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Bajar Revista Setiembre 2008
Carta abierta a los legisladores del Parlamento Nacional
Por qué creo en la necesidad de crear INACOOPES en el marco de la Ley General de Cooperativismo

 

Desde hace mucho tiempo el movimiento cooperativo viene reclamando una Ley General de Cooperativas como la que seguramente promulgará el Parlamento Nacional a la brevedad. Se tratará una vez aprobada, qué duda cabe, de una conquista importante para un sector de la economía que necesita de normativas más integrales que las que existían hasta el momento. Por otro lado la ley incluye novedosos instrumentos legislativos que probablemente ayuden a superar ciertas limitaciones propias del cooperativismo tal como venía funcionando hasta el momento.

En el presente artículo no pretendo referirme al proyecto de ley en general sino a un aspecto en particular, esto es, la creación de un Instituto Nacional de Cooperativismo. A mi entender el proyecto enviado al Poder Ejecutivo puede ser mejorado incorporando la figura que inicialmente proponían algunos de los referentes máximos del movimiento como el actual Presidente de la Comisión Honoraria de Cooperativismo, el Cr. Juan J. Sarachu, esto es, un Instituto Nacional del Cooperativismo y la Economía Social y Solidaria (INACOOPES).

Como es sabido, en determinado momento la Comisión de marco cooperativo resuelve desestimar la idea de un Inacoopes proponiendo la creación del Inacoop. Mientras que el primero abría el campo de acción a todas las expresiones de la economía solidaria, el segundo se restringe a las cooperativas. Los legisladores, comprendiendo la importancia actual y sobre todo la potencialidad de estas otras expresiones solidarias de la economía, incluyen en el Art. 188 un último numeral donde destacan que le corresponderá al Instituto también “Impulsar el estudio y la investigación de otras formas de la economía social y solidaria, y realizar propuestas sobre su alcance y regulación, de modo de favorecer la formación de un marco jurídico que facilite su desarrollo y promoción”.

A mi humilde entender si bien ese numeral implica un avance en el tema, es insuficiente. La opción que propongo es volver a la idea original e incluir al cooperativismo junto a las otras expresiones de la economía social y solidaria como parte de un Instituto específico que permita el fomento de todo un sector de la economía.

Relevancia del sector de la economía social y solidaria

En el marco de las profundas transformaciones ocurridas en las últimas décadas con respecto al mundo del trabajo, es de destacar el surgimiento y desarrollo de nuevas fórmulas de trabajo asociativo, sobre todo generadas desde los sectores populares para hacer frente al fenómeno del desempleo y exclusión social.
Es así que surgieron numerosas experiencias de organización del trabajo y la producción por parte de los sectores populares, a través de la conformación de nuevas cooperativas de producción, grupos asociativos, empresas recuperadas, redes de comercialización o consumo, etc. Algunos autores interpretan a estos fenómenos como parte de una Economía Popular Solidaria, entendida ésta como iniciativas populares de generación de trabajo y renta basadas en la libre asociación de trabajadores y en los principios de autogestión y cooperación (Gaiger, 1999). Para Paul Singer, actual Secretario de Economía Solidaria de Brasil, se trata del fenómeno de la Economía Solidaria, esto es, un modo de producción y distribución alternativo al capitalismo, creado y recreado periódicamente por los que se encuentran (o temen quedar) marginados del mercado de trabajo (Singer, 2000). Para José L. Coraggio por su parte, se debe interpretar en clave de economía del trabajo, orientada hacia la reproducción ampliada de la vida de todos los trabajadores, lo que admitiría la inclusión de diversas formas: cooperativas, redes solidarias, grupos de ayuda mutua, asociaciones sindicales, barriales, microemprendimientos en red o sin red, etc. (Coraggio, 2004).  
En América Latina todo estos conjuntos de emprendimientos populares de carácter asociativos, han sido conceptualizados bajo distintas denominaciones entre las que destacan economía solidaria (Razeto), economía popular solidaria (Lia Tiriba), o socioeconomía de la solidaridad (Guerra). Justamente un servidor se refiere al fenómeno como una expresión de dinamismo de los sectores populares que se manifiesta en una serie de iniciativas comunitarias de hacer economía en todas sus manifestaciones (producción, consumo, distribución, ahorro) (Guerra, 1998)1 . 

