Por lo demás, el crédito es venta de dinero a cambio de dinero. Por lo tanto la lógica del negocio para quien contrata crédito es que ese dinero que entra a la empresa genere una productividad tal que justifique luego el pago del capital recibido así como de los intereses. Si así no fuera, entonces los trabajadores de nuestras empresas solidarias tendrán que trabajar fundamentalmente para pagar el crédito (factor externo). Si las cosas empeoran, nuestras empresas solidarias deberán entregar las garantías para cubrir el préstamo. De esta manera como se comprenderá, el riesgo también está presente para quienes toman tamaña decisión (esto justifica los temores de muchos emprendimientos en tomar un crédito y debe ser tenido en cuenta por las instituciones de finanzas solidarias para ser corresponsables en la materia).
Véase cómo el riesgo es mayor en las circunstancias en que operan los emprendimientos populares: raramente tienen garantías, son pequeños, trabajan muchas veces en la informalidad, necesitan plazos especiales, etc. Esto implica que las organizaciones especializadas (bancos) o eleven notoriamente las tasas de interés o le nieguen el acceso al crédito.
¿Qué salidas tenemos frente a este problema? En primer lugar tenemos las vías alternativas a las que suelen recurrir los emprendimientos solidarios y en segundo lugar la emergencia de las instituciones de finanzas solidarias.
Algunas de las vías propias de muchos emprendimientos de la economía popular y solidaria - como nos lo recuerda Razeto - son las donaciones o incluso diversos mecanismos para integrar factores a la empresa por medio de la reciprocidad, el trueque o las relaciones de cooperación. En los hechos son muchos los casos donde hemos visto como por medio de estas relaciones los emprendimientos se hacen de una buena cantidad de recursos, reduciendo de esta manera su potencial vínculo con las entidades financieras.
En cuanto a las instituciones de finanzas populares y solidarias, justamente se constituyen cuando observan las dificultades que muchos sectores de la población encuentran para obtener recursos financieros. Son instituciones que operan con mayor flexibilidad y con instrumentos más apropiados a la idiosincrasia de los sectores populares. Algunas de ellas incorporan subsidios para hacer un trabajo social con mayor eficiencia (cuando ello ocurre tenemos incorporada una dosis de donación en el servicio prestado), caso de los FIL en el Mides. Esos subsidios deben comprenderse como parte de un trabajo de incidencia para el desarrollo de prácticas económicas que tiendan a la sustentabilidad en el tiempo. Si bien el neoliberalismo pretendió atacar las prácticas de subsidios (sólo en teoría, pues en la práctica se apoyó por este medio a numerosas grandes empresas), éstos deben ser vistos como instrumentos de mucha utilidad en determinadas circunstancias especiales.
Aún así, con subsidios o sin subsidios, los emprendimientos de economía solidaria deben hacer un esfuerzo para ser confiables. Las instituciones de finanzas solidarias van a valorar especialmente aquellos casos donde la solicitud de un crédito venga precedida de un plan de negocios serio, pero además, de la confianza que los propios socios hayan demostrado con su proyecto. Si los socios encaran con seriedad su actividad empresarial e invierten lo que tienen, los terceros estarán dispuestos con mayor decisión a dar su apoyo.
|