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setiembre mayo
 
SER CRISTIANO EN LA POLÍTICA DE HOY DÍA
 
 
No obstante, la intención de delinear políticas a partir de convicciones cristianas no sólo establece delineamientos éticos en cuestiones concretas de la política. Kolping mismo, en 1849, con vista a una eventual actividad política de las llamadas Gesellenvereine (asociaciones de jóvenes oficiales católicos) opinaba que ‘ya habían suficientes charlatanes políticos’ para excluirla; es un comentario que aún hoy en día nos puede arrancar una divertida sonrisa, dado que 156 años después no parece haber perdido actualidad. Por otra parte, inmediatamente se registra una contradicción con la exigencia que Kolping plantea en otro contexto, de que todos seamos ‘ciudadanos eficaces’. Porque la política
no debe ser una finalidad en sí, sino que debe orientarse en las necesidades de las personas.
No obstante, en la vida práctica, ésto ya implica una nueva trampa, puesto que la definición que los mismos implicados hacen de sus necesidades suele diferir por completo de la que hacen los políticos. Esta tesis se puede apoyar en el hecho de que prácticamente ninguna de las decisiones fundamentales de la política alemana de postguerra contó con el apoyo de la mayoría de la población en el momento en que fueron
sancionadas por el Parlamento. Ni la vinculación
de Alemania a occidente, ni la creación del nuevo ejército alemán (Bundeswehr), ni la doble decisión de la OTAN ni tampoco la implantación del Euro.
 
En consecuencia, una política basada en convicciones cristianas no sólo implica la lucha por las mayorías sino
también la responsabilidad de empeñarse por una decisión razonable y de imponerla, incluso en contra de
una real o supuesta opinión mayoritaria y, de todas maneras, contra la corriente general de la opinión pública.
 
Porque si los primeros cristianos ya se hubiesen doblegado por comodidad ante el espíritu de la época,
probablemente el cristianismo, que hoy es una religión universal, ni siquiera habría llegado hasta el Concilio de Nicea.
 
 
Hace no mucho tiempo, en la fecha de conmemoración de San Esteban de Hungría, un clérigo de mi distrito electoral comentó - con un guiño dirigido a los representantes del pueblo presentes - que hasta los políticos podían llegar a convertirse en santos. En ese momento, pensé que esa idea podía ser un cierto consuelo, consciente, por otro lado, de que muy pocas personalidades (aparte de San Esteban) han logrado reunir las condiciones necesarias hasta el momento. Con
excepción, quizás, de Robert Schuman, del que pienso que bien se merecería una beatificación por su gran obra, tan importante para el futuro de Europa.
 
Y ya que hablamos de Europa: En relación a la
nueva Constitución Europea, muchas veces se ha
mencionado una política de ‘la silla vacía’. Se trata
de los debates sobre el preámbulo de la Constitución
con la invocación de Dios - que también yo deseo
que se incluya - y la advertencia de que el actor político
tiene una responsabilidad ante Dios y ante los seres
humanos, tal como la conocemos de la Ley
Fundamental
alemana.
 
 
 
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