Tal dinamismo popular coincide con el surgimiento de numerosos colectivos sociales críticos al modelo hegemónico en materia económica. Es así que el lema del Foro Social Mundial Otro Mundo es Posible, es utilizado por el movimiento de la economía solidaria para dar cuenta de otra economía posible. Surge entonces un fuerte movimiento social nutrido de experiencias asociativas y cooperativas, y apoyado por otras numerosas organizaciones sociales, eclesiales, sindicales, populares e incluso académicas. Finalmente en los últimos años también se han ido incorporando políticas públicas específicas para la promoción de este fenómeno.

 
El fenómeno en Uruguay2

Si bien las experiencias cooperativas y basadas en la ayuda mutua, se remontan a finales del Siglo XIX, con algunas de las oleadas de inmigrantes hacia nuestro país, lo que constituye la primera base social del movimiento cooperativo uruguayo, lo cierto es que deberíamos esperar hasta fines del Siglo XX para que el concepto de la economía solidaria, y las prácticas de nuevos movimientos asociativos, comenzaran a divulgarse en nuestro país.
Es así que en la década de los noventa se asiste a un mayor dinamismo de nuevas formas de asociativismo que provenientes fundamentalmente de la economía popular, han sido conocidas como experiencias de economía solidaria.

En Uruguay, el desarrollo de este concepto comienza a operar con mayor rigurosidad en el año 1995, cuando a nuestro regreso de Chile, establecemos contactos con el movimiento popular, el movimiento cooperativo, los sindicatos e iglesias a los efectos de mostrar la particularidad de este nuevo paradigma. Ese mismo año comienzan los cursos por medio de Cátedras Abiertas en la Universidad Católica y por medio de cursos regulares en la Universidad de la República. Más adelante la UEC y la Red de Cooperativismo y Asociativismo de la Udelar organizarían dos Jornadas Universitarias de Cooperativismo, Asociativismo y Economías Solidarias.
 Por lo demás, la fuerza del Foro Social Mundial con su lema otro mundo es posible, que el movimiento de economía solidaria parafrasea con el lema otra economía es posible, en el año 2000, así como la grave crisis social de fines de los noventa, con el surgimiento de nuevos movimientos como los clubes de trueque o las empresas recuperadas, dan lugar a un nuevo resurgir de las economías solidarias, que repercute en el nacimiento y consolidación de un primer espacio de coordinación de ONGS y pequeños emprendimientos populares que articulados por Cáritas, terminan por conformar el Espacio de Economía Solidaria. Surge en este contexto la primera Feria de Economía Solidaria en el año 2002 (desde entonces se realiza todos los años en el atrio de la IMM).

En el año 2006, y luego de crearse la primera experiencia de política pública de fomento a estas iniciativas (Área de Economía Solidaria del Gobierno Departamental de Canelones), comienza a operar un proceso de mayor articulación entre sectores del movimiento cooperativo nucleado en Cudecoop, el Espacio de Economía Solidaria, Comercio Justo Uruguay y el Consejo Consultivo Departamental de Economía Solidaria de Canelones. A esta mayor coordinación, se debe el origen de las Ferias Canarias de Economía Solidaria y Ferias del Espacio MERCOSUR Solidario, así como el surgimiento de nuevas iniciativas como la creación de una Tienda de Economía Solidaria y Comercio Justo, de una Mesa Nacional de Economía Solidaria, etc.

