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setiembre mayo
 
SER CRISTIANO EN LA POLÍTICA DE HOY DÍA
 
  Contribución de Thomas Dörflinger, diputado del Bundestag Alemán, para Dialog, la revista de orientación de la Obra Kolping Internacional.
 
 
En la pequeña biblioteca privada que tengo en mi casa, la biografía escrita por Olaf Feldmann sobre Adolph Kolping se encuentra junto a dos obras biográficas sobre Andreas Hofer, aquel tirolés amante de la libertad, que en el siglo XIX junto con sus compatriotas
trataba de defender su patria, el Tirol del Sur, contra los intrusos. Esta vecindad de biografías es casual, y la única coincidencia es el contexto histórico. Hofer no sólo era un cristiano creyente, cuya fe ancestral sigue
manifestándose en gran parte en aquella región; también fue un luchador por la libertad . Tampoco se negaba a usar la violencia cuando le parecía necesaria. Y ésto, ¿es una contradicción? A primera vista, seguramente lo es. Por una parte, orar en la misa de los
domingos y rezar el rosario junto con la familia en las noches de los días laborales; por otra parte, la lucha diaria a mano armada desde las emboscadas, aprovechando la ventaja que proporcionaban los conocimientos geográficos y topográficos. Ambos aspectos resultan fascinantes por sí solos. Pero ¿cómo
compatibilizarlos?
 
En la Europa Central del siglo XXI, los conflictos
se dirimen con palabras. Sin embargo, sigue
prevaleciendo la constante contradicción entre lo que ‘es’ y lo que ‘debería ser’, y más aún para un político de un partido que lleva en su sigla la letra ‘C’ (‘cristiano’). Demasiadas veces hay que admitir, frente a uno mismo, que la coincidencia entre exigencias y realidades choca contra las limitaciones que impone la factibilidad, limitaciones que incluso dan lugar a dolorosos procesos de conciencia.
 
 
 
 
En este sentido, sólo quiero hacer recordar los debates que se llevaron a cabo hace años sobre la reforma del artículo 218 del Código Penal alemán (relacionada con la punibilidad del aborto) o el
posicionamiento fundamental del legislador en
cuestiones de ingeniería genética roja, un tema que
aún tendremos que abordar.
 
¿Cómo resolver, entonces, la tensión entre política y fe? Por parte de altos cargos de la iglesia oficial, incluso se ha llegado a proponer la eliminación de la ‘C’ de la sigla del partido, un pensamiento que no quiero rechazar de plano, por mera comodidad, tildándolo de absurdo.
 
Es totalmente lícito plantear la pregunta de si la
realidad política aún puede estar en concordancia
con la pretensión de delinear políticas basadas en
una convicción cristiana. Y es más; es absolutamente
necesario formular esta duda. Tanto el actor político
como sus observadores tendrán que tener siempre
presente este aspecto. Y como siempre sucede con
todo lo que se relacione con el esfuerzo humano,
tiene que estar claro que los resultados no siempre
son igualmente satisfactorios, y que un resultado
deficiente puede deberse a una falta de esfuerzo
propio como también a la necesidad de hacer
concesiones. Se sobreentiende que la exigencia
siempre tendrá que ser mayor que un éxito medio.
El que se conforme con subir al Feldberg, de la Selva
Negra, no debería intentarlo con el Mont Blanc.
Pero el que se proponga escalar el Mount Everest,
seguramente algún día alcanzará la cima del Mont
Blanc.
 
 
 
   
 
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