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A partir de este título, me pareció interesante hacer un aporte a la reflexión, desde un tema que en Kolping es recurrente, como es el tema de la familia. Y desde allí poder analizar otros temas que se entrecruzan y que creemos que pueden ser de utilidad sobre todo para aquellos adultos que tienen la función de ser padres y educar desde ese rol.
Hoy todos estamos inmersos en la cultura del postmodernismo, que en un tiempo relativamente breve fue capaz de producir un fuerte cimbronazo en la estructura de la familia, verdadera caja de resonancia de lo que ocurre en la sociedad.
Nunca antes como en este tiempo, el hombre está más cerca de los demás hombres pero a la vez muy lejos. En estos tiempos el crear vínculos con los otros, aparece como una tarea muy difícil. Y en este caso la familia sufre de este mismo mal.
El gran drama de la familia en la postmodernidad es la imposibilidad de un encuentro profundo y afectivo.
En un contexto tan cambiante, se vuelve moneda corriente, el desdibujamiento de los roles.
Este proceso nos muestra cada vez más padres que renuncian a su rol, inmersos muchas veces en crisis similares a las que padecen sus hijos adolescentes, o padres que frente al temor al autoritarismo no dan respuestas ni límites a las demandas de los chicos.
Según Jaime Barylko son padres culpables del miedo a los hijos. Usan el miedo para eludir responsabilidades en la educación y formación de los valores, actúan a la defensiva como pidiendo perdón, comprendiendo demasiado; por temor a ser represores se retiran de escena y dejan a los hijos solos mientras crecen en el vacío.
A toda esta realidad hay que sumar otra de gran envergadura, como es la droga. Presente sin duda en nuestras sociedades, y que si bien siempre existió, se ha masificado en su consumo desde la segunda mitad del siglo XX.
El papel de la familia es trascendental a la hora de pensar en la prevención sobre este tema de las drogas.
Es por ello que nos preocupa que ante la crisis de las familias, se pierde un espacio importantísimo para la prevención.
Porque es en la familia en donde el joven encuentra el verdadero refugio frente a la turbulencia del mundo. La familia implica amor incondicional, límites y valores, base donde todo esto se fortalece en proyecto de vida.
Donde no hay un proyecto de vida, la droga encuentra un lugar donde quedarse. Por ello la familia no puede perder su papel central de transmisión de amor, límites y valores.
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La educación es tarea central de la familia. Es la educación de la voluntad aquello que permite que ese niño inmaduro se transforme en una persona libre y responsable.
Esto implica desde los padres una tarea de socialización, amor, límites y valores, que le permitan crearse y recrearse como un individuo único.
Si esto no sucede, surgen adolescentes apáticos, sin valores ni ideales, sin entusiasmo por la vida, sin compromiso social solidario.
No saben para qué existen, entonces no saben cómo vivir.
Si no se educa la voluntad, la vida sólo queda sometida a la ley del placer. Si el placer es el único horizonte de la existencia, se agota en el consumismo y esto consume a la propia persona.
De ahí que el adicto sea el estereotipo del adolescente postmoderno: consumir todo, no sufrir, escapar a la realidad, no tener proyectos, los ideales quedan muy lejos, es mejor consumir entonces el presente.
No queremos que nuestros adolescentes crezcan sin proyectos.
Y sabemos que para que esto no suceda se va a requerir que padres y educadores nos comprometamos a educar la voluntad de ellos.
Basada en una realidad jerarquizada desde los valores, ya que la adhesión a estos se realiza justamente cuando comienza a preguntarse: quién soy, quién quiero ser y qué quiero hacer.
La orientación que se dé a estas preguntas determinará el tipo de proyectos valiosos que planee para él.
Este acompañamiento se deberá hacer desde el permanente diálogo que es escuchar, y donde también hay espacio para la confrontación, esa que hace crecer y desarrollar actitudes responsables. Siempre basándonos en el amor y en la contención, porque ese siempre será la primera función de la familia.
La familia sigue siendo el principal soporte que acompaña al niño en su camino hacia una buena adolescencia, pero la complejidad de los tiempos nos hace pensar que cada vez le resulta más difícil cumplir su papel en forma aislada.
Quizás las Familias Kolping sea un buen lugar donde generar la reflexión de estos y otros temas que hacen el ser padres. Y se convierta este en un espacio más para crecer y encontrarnos con otros para ir solucionando día a día los desafíos de nuestros tiempos actuales.
Lic. Andrea Toyos
Resp. Dpto. Juvenil
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