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Este año la Vicaría de la Familia ha organizado actividades que se vienen desarrollando
durante los meses de julio, agosto
y setiembre.
El tema abordado es la «escucha» y se
está trabajando a través de talleres basados
en lecturas de la Biblia.
Posteriormente se elaborarán conclusiones
y sugerencias que se trasladarán al
resto de la Arquidiócesis, la que los ordenará
y editará para su distribución en
las parroquias, colegios, movimientos,
etc.
El desarrollo de este tema se realizará abordando
la escucha en diferentes etapas:
En una primera etapa se trabajará en La escucha
en familia.
En la segunda etapa se tratará
la escucha en comunidad.
En una tercera etapa:
la escucha como discípulos y en la cuarta
etapa: semana de la familia.
A continuación presentamos un estracto del
material recibido.
La escucha
Los seres humanos somos seres sociables por
naturaleza. En nuestra naturaleza está inserta
la calidad de ser relacional. Nos relacionamos
con los demás por necesidad y los demás tienen
la necesidad de relacionarse con nosotros.
En esta interrelación se ponen a prueba los
valores de las personas, especialmente su generosidad
o egoísmo.
La comunicación ocupa un lugar sustantivo en
nuestra forma de relacionarnos; y la escucha
es una de esas formas necesarias para comunicarnos.
Casi todos estaríamos dispuestos a admitir que
es mejor hablar que escuchar. Hablar es señal
de autoridad y actividad, mientras que
escuchar parece ser un acto pasivo.
Pero escuchar es algo activo, es trabajo mental.
Se produce una fluctuación en nuestros
patrones de ondas cerebrales, aumenta la temperatura
y el corazón late con más rapidez
cuando estamos escuchando con atención.
Sin embargo la mayor¡a escuchamos apenas
con un 20 % de eficiencia.
Hablamos a una velocidad promedio de ciento
veinticinco palabras por minuto. Sin embargo
nuestra velocidad de pensamiento es
cuatro veces mayor.
Es evidente que esto nos deja mucho tiempo
libre mientras alguien nos habla. La forma
en que utilicemos este tiempo determina
no solo qué tan buenos escucha somos,
sino también qué tan importante es
para nosotros lo que nos dice quien nos
habla. Nuestro desafío como cristianos
está en incorporar la escucha como un valor
que siente las bases de una auténtica
comunicación, y como un compromiso de
amor a nuestro pójimo asumiendo, que
sólo cuando logramos ponernos en el lugar
del otro, podremos ser verdaderos escuchas.
Por todo esto es que debemos darnos
cuenta que muchas veces lo que hacemos
es oír a quien nos habla, pero no lo escuchamos.
Obstáculos que limitan nuestra capacidad de
escucha.
Todos cargamos con nuestros problemas y
preocupaciones como una mochila. Cuando
al momento de relacionarnos con otra persona, éstos se vuelven más importantes que lo
que nos diga, será imposible escucharlo.
Cuando tenemos prejuicios o preconceptos
de quien nos habla, probablemente oigamos
en estado de alerta o de prevención, lo cual
nos impedirá una escucha con el corazón.
También obstaculiza nuestra capacidad de escucha
la actitud que asumamos, como cuando
vamos preparando la respuesta antes que termine
de hablar la otra persona, o cuando vamos
sacando conclusiones para indicar lo que
nos parece debería hacer el otro.
Asimismo en muchas ocasiones, tratando de
dar apoyo a quien nos habla, intentamos elaborar
un consejo o darle ánimo, pero en realidad
lo más importante que necesita de nosotros
no se lo damos: nuestra escucha.
En otras ocasiones nuestra actitud va de la
mano con la coincidencia o no de lo que el
otro dice. Nuestra actitud es de defensa, buscando
argumentos para sustentar nuestra opinión.
La realidad es que no nos interesa escucharlo.
La Escucha: Valor y compromiso
Para que nuestra escucha sea dadora de vida,
es necesario que salgamos de nosotros mismos,
que nos despojemos de nuestras preocupaciones
y de nuestros prejuicios y el otro
sea lo más importante en ese momento. La
importancia de lo que se dice la pone el otro.
