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diciembre setiembre mayo Setiembre 2008
Bajar Revista Setiembre 2008
Algunas reflexiones
 

En cada uno de nosotros hay un mundo interior, a partir del cual vivimos las diversas experiencias. Se llama INTERIORIDAD. Para crecer, el hombre necesita en verdad, antes o después, entrar en sí mismo, de manera que pueda alcanzar la propia profundidad. El Evangelio no deja dudas sobre  esto, Jesús lo ha afirmado:»El Reino de Dios está dentro de ustedes» ( Lc 17,21). Ciertamente no basta con mirar dentro: ¡Tenemos también que mirar fuera!. El Señor ha dicho claramente que lo encontramos en los hermanos más pequeños. Pero para ir fuera es necesario entrar dentro y dejarnos abrir los ojos. Entonces somos conducidos por Él donde se parte el pan, donde hay comunidad, donde el pan se parte para todo el mundo y no sólo para nosotros, donde el hombre sufre.


Hoy tenemos que redescubrir la vida interior, para dar libre expresión a las aspiraciones del corazón en búsqueda de Dios. Dispersados en nuestros afanes y en las preocupaciones, tenemos que recorrer el camino de la reflexión, del silencio, de la concentración, de la oración, y así tratar de vivir la vida como un viaje espiritual hacia la perfección y hacia Dios.  Vivimos en una cultura dirigida predominantemente hacia la praxis, que tiende a hacer, a producir, que engendra como resultado una necesidad de silencio, de escucha, de respiración contemplativa. Hace falta liberar la DIMENSIÓN CONTEMPLATIVA DE LA VIDA, recomponer los fragmentos de una existencia desorientada, de manera que podamos volver a las raíces de la existencia, VOLVER A CASA, hallar el auténtico yo dentro de nosotros mismos.

 

Se trata en primer lugar de ampliar, PROFUNDIZAR LA VIDA INTERIOR, en la cual podamos encontrarnos a solas con nosotros mismos, allá donde se puede vibrar por los ideales, gozar de la verdad y del bien, tomar las decisiones vitales y experimentar la intimidad con Dios.
Es necesario, según los maestros del Espíritu, ENTRAR EN EL SECRETO DEL CORAZÓN y de la conciencia, y dar vida a la vigilancia interior
En segundo lugar, para el fomento de la vida interior es oportuno que la actividad TENGA UN CENTRO, un punto interior de dónde partir y a dónde volver. Nuestra vida tiene que ser ordenada hacia tal centro.
En tercer lugar, hace falta hacer espacio para la SOLEDAD Y AL SILENCIO, a la capacidad de estar a solas con uno mismo, abandonar las muchas charlas, el alboroto y el ruido, a favor de la reflexión, la quietud del espíritu, el encuentro con Dios que lleva al redescubrimiento del mundo y de los hermanos. Pero todo esto es posible si en el corazón vibra el amor, vibra y late Dios, porque Dios es AMOR.

Washington Rodríguez





 

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