción, violencia doméstica, asesinato, rapiña, y no sólo compadecerse de las víctimas sino, y lo más difícil, de los victimarios? ¿Y del sufrimiento sin razón alguna? Todo eso nos viene por los medios de comunicación.
Seguramente Jesús tuvo presente todo esto en su Pascua, porque su entorno era también violento, su amigo el Bautista perdió su cabeza porque un gobernador quería mantener el poder y no ser humillado por su mujer ante sus invitados en una fiesta, veía los marginados (viudas y leprosos), los pobres en medio de un pueblo sometido por un imperio …. Hoy los medios de comunicación nos dan motivos para compadecernos y para orar, de compadecernos de quienes sufren el horror más allá de nuestros sentidos, de estar en el mundo.
Si queremos transformar el mundo, empecemos por nosotros y nuestro hogar. Vayamos “contra corriente”, sin dejarnos llevar por modas, por hábitos y recomendaciones que no pasen por la crítica evangélica. Y paralelamente, al mismo momento, como el diálogo supone también decir y obrar, usemos todos los medios que están a nuestro alcance para llevar el consuelo de la Palabra y la Verdad.
Lic. Paulo Olascoaga |