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LA SEMANA DE LA FAMILIA 2007

 
Este año la Vicaría de la Familia ha organizado actividades que se vienen desarrollando durante los meses de julio, agosto y setiembre.
El tema abordado es la «escucha» y se está trabajando a través de talleres basados en lecturas de la Biblia.

Posteriormente se elaborarán conclusiones y sugerencias que se trasladarán al resto de la Arquidiócesis, la que los ordenará y editará para su distribución en las parroquias, colegios, movimientos, etc.
El desarrollo de este tema se realizará abordando la escucha en diferentes etapas: En una primera etapa se trabajará en La escucha en familia. En la segunda etapa se tratará la escucha en comunidad. En una tercera etapa: la escucha como discípulos y en la cuarta etapa: semana de la familia.

A continuación presentamos un estracto del material recibido.

La escucha
Los seres humanos somos seres sociables por naturaleza. En nuestra naturaleza está inserta la calidad de ser relacional. Nos relacionamos con los demás por necesidad y los demás tienen la necesidad de relacionarse con nosotros.
En esta interrelación se ponen a prueba los valores de las personas, especialmente su generosidad o egoísmo.
La comunicación ocupa un lugar sustantivo en nuestra forma de relacionarnos; y la escucha es una de esas formas necesarias para comunicarnos.
Casi todos estaríamos dispuestos a admitir que es mejor hablar que escuchar. Hablar es señal de autoridad y actividad, mientras que escuchar parece ser un acto pasivo.
Pero escuchar es algo activo, es trabajo mental. Se produce una fluctuación en nuestros patrones de ondas cerebrales, aumenta la temperatura y el corazón late con más rapidez cuando estamos escuchando con atención.
Sin embargo la mayor¡a escuchamos apenas con un 20 % de eficiencia. Hablamos a una velocidad promedio de ciento veinticinco palabras por minuto. Sin embargo
nuestra velocidad de pensamiento es cuatro veces mayor.
Es evidente que esto nos deja mucho tiempo libre mientras alguien nos habla. La forma en que utilicemos este tiempo determina no solo qué tan buenos escucha somos, sino también qué tan importante es para nosotros lo que nos dice quien nos habla. Nuestro desafío como cristianos está en incorporar la escucha como un valor que siente las bases de una auténtica comunicación, y como un compromiso de amor a nuestro pójimo asumiendo, que sólo cuando logramos ponernos en el lugar del otro, podremos ser verdaderos escuchas.
Por todo esto es que debemos darnos cuenta que muchas veces lo que hacemos es oír a quien nos habla, pero no lo escuchamos.
Obstáculos que limitan nuestra capacidad de escucha.
Todos cargamos con nuestros problemas y preocupaciones como una mochila. Cuando al momento de relacionarnos con otra persona, éstos se vuelven más importantes que lo que nos diga, será imposible escucharlo.
Cuando tenemos prejuicios o preconceptos de quien nos habla, probablemente oigamos en estado de alerta o de prevención, lo cual nos impedirá una escucha con el corazón. También obstaculiza nuestra capacidad de escucha la actitud que asumamos, como cuando vamos preparando la respuesta antes que termine de hablar la otra persona, o cuando vamos sacando conclusiones para indicar lo que nos parece debería hacer el otro.
Asimismo en muchas ocasiones, tratando de dar apoyo a quien nos habla, intentamos elaborar un consejo o darle ánimo, pero en realidad lo más importante que necesita de nosotros no se lo damos: nuestra escucha.

En otras ocasiones nuestra actitud va de la mano con la coincidencia o no de lo que el otro dice. Nuestra actitud es de defensa, buscando argumentos para sustentar nuestra opinión.
La realidad es que no nos interesa escucharlo.

La Escucha: Valor y compromiso
Para que nuestra escucha sea dadora de vida, es necesario que salgamos de nosotros mismos, que nos despojemos de nuestras preocupaciones y de nuestros prejuicios y el otro sea lo más importante en ese momento. La importancia de lo que se dice la pone el otro. Sólo así podremos ponernos en lugar del otro.
Por todo esto les proponemos trabajar el valor de la escucha en nuestra familia, en nuestra comunidad y en nuestro diálogo como discípulos.

La escucha en la familia
La mejor manera de demostrarle a alguien que lo queremos es escuchándolo; cuando nos escuchan nos sentimos queridos Al ser escuchados adquirimos sentido de nuestro propio valor.
Escuchar no es quedarse callados sin interrumpir; escuchar es experimentar algo de lo que el otro está experimentando y para eso tenemos que escuchar con toda nuestra voluntad y corazón.
Cuando nuestros hijos eran pequeños esperábamos con impaciencia sus primeras palabras y hacíamos esfuerzos por entender lo que decían en su media lengua; no porque lo que dijeran fuera importante sino porque ellos eran lo importante.

El diálogo para ser tal, debe ser:


Abierto: dialogar sobre cualquier tema. En ciertas familias hay temas prohibidos o que se evitan a toda costa, que ocasionan discusión.
Sincero: Expresar sin reservas lo que realmente se siente o piensa. A veces por evitar una mala impresión, preferimos callar.
Profundo: Buscar las causas reales de nuestras opiniones y posiciones. Al expresar una idea debemos analizar el por qué de nuestra actitud y escuchar los argumentos del otro.
Respetuoso: Aceptar las opiniones de los otros. El no compartir una posición no debe justificar cerrarse a respetar que el otro no piense igual.
Tranquilo: Aceptar las diferentes opiniones y mantener la calma si se produce debate.
Confiado: Creer en la sinceridad del otro. En ocasiones cuando se dialoga, se piensa que el otro habla por conveniencia, para salir del paso o, sencillamente que no dice la verdad.