Actualmente, las distintas expresiones del movimiento confluyen en la Coordinadora Nacional de Economía Solidaria que integran: Asociación Uruguaya de Emprendimientos de Economía Solidaria, Comercio Justo Uruguay, Espacio de Economía Solidaria, Consejo de Canelones en Economía Solidaria, Emaús, Kolping, Retos al Sur y Universidad de la República.
Esta Coordinadora, obviamente aún débil como todo instrumento al servicio de un movimiento novel, integra el Espacio MERCOSUR Solidario y actualmente trabaja en el comité organizador del próximo III Encuentro Latinoamericano y del Caribe de RIPESS (Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria) que se desarrollará en Montevideo del 22 al 24 de Octubre de 2008.

 

 

 

Las políticas públicas 

A diferencia de otros países con políticas públicas ya muy desarrolladas en la materia (Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, últimamente Ecuador) en Uruguay hubo una notoria ausencia en materia de difusión y promoción del cooperativismo, pero aún más de otras formulas solidarias convergentes bajo el paraguas conceptual de la economía social y solidaria.
En el actual período de gobierno sin embargo deben destacarse algunas acciones específicas desde las políticas públicas, a saber:

a) En Diciembre de 2005 el Gobierno Departamental de Canelones crea el Área de Economía Solidaria que en conjunto con el Consejo Consultivo Departamental en Economía Solidaria disparan las primeras intervenciones y políticas específicas para la promoción y desarrollo del asociativismo y cooperativismo popular. Esta Área fue definida para atender “a aquellos emprendimientos económicos solidarios como cooperativas, precooperativas, grupos asociativos, comunidades de trabajo, empresas autogestionadas, empresas recuperadas, así como organizaciones promotoras del comercio justo, producción orgánica y consumo responsable”3.

b) En 2006 el MIDES crea el Fondo de Iniciativas Locales (FIL) dirigido a emprendimientos asociativos y familiares con un mínimo de tres integrantes.

c) El MIDES también crea su Unidad de Cooperativas Sociales constituyéndose de esta manera una nueva modalidad cooperativa dirigida hacia los sectores más vulnerables.

d) En 2007 el MIDES a través de su Unidad de Cooperativas Sociales convoca al Grupo interinstitucional de trabajo en economía solidaria que reúne a los diversos organismos públicos y actores de la sociedad civil con incidencia en el tema con el objeto de pensar en conjunto cómo podrían operar las primeras políticas públicas nacionales en la materia.

e) En Febrero de 2008 se constituye en la Intendencia Municipal de Montevideo una Mesa Departamental en Economía Solidaria que reúne a los actores colectivos del Departamento bajo la coordinación de la Dirección General de Desarrollo Productivo y la Unidad Pymes.

f) En el plano regional debemos destacar la fundación de la Comisión de Economía Solidaria de la Red Mercociudades. Varios Gobiernos Departamentales de Uruguay participaron de sus reuniones. Canelones estuvo en su fundación y fue actor protagónico en 2006 y 2007. También debe destacarse las acciones en común realizadas entre esta Comisión y la Reunión Especializada en Cooperativismo (RECM) del Mercosur. Últimamente la RECM ha participado de eventos del Espacio MERCOSUR Solidario que reúne a los actores de la economía solidaria del Cono Sur.

