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"Te presto mis bienes para que los uses bien..."

 

Intentaré en este artículo hablar sobre el uso de los bienes ajenos. Mi objetivo es que de esta lectura, cada uno de nosotros reflexione acerca de cómo utilizamos los bienes ajenos y si esa utilidad resulta ética, es decir: orientada al Bien.

Una vez, una amiga mía quería quitarle el novio a otra mujer y fue a pedir consejo a una persona con experiencia y sabiduría, quien le dijo: “Mira, es muy simple lo que te aconsejo, algo sencillo pero profundo: no hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Santo remedio, mi amiga entendió claramente el consejo.

Si bien es un ejemplo a medias, en parte se aplica también al uso de los bienes ajenos. “No hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, es algo muy básico, ¿verdad? Y parece sencillo…. Basta pensarlo con una conciencia abierta a la Verdad para vivirlo en el día a día. Sin embargo a veces nuestra conciencia en este mundo materialista - parecería ser que está recubierta de “piel de elefante” donde nada penetra y por tanto no somos capaces de encontrar la conducta adecuada a cada circunstancia, algo que no siempre es fácil.

El uso de los bienes ajenos suele ser un aspecto en el que nuestra sensibilidad de conciencia no es permeable a lo que íntimamente sabemos que es lo correcto y por supuesto, el mundo actual no ayuda... Somos capaces de encontrar argumentos muy verosímiles en nuestra subjetividad para mal aprovecharnos de esos bienes que no son nuestros: “todo el mundo lo hace”; “yo me lo merezco”; “doy mucho más de lo que me dan”; “soy el mejor y valgo”; “ayudo a otros y tengo que tener mi recompensa”, “pago muchos impuestos, tengo derecho a quedarme con ésto” y miles de motivos más.
Pensemos por un momento que nosotros somos dueños de una empresa, que confiamos en las personas, arriesgamos lo que tenemos de capital, damos trabajo a otros y queremos ganar dinero. Para lograr ésto, damos determinadas facilidades a las personas a las que les pagamos, con el fin de que logren el objetivo: damos bienes en uso en algunos casos inclusive dinero para que lo administren, puedan desempeñar sus tareas y la empresa obtenga beneficios y sobreviva.

Esta situación se da prácticamente en todas las empresas o instituciones, ya que es imposible que los empleados cualquiera sea el cargo logren el resultado esperado, sin el uso de bienes de la empresa.
¿Cómo esperaríamos nosotros que se utilicen los bienes de la empresa? ¿En beneficio personal, haciendo “abusos de funciones” que no lo hacen solamente los que están en cargos importantes; cualquier persona en cualquier puesto, puede hacerlo - o en beneficio de la empresa o institución?. Me da la impresión que la mayoría de nosotros, si ha puesto dinero, esfuerzo, trabajo y dedicación, diría: “en beneficio de la empresa”.

Pues bien, si nos tocara estar del “otro lado” que por lo general es así - del lado de quienes usan los bienes ajenos y fuéramos capaces de tener algo de “empatía real”, sabríamos claramente qué conducta sería la “correcta”: usar los bienes ajenos de acuerdo al destino o fin - para el cual nos fueron otorgados.
De otro modo estaría aplicando aquel principio de Machiavello que decía: “El fin justifica los medios”.
Si partimos de la base de que nuestra conducta es reflejo de nuestros valores algo que personalmente creo que es así , podemos hacer una crítica íntima, un examen de conciencia de nuestros actos y “descubrir” cuáles son nuestros valores…


Los buenos y malos ejemplos generan “jurisprudencia”

En derecho, la jurisprudencia a grandes rasgos significa analizar cómo otros jueces o tribunales resolvieron casos similares. Contar con esos antecedentes es importante para las sentencias de nuevos casos.

Recuerdo en una reunión con colegas, cuando uno de ellos que trabajaba en una empresa multinacional - en la que ocupaba un cargo de relevancia - se quejaba de que los empleados a su cargo no eran capaces de ahorrar de acuerdo a las metas establecidas por la central. Un amigo mío, que lo conocía de años, le preguntó: “¿Y cuánto estás ahorrando tú?”, a lo que él respondió: ”Yo nada, mis gastos son discrecionales, puedo hacer lo que quiera”. ¡Pobre hombre! Pensé, no entendió nada….

En otra ocasión, haciendo una consultoría para una empresa, pregunté a un supervisor de planta: “¿Por qué no acortan los turnos? Eso mejoraría la productividad, trabajarían menos horas y ganarían lo mismo”. A lo que recibí la siguiente respuesta: “De ninguna manera, aquí nadie se preocupa realmente por los costos, dicen una cosa y hacen otra ¿por qué tengo que hacerlo yo?”…
Parece claro: no es posible exigir el buen uso de los bienes ajenos, si quienes ocupan cargos importantes o quienes tienen autoridad por su buen desempeño técnico en un trabajo por ejemplo, no lo viven así.