Sólo así podremos ponernos en lugar del otro.
Por todo esto les proponemos trabajar el valor
de la escucha en nuestra familia, en nuestra
comunidad y en nuestro diálogo como discípulos.
La escucha en la familia
La mejor manera de demostrarle a alguien que
lo queremos es escuchándolo; cuando nos
escuchan nos sentimos queridos
Al ser escuchados adquirimos sentido de nuestro
propio valor.
Escuchar no es quedarse callados sin interrumpir;
escuchar es experimentar algo de lo que
el otro está experimentando y para eso tenemos
que escuchar con toda nuestra voluntad
y corazón.
Cuando nuestros hijos eran pequeños esperábamos
con impaciencia sus primeras palabras
y hacíamos esfuerzos por entender lo que
decían en su media lengua; no porque lo que
dijeran fuera importante sino porque ellos eran
lo importante.
El diálogo para ser tal, debe ser:
Abierto: dialogar sobre cualquier tema. En
ciertas familias hay temas prohibidos o que se
evitan a toda costa, que ocasionan discusión.
Sincero: Expresar sin reservas lo que realmente
se siente o piensa. A veces por evitar
una mala impresión, preferimos callar.
Profundo: Buscar las causas reales de nuestras
opiniones y posiciones. Al expresar una
idea debemos analizar el por qué de nuestra
actitud y escuchar los argumentos del otro.
Respetuoso: Aceptar las opiniones de los
otros. El no compartir una posición no debe
justificar cerrarse a respetar que el otro no
piense igual.
Tranquilo: Aceptar las diferentes opiniones y
mantener la calma si se produce debate.
Confiado: Creer en la sinceridad del otro. En
ocasiones cuando se dialoga, se piensa que el
otro habla por conveniencia, para salir del paso
o, sencillamente que no dice la verdad.
La escucha como discípulos
1) Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a
orillas del mar.
2) Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo
de subir a sentarse en una barca, y toda la gente
quedaba en la ribera.
3) Y les habló muchas cosas en parábolas.
Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.
4) Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo
del camino; vinieron las aves y se las comieron.
5) Otras cayeron en pedregal, donde no tenían
mucha tierra, y brotaron enseguida por
no tener hondura de tierra;
6) pero en cuanto salió el sol se agotaron y,
por no tener raíz, se secaron.
7) Otras cayeron entre abrojos; crecieron los
abrojos y las ahogaron.
8) Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto
una ciento, otra sesenta, otra treinta.
9 El que tenga oídos, que oiga.» (Mt. 13, 1-9)
La escucha en la comunidad
Se requiere hacer un esfuerzo intencional por
escuchar correctamente el mensaje de quien
nos habla, en términos de sentimientos. Escuchar
verdaderamente responde al interrogante:
¿Cómo se siente la persona en el momento
en que se comunica con nosotros? Una vez
aceptado el sentimiento, entonces es muy fácil
comunicar que lo hemos comprendido (*) |
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| Cómo trabajar en los grupos |
La escucha en la Familia
Oración inicial
Invocar la presencia del Espíritu Santo para que
nos guíe y ayude a escuchar con el corazón.
Ambientación
Se forman parejas entre los integrantes del grupo.
Cada uno cuenta al otro cómo está integrada
su familia: padres, hermanos, tíos, hijos, esposa,
etc. y le comparte algo significativo de su
vida reciente de familia.
Se dan tres o cuatro minutos para este diálogo.
Luego se reúnen todos y cada persona comparte
con el grupo lo que le contó el otro sobre
su familia y el evento significativo.
Se finaliza la dinámica expresando que seguramente
lo que cada uno relató del otro haya sido
bastante fiel a lo transmitido, porque pusieron
atención y porque consideraron que lo que
compartieron con nosotros de su familia es importante
para ellos.
Lectura sugerida: Lc. 2, 41-50
Reflexión
Luego de leer la lectura bíblica sugerida o la
elegida por el grupo, proponer las siguientes
preguntas para el compartir comunitario.
Dejar unos minutos para la reflexión individual
y luego poner en común las respuestas a las
preguntas.