Las ventajas de un INACOOPES

Un Instituto que tenga a su cargo la promoción y el desarrollo de todas las formas y expresiones de la economía solidaria tendrá mucha más proyección de cara a los próximos años. Esto pues las formas alternativas de asociatividad y cooperación han demostrado gran dinamismo en todo el continente e incluso en Uruguay.
Por otro lado se trataría de un instrumento de política pública necesaria para los actores más vulnerables del sector.
En tercer lugar nos aproximaríamos a la tendencia continental e incluso internacional de crear políticas públicas orientadas al fomento de un sector amplio de la economía y no solo al cooperativismo (la llamada “economía social” en Europa o “economía solidaria” en América Latina).
En cuarto lugar los recursos aportados por el Estado al Instituto tendrían un mayor impacto social y progresivo.
Por otra parte sería muy fructífero tener un espacio institucional de vínculo entre el movimiento cooperativo y el resto de las economías solidarias, continuando articulaciones que hoy existen en espacios menos formales. Dicho de otra manera, se consolidaría un espacio institucional que en términos de teoría de juegos podríamos definir como de “ganar – ganar”.
Finalmente, los actores de la economía solidaria no cuentan con la trayectoria notable de los actores tradicionales del movimiento cooperativo y por lo tanto necesitan realmente de políticas públicas que les apoyen. La economía solidaria en este sentido potenciada desde un Instituto de estas características, ayudará a la construcción tanto del Uruguay Productivo como del Uruguay Social. Dicho de otra manera, la debilidad organizacional de la economía solidaria no debería verse como un obstáculo para la creación de un Instituto que le promueva sino como un dato de la realidad que legitimaría una mayor preocupación por parte de las políticas públicas.

Una última consideración

Hemos dicho que no queríamos hacer referencia al Proyecto de Ley General. Sin embargo, si no incorporamos la mirada de la economía solidaria, podríamos caer en hegemonismos que obviamente no desea nadie. Eso se plasma por ejemplo en el Art. 5 que refiere a la denominación. Allí se establece que “/…/ El empleo del vocablo «cooperativa», o el de «cooperación» o sus derivados, ya sea como denominación, marca o nombre comercial, queda prohibido a toda persona que no se ajuste a las disposiciones de la presente ley”. Si esto se aplicara en el contexto de una Ley que no incluya a la economía solidaria, entonces la mayoría de nuestros emprendimientos que se sienten “cooperativas” y que en los hechos se comportan solidaria y cooperativamente (en algunos casos con mayor dosis respecto a otras que sólo lo son desde el punto de vista legal) entonces ya no se podrían identificar con un valor ético (la cooperación) que de ninguna manera puede o debe limitarse a determinadas figuras jurídicas.

Vayan estas líneas a título personal con el ánimo de contribuir a la construcción de un sector solidario de nuestras economías donde tengan cabida todos los actores relevantes. Esta es una oportunidad histórica para legislar en estas materias con la mayor amplitud posible. Un INACOOPES seguramente será celebrado por todos y mejorará el ansiado y buen proyecto enviado recientemente al Poder Ejecutivo.

En Montevideo a los 5 días del mes de Agosto de 2008

Dr. Pablo Guerra

 

Pablo Guerra es doctor en Sociología. Delegado de la Facultad de Derecho a la Red Académica de Asociativismo, Cooperativismo y Economía Solidaria de la Udelar. Responsable del Programa Trabajo Asociativo y Economías Solidarias (Instituto de Relaciones Laborales). Profesor de Economía Solidaria para Maestrías de Universidades extranjeras. Conferencista internacional. Director del Programa Kolping Uruguay en Economía Solidaria. Socio Avina. Ex Director de Economía Solidaria del Gobierno Departamental de Canelones. Consultor para organismos internacionales, gobiernos y actores de la sociedad civil en economía solidaria y comercio justo. Promotor y animador de diversas experiencias en Uruguay y la región.
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1 Sobre el debate conceptual Cfr. Guerra, P.: “¿Cómo denominar a las experiencias económicas solidarias basadas en el trabajo?. Diálogo entre académicos latinoamericanos acerca de la polémica conceptual”. En Revista Latinoamericana de Economía Social y Solidaria Vol 1Nro 1, 2do semestre 2007.
2 Para este apartado Cfr. www.economiasolidaria-uruguay.org
3 Al respecto Cfr. Guerra, P.: Consejo de Canelones en Economía Solidaria. Una experiencia comunitaria que merece ser contada, Montevideo, Kolping – Avina, 2008.


 
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