“Todos lo hacen y yo también”, suele ser la excusa de una persona que deliberadamente opta por lo que no es correcto porque la “mayoría” actúa así. Pensemos en un padre de familia o una madre, que delante de sus hijos dice: “¡Esta cuenta no la pago!” “Este préstamo lo dejaré sin pagar”. “Si nadie paga, no voy a ser el tonto que lo haga…”. Pagamos por determinado lugar en un espectáculo, pero hacemos todo lo posible por “colarnos” a uno mejor. Sabiendo claramente que no nos corresponde estar allí, engañamos a otros para estar en el lugar “mejor”…y como suele pasar: otros siguen nuestro ejemplo...
Es ridículo pensar que pedagógicamente tiene alguna validez aquel dicho: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Aprendemos más de la experiencia propia y ajena - que de lo que escuchamos en una conferencia o charla. No sólo cada uno de nosotros, también los hijos, los hermanos, los subordinados en una empresa, los colegas de trabajo, los jefes y cualquier persona con la que tengamos relación.
Por eso los buenos y malos ejemplos generan “jurisprudencia”…

La valentía de cambiar

Todos los días, la mayoría de nosotros utilizamos cotidianamente bienes que no son nuestros: computadoras, papelería, máquinas de trabajo, teléfonos, Internet, vehículos, impresoras, baños, infraestructura y podríamos agregar: el dinero y el tiempo que dedicamos a trabajar y por el que alguien nos paga.
Sería muy valiente de nuestra parte preguntarnos: ¿Hemos utilizado estos bienes ajenos en beneficio propio? ¿Cuántas veces nos hemos justificado al hacerlo? ¿Cuál ha sido mi ejemplo - con mis actos que otros seguirán?.

¿Cuántas veces utilizamos el teléfono o celular de la empresa para asuntos particulares, Internet, el tiempo que me pagan para trabajar, horas de descanso interminables, viáticos sin justificar o inventados, utilización de equipamiento sin el menor cuidado, porque “no es mío”?. En fin: miles y miles de situaciones en las que no somos valientes y fuertes para hacer el bien y evitar las malas acciones.

Me gustaría compartir con ustedes el testimonio de Santo Tomás Moro tan tergiversado en una serie reciente que tuve la oportunidad de ver, llamada “Los Tudor”-. Quisiera aprovechar este artículo para revindicar a este valiente político cristiano del siglo XVI.

Moro fue Canciller hoy diríamos Ministro de Relaciones Exteriores del rey Enrique VIII. Vivió en una época difícil, en la que le costó la vida defender sus ideales y su Fe cristiana. Era un hombre inteligente, abogado de profesión, casado y con cuatro hijos. Tuvo la valentía de vivir cristianamente en el ejercicio de su profesión: realizó sus tareas con la mayor dedicación, jamás aceptó un regalo siendo Juez, vivía con austeridad, nunca hizo abuso de funciones mientras fue Canciller; no se aprovechó del alto cargo que ejercía en beneficio personal o de su familia. Desestimó muchos sobornos - y presiones - que la Corte e incluso el Rey le ofrecieron para que aceptara la supremacía del Rey sobre el papado en los aspectos relacionados con la Fe y como consecuencia de esto, la nulidad declarada por el mismo Rey del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón.

Me da un gran ánimo leer la vida de Tomás Moro, porque demuestra que no es imposible ser recto y valiente en circunstancias adversas.
En sus últimos meses de vida, Tomás Moro fue despojado de todo: el cargo que ocupaba, su casa, sus ingresos para vivir él y su familia y sin embargo fue valiente, mantuvo su Fe y sus valores hasta las últimas consecuencias.
Me da la impresión que a eso se llega, después de una vida de practicar el desprendimiento, de respetar los bienes ajenos, de vivir rectamente en las pequeñas cosas de cada día, miles de detalles que implican decisiones personales pequeñas pero constantes que van forjando el espíritu y el carácter.
Pero insisto, no nos engañemos: nuestras decisiones libres cuando son morales - tienen una repercusión personal, familiar y social que es difícil de medir: parece lógico pensar que nunca hacemos el bien sólo para nosotros y el mal nunca trae consecuencias sólo para nosotros.

“Buscar el Bien o Ser ético no es ser tonto”

Hace tiempo me contaron la historia de un funcionario público en otro país que realizó un viaje al exterior. Cuando regresó a su país hizo la rendición del viaje devolviendo el dinero que no gastó y lo entregó a la oficina correspondiente. Los funcionaros que trabajaban allí tuvieron un problema: cómo ingresar nuevamente ese dinero al ente, pues nunca nadie antes había devuelto los viáticos de un viaje…
Sus amigos de trabajo le dijeron: “Eres un tonto ¿cómo vas a devolver ese dinero?”. Me pregunto si los contribuyentes en ese país pensarían lo mismo…
Parecería ser que en nuestro mundo actual, ser recto en el uso de los bienes ajenos es sinónimo de ser tonto…

¿Cómo actuamos en nuestra propia casa?: cuidamos los bienes que adquirimos, usamos el dinero en forma prudente, tratamos de que las cosas duren y si tenemos que pagar por un servicio tratamos de pagar lo justo, nunca de más. ¿Por qué no actuamos siempre así con los bienes ajenos?.