La escucha como discípulos
1) Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.
2) Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera.
3) Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.
4) Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron.
5) Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra;
6) pero en cuanto salió el sol se agotaron y, por no tener raíz, se secaron.
7) Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.
8) Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto una ciento, otra sesenta, otra treinta.
9 El que tenga oídos, que oiga.» (Mt. 13, 1-9)

La escucha en la comunidad
Se requiere hacer un esfuerzo intencional por escuchar correctamente el mensaje de quien nos habla, en términos de sentimientos. Escuchar verdaderamente responde al interrogante:
¿Cómo se siente la persona en el momento en que se comunica con nosotros? Una vez aceptado el sentimiento, entonces es muy fácil comunicar que lo hemos comprendido (*)

 

 
famlia
 
Cómo trabajar en los grupos


La escucha en la Familia


Oración inicial
Invocar la presencia del Espíritu Santo para que nos guíe y ayude a escuchar con el corazón.
Ambientación

Se forman parejas entre los integrantes del grupo. Cada uno cuenta al otro cómo está integrada su familia: padres, hermanos, tíos, hijos, esposa, etc. y le comparte algo significativo de su vida reciente de familia. Se dan tres o cuatro minutos para este diálogo.
Luego se reúnen todos y cada persona comparte con el grupo lo que le contó el otro sobre su familia y el evento significativo.
Se finaliza la dinámica expresando que seguramente lo que cada uno relató del otro haya sido bastante fiel a lo transmitido, porque pusieron atención y porque consideraron que lo que compartieron con nosotros de su familia es importante para ellos.

Lectura sugerida: Lc. 2, 41-50

Reflexión
Luego de leer la lectura bíblica sugerida o la elegida por el grupo, proponer las siguientes preguntas para el compartir comunitario. Dejar unos minutos para la reflexión individual y luego poner en común las respuestas a las preguntas.
Es importante que busquen ejemplos personales que ilustren las respuestas.
¿Por qué la escucha es especialmente importante en la familia?
¿Qué es lo que no me permite escuchar en mi familia y estoy a veces dispuesto a escuchar a los de afuera?
¿Qué puedo hacer para favorecer la escucha en mi familia?

Conclusiones y sugerencias
Una vez realizado el compartir del grupo, elaborar
en común la propuesta de aportes, sugerencias
o conclusiones que encuentren a partir
de lo compartido, y que deseen compartir con
el resto de los hermanos de la arquidiócesis.
La misma se volcará por escrito en la hoja que
acompaña este taller para su envío a la Vicaría
de la Familia.

La escucha como discípulos

Oración inicial
1 Hacia ti clamo, Señor, roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa.
2 Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al santuario de tu santidad. Salmo 28(27)

Ambientación

Luego de la oración hacemos silencio, con los ojos cerrados y poniendo nuestro corazón en Dios, intentamos besar el rostro de Jesús.
Luego de unos minutos abrimos los ojos y ponemos en común lo que experimentamos.

Lecturas sugeridas:
Lc. 24, 13-27 (Los discípulos de Emaús)
Lc.10, 38-42 (Marta y María)

Reflexión
Luego de leer la lectura bíblica sugerida o la elegida por el grupo, proponer las siguientes preguntas para el compartir comunitario.
Dejar unos minutos para la reflexión individual y luego poner en común las respuestas a las preguntas.
Es importante que busquen ejemplos personales que ilustren las respuestas.
¿Cuáles son los obstáculos que me impiden escuchar a Dios y por qué?
Compartir un ejemplo.
¿Cuándo logro escuchar a Dios? ¿Qué pongo yo de mí para poder escucharlo?
Compartir para la jornada de la Familia.
Una vez culminada la puesta en común se propone la siguiente pregunta para trabajar en ella y elaborar sus conclusiones y opiniones para compartir durante la Jornada de la Familia el domingo 7 de octubre en la Casa Vianney
¿Por qué María es modelo de la escucha del discípulo?

Lecturas sugeridas: Lc. 1, 26-38
Lc. 2, 15-19


Les solicitamos llevar sus conclusiones escritas para compartirlas en la presentación general y para entregarla de forma de poder elaborar un compendio de las mismas y editarlas como fruto del trabajo del año en la arquidiócesis.

La escucha en la comunidad

Oración inicial
Comenzar la reunión con una oración espontánea de petición o acción de gracias relacionada con nuestra comunidad

Ambientación
**
Colocar sobre la mesa un cartel con la palabra“Comunidad”.
Se reparte entre los participantes papeles para que expresen en ellos lo que esta palabra les dice o les sugiere y los colocan alrededor de la palabra Comunidad.
Alguien del grupo puede leerlos en voz alta y destacar las coincidencias que encuentre.

Lectura bíblica sugerida: He. 2, 42

Reflexión

Luego de leer la lectura bíblica sugerida o la elegida por el grupo, proponer las siguientes preguntas para el compartir comunitario. Dejar unos minutos para la reflexión individual y luego poner en común las respuestas a las preguntas.
Es importante que busquen ejemplos personales que ilustren las respuestas.
¿Por qué es importante escuchar en la comunidad?
¿En qué situaciones me cuesta escuchar en la comunidad?
¿Cuándo me siento escuchado en la comunidad?

Conclusiones y sugerencias
Una vez realizado el compartir del grupo, elaborar en común la propuesta de aportes, sugerencias o conclusiones que encuentren a partir de lo compartido, y que deseen compartir con el resto de los hermanos de la arquidiócesis.
La misma se volcará por escrito en la hoja que acompaña este taller para su envío a la Vicaría de la Familia.

* «Formación para la vida y el amor» Yamile Raad Aljure,
Ed. Paulinas.
** Fuente: Guía bíblica para crecer en comunidad, Hechos de los Apóstoles, CEU 2005

 
 
 
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