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setiembre mayo
 
ADVIENTO 2006
  UNA ESPERANZA QUE NO DEFRAUDA
 
 
Queridos hermanos Kolpinistas: Hoy escuchamos una proclama de esperanza que abre el Adviento: Se acerca su liberación. En esas palabras hay sin duda, una clara sintonía con la expectativa radical del mundo de hoy y del cristiano actual que se pregunta por su quehacer en la hora presente del mundo. Hay muchas respuestas a esta inquietud, pero necesitamos una esperanza que no nos defraude.
 
 
El hombre de hoy, como el de ayer y  de siempre, es un ser que espera. No podemos vivir sin esperanza, pues esta constituye una parte fundamental de nuestra estructura personal y sicológica. La espera es el clima del vivir humano; sólo esperando podemos sobrevivir. Gracias a la esperanza avanza la humanidad, cuya historia multisecular es la de la espera. Gracias a la esperanza, el hombre y la mujer cristianos tienen aguante y respuestas ante la vida y la muerte, el amor y la violencia, la salud y la enfermedad, la paz y la justicia, el matrimonio y la familia, la sociedad y el trabajo de cada día. Quien no espera nada, está acabado como persona y como cristiano.
 
Como respuesta a la perenne esperanza del corazón del hombre, están surgiendo constantemente los mesianismos liberadores que vienen a instalarse en el podio ya preparado. Y surgen muchos revolucionarios de libro, del montón o de ocasión, que son exploradores encubiertos, vanguardistas interesados y oportunistas sin escrúpulos. Crear expectativa de grandes mejoras sociales ha sido, es  y será una vieja estrategia; se trata del ídolo que viene a ocupar el pedestal vacío. Pero ninguno de los sistemas político-económicos al uso da por sí solo explicación completa y satisfactoria al porqué del vivir y del morir, del trabajar y del sufrir.
 
Después de muchos años de andadura social, el desencanto, la desesperanza, el desamor, el escepticismo y la frustración parecen ser el denominador común hoy día en nuestro mundo a todos los niveles: político, social, laboral, familiar, conyugal y generacional. ¿Es más feliz y más persona el joven, el adulto y el anciano de hoy que los de antaño? ¿En qué se quedan los avances técnicos, las promesas y conquistas sociales, el mesianismo temporal, la liberación y salvación del hombre por el hombre?. Algunos sabios aseguran que estamos inmersos en una cultura decadente. ¿Habrá remedio y liberación posible para una humanidad cansada, angustiada y burlada en sus esperanzas más nobles? No cedamos al derrotismo. Hay efectivamente una esperanza que no defrauda: Jesucristo.
 
Cristo es nuestra Salvación. Hay una piedra angular sobre la que se puede construir el edificio de la liberación humana: es Cristo Jesús. Ningún otro nos puede salvar; bajo el cielo y sobre la tierra no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos y en quien podamos confiar a fondo perdido. Por eso, “cobren ánimo, se acerca su liberación” (Lc 21,28). Está ya presente el adviento de Dios, y su salvación no es solamente para el más allá, sino para este momento que nos toca vivir.
 
La liberación que Cristo nos brinda es personal y profunda, una salvación desde dentro, porque nos libera del pecado y nos transforma en hombres nuevos, libres de los criterios y prejuicios del hombre viejo. Una vez liberados, tenemos que aplicar nuestro esfuerzo a la trasformación de la realidad por medio de la debilidad y la fuerza del amor, que es la única liberación posible, la única liberación eficaz. Amor que se vuelve justicia, fraternidad, solidaridad, paz, compromiso con el pobre y el marginado, porque ese fue el estilo de Jesús y es el espíritu de las bienaventuranzas del Reino de Dios.
Para asimilar esta liberación de Cristo, que actúa desde dentro y nos convierte a la esperanza vigilante, la segunda parte del Evangelio de hoy nos señala dos condiciones:
 
1. Tener la mente despejada y el corazón abierto. Las tres amenazas a la vigilancia que señala Lc 21,34: el vicio, la bebida y el dinero, son tan sólo indicadores del ancho campo de maldad que anida en el interior del hombre pecador, que aún no se ha convertido al Reino de Dios. Cada uno ha de examinarse con lealtad ante Dios.
 
 
2. Estar siempre despiertos, velando en oración y pidiendo a Dios fuerza para perseverar hasta el final. La vigilancia del adviento es actitud existencial y liberadora para toda la vida del cristiano, y condición para reactivar las virtudes teologales. Porque la vigilancia es esperanza activa, es fe que se expresa en el trabajo y convivencia de cada día, es inquietud que nos duele y amor que no echa la siesta cuando hay tanto que transformar y construir en nuestro mundo, donde tantos hermanos nuestros esperan una mano amiga. Que puedan contar con nosotros.
 
Gracias, Señor, porque en el adviento nos das un cariñoso y amigable toque en el hombro a fin de despertarnos de nuestra habitual somnolencia: ¡Gracias! Tú eres la única esperanza que no nos defrauda.
 
Haznos capaces de mantener cada día la tensión del amor que vela trabajando, sin permitir que se nos embote la mente con el vicio, el egoísmo, el dinero, la soberbia y la ambición.
 
Deseo un Adviento profundo, alegre y lleno de esperanza en la construcción de un mundo más humano y lleno de Dios, para todas las hermanas y hermanos de Kolping  de América Latina.
 
¡FIEL A KOLPING! ¡A KOLPING FIEL!.
 
P. José Gutiérrez Camargo
ASESOR ESPIRITUAL DE LA OKLA
 
 
 
 
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