A veces me da vergüenza la falta de sentido común de muchos, que se sienten con el “derecho” de usar bienes de otros en beneficio propio: son incapaces de medir el daño que hacen. No sólo porque los bienes materiales son finitos en algún momento se acaban y por tanto, si los uso para un fin que no corresponde, necesariamente estoy quitándoles tiempo de uso o de destino en el caso del dinero para el cual me fueron otorgados. Además, señores: ¿Quién puede dudar que otros harán lo mismo que yo?

Respetar el principio aristotélico de “dar a cada uno lo que le corresponde” no parece ser de libre interpretación: algo en esta vida tiene que ser objetivo… y si tenemos dudas en alguna circunstancia respecto a si hacemos lo correcto, es mejor pedir consejo a alguien con autoridad moral, antes de equivocarnos.

Ser éticos en el uso de los bienes ajenos no es ser tontos, es de personas valientes y humildes. La valentía proviene de la fortaleza hace falta mucha fortaleza de espíritu para vivir honestamente y de humildad. Santa Teresa decía: “la Humildad es estar en la Verdad”. Necesitamos un espíritu abierto a la verdad para descubrir que cometemos errores, que hay situaciones en las que nos resulta difícil discernir y que debemos acudir a alguien más para que nos ayude.

En el mundo actual se requieren más personas comprometidas con la Verdad en el día a día, que prediquen con el ejemplo acerca de cómo usar los bienes ajenos.

¡Hacen falta líderes éticos!

Hace tiempo, hice una consultoría para una empresa relativamente pequeña. El Gerente General tenía la costumbre de realizar gastos discrecionales es decir sin rendir cuentas a nadie y subjetivamente a espaldas por supuesto, de los accionistas de la empresa. Contrataron un nuevo auxiliar en el área contable, a quien le llamó la atención un gasto y lo consultó con otro auxiliar que llevaba más tiempo.

Como suele ocurrir, los canales informales de comunicación son más rápidos que los formales y el jefe de Administración se enteró del comentario, llamó al auxiliar más joven y le dijo: “No puedes comentar estas cosas, nadie debe enterarse”.
Este comentario me llenó de pena, porque es ignorar que el hombre/mujer, por naturaleza busca la verdad y ese “buscar” despierta curiosidad….. ¿Acaso alguien puede tapar el sol con la mano?. A veces la ceguera que produce la incoherencia de vida hace que creamos que la Verdad se puede tapar con una mentira.

Amigos lectores: ¿Verdad que faltan líderes éticos? ¡Cada uno de nosotros puede ser un líder ético! Si practicamos la valentía y la humildad y otras virtudes - en nuestros actos.

Los animo a que reflexionemos sobre estos aspectos, a no mirar la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio… Estoy segura que cada uno de nosotros puede hacer un mejor uso de los bienes ajenos sin ser, ni parecer unos tontos…
El uso de los bienes ajenos en las Organizaciones Sociales

Quienes trabajamos en este tipo de organizaciones, tenemos mayor responsabilidad en el uso de los bienes que nos han sido dados para administrar y usar en beneficio de otros.
Normalmente los recursos en una Organización Social son muy escasos y les aseguro que así es . El sentido común y la realidad nos muestran que cuanto más escasos son los bienes más valen y que si más cuesta obtenerlos, más los cuidamos.

Las personas que administran bienes en este tipo de organizaciones son los que trabajan en ella, los voluntarios y los beneficiarios. Los invito a todos a reflexionar: ¿Cómo administramos los bienes que se nos dan? ¿Cómo los cuidamos? ¿Cuánto los hacemos rendir? ¿Qué destino les damos?.

Lo que tú decidas hoy marcará la diferencia

He intentado plantear este tema desde un punto de vista práctico. No quisiera que cada uno de nosotros se quedara con una percepción negativa o pesimista, sino más bien todo lo contrario.
Hay un diálogo en una película que vi hace un tiempo que me gustó mucho: un soldado no quería ir a una batalla porque estaba asustado y su jefe directo le dice: “Lo que tú decidas ahora, marcará la diferencia”. En ésto podría resumirse lo que intento transmitir. Quizás nos hemos equivocado en el pasado, pero estamos a tiempo de cambiar, de marcar la diferencia en el ambiente cotidiano en el que nos movemos. Nuestras decisiones diarias, en éste como en otros aspectos que involucran valores, marcan una diferencia importante y son aportes valiosísimos para la construcción de una sociedad más justa y feliz.

 
 
 
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