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No obstante, la intención
de delinear políticas a partir de convicciones cristianas
no sólo establece delineamientos éticos en cuestiones
concretas de la política. Kolping mismo, en 1849, con
vista a una eventual actividad política de las llamadas
Gesellenvereine (asociaciones de jóvenes oficiales católicos)
opinaba que ‘ya habían suficientes charlatanes
políticos’ para excluirla; es un comentario que
aún hoy en día nos puede arrancar una divertida
sonrisa, dado que 156 años después no parece haber
perdido actualidad. Por otra parte, inmediatamente se registra
una contradicción con la exigencia que Kolping plantea
en otro contexto, de que todos seamos ‘ciudadanos eficaces’.
Porque la política
no debe ser una finalidad en sí, sino que debe orientarse
en las necesidades de las personas.
No obstante, en la vida práctica, ésto ya implica
una nueva trampa, puesto que la definición que los mismos
implicados hacen de sus necesidades suele diferir por completo
de la que hacen los políticos. Esta tesis se puede apoyar
en el hecho de que prácticamente ninguna de las decisiones
fundamentales de la política alemana de postguerra contó
con el apoyo de la mayoría de la población en
el momento en que fueron
sancionadas por el Parlamento. Ni la vinculación
de Alemania a occidente, ni la creación del nuevo ejército
alemán (Bundeswehr), ni la doble decisión de la
OTAN ni tampoco la implantación del Euro. |
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En consecuencia, una política basada
en convicciones cristianas no sólo implica la lucha por
las mayorías sino
también la responsabilidad de empeñarse por una
decisión razonable y de imponerla, incluso en contra
de
una real o supuesta opinión mayoritaria y, de todas maneras,
contra la corriente general de la opinión pública. |
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Porque si los primeros cristianos ya se hubiesen
doblegado por comodidad ante el espíritu de la época,
probablemente el cristianismo, que hoy es una religión
universal, ni siquiera habría llegado hasta el Concilio
de Nicea. |
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Hace no mucho tiempo, en la fecha de conmemoración
de San Esteban de Hungría, un clérigo de mi distrito
electoral comentó - con un guiño dirigido a los
representantes del pueblo presentes - que hasta los políticos
podían llegar a convertirse en santos. En ese momento,
pensé que esa idea podía ser un cierto consuelo,
consciente, por otro lado, de que muy pocas personalidades (aparte
de San Esteban) han logrado reunir las condiciones necesarias
hasta el momento. Con
excepción, quizás, de Robert Schuman, del que
pienso que bien se merecería una beatificación
por su gran obra, tan importante para el futuro de Europa. |
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Y ya que hablamos de Europa: En relación
a la
nueva Constitución Europea, muchas veces se ha
mencionado una política de ‘la silla vacía’.
Se trata
de los debates sobre el preámbulo de la Constitución
con la invocación de Dios - que también yo deseo
que se incluya - y la advertencia de que el actor político
tiene una responsabilidad ante Dios y ante los seres
humanos, tal como la conocemos de la Ley
Fundamental
alemana. |
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