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diciembre setiembre mayo Setiembre 2008
Bajar Revista Setiembre 2008
El factor financiero en los emprendimientos de economía solidaria
 
 

Uno de los riesgos que tenemos como movimiento de economía solidaria en América Latina refiere a cierta tendencia por incidir en la economía alternativa con instrumentos y lógicas propias del capitalismo. En parte eso ha sucedido con algunos de los instrumentos financieros. Nos explicamos.

Una de las características de la empresa capitalista es que constituye su misión y plan empresarial con base en el capital (factor financiero). Ya se refería a ello Marx cuando simplificaba el modo de funcionamiento de la empresa capitalista por medio de la fórmula ´K- T – K´, donde el capital contrata trabajo para ampliar el capital.

El enfoque microeconómico que nosotros utilizamos, se basa en los argumentos de Razeto: cualquier proyecto empresarial necesita de una correcta combinación de factores. Dentro de los diferentes factores, cada sector de la economía se caracteriza por darle prioridad a alguno de ellos (transformando el factor en categoría). Para el caso de la economía solidaria los factores fundamentales son trabajo y factor c. Nótese cómo la fórmula anterior desde este punto de vista se transforma radicalmente: ´T – K – T´ (donde el trabajo contrata al capital – y al resto de los factores externos- para mejorar la calidad de vida de los trabajadores).
Nuestra experiencia indica que el factor financiero debe integrarse luego que el factor trabajo y el factor c hayan contribuido a generar el plan empresarial. O dicho en otros términos: es falsa la idea de que el éxito de un emprendimiento asociativo de la economía popular dependa fundamentalmente del financiamiento que reciba. Desde nuestro punto de vista, el factor fundamental que debe cuidar el emprendimiento de economía solidaria, es el del grupo humano solidario (factor c). Cuando el grupo humano está constituido y todos sus integrantes (socios) están dispuestos a aportar para una causa común, entonces viene el trabajo de preguntarse cuáles son los recursos con los que cuenta el emprendimiento y cuáles los recursos que debe demandar a un agente externo. Probablemente allí surja la necesidad de contratar factor financiero.

Nos explicamos: una vez que tenemos al grupo humano conformado y dispuestos sus integrantes a trabajar en conjunto para perseguir determinados objetivos, sigue la tarea de identificar los factores necesarios para que la empresa funcione. Entre esos factores figura el factor financiero (definido en este caso como el conjunto de medios de pagos disponibles para adquirir o contratar todo aquello necesario para el funcionamiento del proceso productivo). Ese factor puede ser aportado o no por el propio emprendimiento. Muchas veces sucede en la economía popular que el aporte interno no es posible y por lo tanto debe obtenerse el financiamiento por medio de terceros.
Es así que se recurre naturalmente al mercado.

Las empresas si bien cuenta con diversas opciones para financiar sus actividades, suelen hacerlo mediante préstamos o créditos que se contratan en los bancos o entidades financieras (en la economía popular también es muy común la figura del prestamista, la mayor de las veces mucho más voraz que el común de los bancos. También es común recurrir a algún familiar para que preste el dinero).

Estos préstamos o créditos financieros tienen su particularidad con respecto a cualquier otra operación de compra – venta. La primera de ellas es que el intercambio se pospone en el tiempo (el banco entrega el dinero y quien contrata no lo paga sino más adelante). Este “detalle” es el que dispara la particularidad del negocio. Existe para quien entrega el crédito un riesgo evidente de no obtener el retorno. Eso explica que en la mayoría de los casos se soliciten garantías y otros documentos que aseguren dentro de lo posible a quien presta, que luego le será devuelto el dinero o de lo contrario cobrará de todas maneras el crédito utilizando las garantías.

 

 

 

Por lo demás, el crédito es venta de dinero a cambio de dinero. Por lo tanto la lógica del negocio para quien contrata crédito es que ese dinero que entra a la empresa genere una productividad tal que justifique luego el pago del capital recibido así como de los intereses. Si así no fuera, entonces los trabajadores de nuestras empresas solidarias tendrán que trabajar fundamentalmente para pagar el crédito (factor externo). Si las cosas empeoran, nuestras empresas solidarias deberán entregar las garantías para cubrir el préstamo. De esta manera como se comprenderá, el riesgo también está presente para quienes toman tamaña decisión (esto justifica los temores de muchos emprendimientos en tomar un crédito y debe ser tenido en cuenta por las instituciones de finanzas solidarias para ser corresponsables en la materia).

Véase cómo el riesgo es mayor en las circunstancias en que operan los emprendimientos populares: raramente tienen garantías, son pequeños, trabajan muchas veces en la informalidad, necesitan plazos especiales, etc. Esto implica que las organizaciones especializadas (bancos) o eleven notoriamente las tasas de interés o le nieguen el acceso al crédito.

¿Qué salidas tenemos frente a este problema? En primer lugar tenemos las vías alternativas a las que suelen recurrir los emprendimientos solidarios y en segundo lugar la emergencia de las instituciones de finanzas solidarias.
Algunas de las vías propias de muchos emprendimientos de la economía popular y solidaria - como nos lo recuerda Razeto - son las donaciones o incluso diversos mecanismos para integrar factores a la empresa por medio de la reciprocidad, el trueque o las relaciones de cooperación. En los hechos son muchos los casos donde hemos visto como por medio de estas relaciones los emprendimientos se hacen de una buena cantidad de recursos, reduciendo de esta manera su potencial vínculo con las entidades financieras.

En cuanto a las instituciones de finanzas populares y solidarias, justamente se constituyen cuando observan las dificultades que muchos sectores de la población encuentran para obtener recursos financieros. Son instituciones que operan con mayor flexibilidad y con instrumentos más apropiados a la idiosincrasia de los sectores populares. Algunas de ellas incorporan subsidios para hacer un trabajo social con mayor eficiencia (cuando ello ocurre tenemos incorporada una dosis de donación en el servicio prestado), caso de los FIL en el Mides. Esos subsidios deben comprenderse como parte de un trabajo de incidencia para el desarrollo de prácticas económicas que tiendan a la sustentabilidad en el tiempo. Si bien el neoliberalismo pretendió atacar las prácticas de subsidios (sólo en teoría, pues en la práctica se apoyó por este medio a numerosas grandes empresas), éstos deben ser vistos como instrumentos de mucha utilidad en determinadas circunstancias especiales.

Aún así, con subsidios o sin subsidios, los emprendimientos de economía solidaria deben hacer un esfuerzo para ser confiables. Las instituciones de finanzas solidarias van a valorar especialmente aquellos casos donde la solicitud de un crédito venga precedida de un plan de negocios serio, pero además, de la confianza que los propios socios hayan demostrado con su proyecto. Si los socios encaran con seriedad su actividad empresarial e invierten lo que tienen, los terceros estarán dispuestos con mayor decisión a dar su apoyo.

 


Dr. Pablo Guerra
Responsable Programa
Kolping Uruguay
en Economía Solidaria



 
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