Es importante que busquen ejemplos personales
que ilustren las respuestas.
¿Por qué la escucha es especialmente importante
en la familia?
¿Qué es lo que no me permite escuchar en mi familia
y estoy a veces dispuesto a escuchar a los
de afuera?
¿Qué puedo hacer para favorecer la escucha
en mi familia?
Conclusiones y sugerencias
Una vez realizado el compartir del grupo, elaborar
en común la propuesta de aportes, sugerencias
o conclusiones que encuentren a partir
de lo compartido, y que deseen compartir con
el resto de los hermanos de la arquidiócesis.
La misma se volcará por escrito en la hoja que
acompaña este taller para su envío a la Vicaría
de la Familia.
La escucha como discípulos
Oración inicial
1 Hacia ti clamo, Señor, roca mía, no estés mudo
ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que
los que bajan a la fosa.
2 Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia
ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al
santuario de tu santidad. Salmo 28(27)
Ambientación
Luego de la oración hacemos silencio, con los
ojos cerrados y poniendo nuestro corazón en
Dios, intentamos besar el rostro de Jesús.
Luego de unos minutos abrimos los ojos y ponemos
en común lo que experimentamos.
Lecturas sugeridas:
Lc. 24, 13-27 (Los discípulos de Emaús)
Lc.10, 38-42 (Marta y María)
Reflexión
Luego de leer la lectura bíblica sugerida o la
elegida por el grupo, proponer las siguientes
preguntas para el compartir comunitario.
Dejar unos minutos para la reflexión individual
y luego poner en común las respuestas a las
preguntas.
Es importante que busquen ejemplos personales
que ilustren las respuestas.
¿Cuáles son los obstáculos que me impiden escuchar
a Dios y por qué?
Compartir un ejemplo.
¿Cuándo logro escuchar a Dios? ¿Qué pongo
yo de mí para poder escucharlo?
Compartir para la jornada de la Familia.
Una vez culminada la puesta en común se propone
la siguiente pregunta para trabajar en ella
y elaborar sus conclusiones y opiniones para
compartir durante la Jornada de la Familia el
domingo 7 de octubre en la Casa Vianney
¿Por qué María es modelo de la escucha del
discípulo?
Lecturas sugeridas: Lc. 1, 26-38
Lc. 2, 15-19
Les solicitamos llevar sus conclusiones escritas
para compartirlas en la presentación general y
para entregarla de forma de poder elaborar un
compendio de las mismas y editarlas como fruto
del trabajo del año en la arquidiócesis.
La escucha en la comunidad
Oración inicial
Comenzar la reunión con una oración espontánea
de petición o acción de gracias relacionada
con nuestra comunidad
Ambientación**
Colocar sobre la mesa un cartel con la palabra“Comunidad”.
Se reparte entre los participantes papeles para
que expresen en ellos lo que esta palabra les
dice o les sugiere y los colocan alrededor de la
palabra Comunidad.
Alguien del grupo puede leerlos en voz alta y
destacar las coincidencias que encuentre.
Lectura bíblica sugerida: He. 2, 42
Reflexión
Luego de leer la lectura bíblica sugerida o la
elegida por el grupo, proponer las siguientes
preguntas para el compartir comunitario.
Dejar unos minutos para la reflexión individual
y luego poner en común las respuestas a las
preguntas.
Es importante que busquen ejemplos personales
que ilustren las respuestas.
¿Por qué es importante escuchar en la comunidad?
¿En qué situaciones me cuesta escuchar en la
comunidad?
¿Cuándo me siento escuchado en la comunidad?
Conclusiones y sugerencias
Una vez realizado el compartir del grupo, elaborar
en común la propuesta de aportes, sugerencias
o conclusiones que encuentren a partir
de lo compartido, y que deseen compartir con
el resto de los hermanos de la arquidiócesis.
La misma se volcará por escrito en la hoja que
acompaña este taller para su envío a la Vicaría
de la Familia.
* «Formación para la vida y el amor» Yamile Raad Aljure,
Ed. Paulinas.
** Fuente: Guía bíblica para crecer en comunidad, Hechos
de los Apóstoles, CEU 2005
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