Desde el 3 al 8 de mayo se desarrolló el Consejo General de la Obra Kolping Internacional. El tema central fue el trabajo, y más precisamente "La comprensión cristiana del trabajo". En este marco, la Dra. Analía Piñeyrúa realizó la ponencia que detallamos a continuación.
En 1999 la OIT acuñó la expresión “trabajo decente para todos” como el paradigma que engloba los objetivos centrales de la Organización y que responde a uno de los más caros anhelos de la gente.
El Director General de la Oficina Internacional del Trabajo, Juan Somavía, se dirigió a la 87ª Conferencia Internacional del Trabajo de junio de ese año señalando que:
“La misión de la OIT es mejorar la situación de los seres humanos en el mundo del trabajo. Hoy en día, esa misión concuerda con el afán general, en una coyuntura de grandes cambios, de encontrar un trabajo decente. Actualmente, la finalidad primordial de la OIT es promover oportunidades para que los hombres y las mujeres puedan conseguir un trabajo decente y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. Tal es la finalidad de la Organización hoy en día. El trabajo decente es el punto de convergencia de sus cuatro objetivos estratégicos: la promoción de los derechos fundamentales en el trabajo; el empleo; la protección social y el diálogo social”.
Todos deseamos acceder a un empleo o a una ocupación productiva que nos genere ingresos. Sin embargo aspiramos a algo más que eso. Queremos tener un buen trabajo basado en un empleo de calidad que provea un ingreso adecuado a nuestras necesidades y a nuestros proyectos personales y familiares, que nos ofrezca protección frente a los riesgos y en la posterior etapa de inactividad por razón de la edad; un trabajo en el que las relaciones entre cada uno de nosotros y nuestro empleador están debidamente reguladas por la ley, especialmente en lo atingente a nuestros derechos fundamentales, y autorreguladas mediante acuerdos negociados en un proceso de diálogo social a diferentes niveles, lo que implica el pleno ejercicio del derecho de la libertad sindical, así como la fortaleza de las diferentes instituciones de la administración del trabajo y de las organizaciones de los actores sociales. Es decir, lo que queremos es un trabajo decente en la terminología de la OIT. Este concepto añade a la dimensión económica representada en el concepto tradicional de un buen empleo o de un empleo de calidad, nuevas dimensiones de carácter normativo, de seguridad y de participación. Esta diferencia conceptual implicará, para alcanzarlo, una diferente articulación de las políticas públicas en materia laboral incluidas las políticas activas del mercado laboral y de gasto social focalizado- y una mayor integración entre éstas y la política económica en sus diferentes niveles macro, meso y microeconómica. Mientras la política económica, crea las condiciones para el crecimiento y, por tanto para la generación de empleo, la política sociolaboral, integrada con la económica, asegura que el empleo generado incorpore en sí mismo las diferentes dimensiones contenidas en el concepto de trabajo decente.
Este enfoque supone asumir que el libre juego de los mercados no conduce automáticamente al pleno empleo de los recursos, ni a la adaptación de la economía a un contexto externo cambiante y que debe ponerse el énfasis en orientar y guiar el funcionamiento de los mercados hacia los objetivos considerados prioritarios en una sociedad: la adaptación a los cambios en el entorno externo, el trabajo decente, la satisfacción de las necesidades básicas, la justicia, la equidad y la libertad.
La combinación de políticas económicas en sus diferentes niveles debería llevar a un aumento sostenido del empleo de calidad. Sin embargo, ésta no garantiza el respeto de los derechos laborales, ni la ampliación de la cobertura y mejora de la calidad de la protección social, ni el fortalecimiento de los mecanismos de participación democrática de empleadores y trabajadores, objetivos estratégicos del concepto de trabajo decente como se ha dicho.
La política laboral asume, entonces, un rol protagónico, proactivo y vinculado e integrado con la política económica si es que se quiere avanzar hacia el crecimiento económico con trabajo decente.
Una política laboral así planteada debería contemplar los siguientes aspectos:
1.- Adecuar la legislación nacional a las Normas Internacionales del Trabajo, en especial, las involucradas en la Declaración de Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo de la OIT y fortalecer las administraciones del trabajo para lograr el efectivo cumplimiento de la legislación.
2.- Promover la negociación colectiva lo que permitirá la autorregulación de las relaciones laborales lo cual implica, además, el pleno ejercicio de la libertad sindical y de asociación.
3.- Impulsar el desarrollo de sistemas de calificación, capacitación, entrenamiento y formación profesional. En este sentido, es imprescindible elevar la calificación de la mano de obra en el sector rural y en el sector informal.
4.- Diseñar y aplicar políticas que favorezcan el fortalecimiento e inserción de las micro y pequeñas empresas en conglomerados, clusters u otras formas asociativas, existentes o por crearse, y fortalecer o extender los servicios a las micro y pequeñas empresas (crédito, capacitación, tecnología, información de mercados, etc).
5.- Diseñar políticas específicas para ampliar la cobertura de la protección social, especialmente en materia de salud y de jubilaciones o pensiones, hacia sectores actualmente desprotegidos.
6.- Implementar políticas de gasto social focalizado orientadas a transferir ingresos- mejorando la actual estructura distributiva- y a asegurar el acceso a nutrición, salud, educación, vivienda, entre otros, para los más necesitados.
La articulación de la política económica con la política social y laboral, se verá facilitada por la puesta en marcha de procesos de diálogo y concertación social que alentarán la definición de políticas de Estado que superen los límites temporales de un período de gobierno.
Pero, obviamente es importante conocer los desafíos y restricciones que, hoy día, plantea la aplicación práctica del paradigma del trabajo decente y los principales déficits de trabajo decente que tiene la humanidad.
La información que manejaré la he obtenido del documento de OIT sobre las tendencias mundiales del Empleo- 2008. Esta es una publicación anual que se realizó por primera vez en 2003 y que ha llegado a convertirse en un canal para informar con regularidad a los mandantes de la OIT y al público acerca de las principales tendencias del mercado de trabajo a nivel mundial y regional.
En la versión de enero de 2008 se dice que se publica en un momento muy oportuno por diversas razones.
En primer lugar porque el proceso de globalización y de rápido cambio tecnológico sigue su curso y continúa teniendo efectos en los mercados de trabajo de todo el mundo. Si bien esta evolución plantea importantes retos, también viene acompañada de mayores oportunidades para las personas que luchan para mejorar sus modos de vida. Es probable que sea la primera vez que una perturbación experimentada por una región económica fuerte (Economías Desarrolladas, Unión Europea y, especialmente, Estados Unidos, resultado de la convulsión del sector vivienda en este país y del elevado precio del petróleo) no haya tenido hasta el momento efectos en las demás regiones. Esto puede deberse a la robustez de las economías de las otras regiones como a la existencia de vínculos regionales más fuertes, lo que se estaría traduciendo en una mayor independencia de cada región respecto de las demás. Esto no quiere decir que los riesgos a los que se ve expuesta la economía mundial no deban mirarse con sumo cuidado. No sabemos cómo reaccionarán los mercados laborales del mundo ante una desaceleración del crecimiento o ante una mayor incertidumbre.
En segundo lugar porque las regiones son ahora más fuertes y su grado de integración es mayor. Aún las regiones más pobres han visto aumentar su participación en los mercados internacionales, lo que ha tenido repercusiones en sus mercados laborales. Sin embargo, los déficits de trabajo decente siguen siendo enormes.