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diciembre setiembre mayo setiembre 2007 diciembre 2007
 
EDITORIAL  
 
 

Queridos amigos Kolping:

Ya pasaron las fiestas de Pascua y de Pentecostés en la que celebramos la resurrección de Jesús y la venida del Espíritu Santo. Para los que hemos vivido estas fiestas con nuestra comunidad fueron días de alegría y de crecimiento en la fe.
Para los que no participaron en las celebraciones no pasó nada y no cambió nada en sus vidas.
Eso me preocupa, pues Adolfo Kolping puso el fundamento de su obra en la fe.
Esta fe no es una creencia, es decir, creo que Dios existe, sino una vivencia, Dios está presente en mi vida y vivo en comunidad en él. Creo en él, confió en él, lo sigo a él, oriento mi vida según su voluntad, celebro su presencia en la oración y en los sacramentos.
Un miembro Kolping debe irradiar a Dios con su testimonio de vida. Por eso hay que conocerle, y sólo es posible si saco los obstáculos que impiden un encuentro vivo con él. Tengo que hacer silencio para escuchar su voz, abrirle mi corazón para darle un lugar en mi vida, comunicarme con él a través de la oración personal y frecuente.
Hay que tener experiencias de Dios. Mirar donde actuó él en mi vida y hay que buscarlo mientras se deja encontrar. Eso no es posible si en la vida de cada día ignoro su presencia o prescindo de él.
No puede ser que Dios esté en el último lugar de nuestra vida.
El rostro visible de Dios lo encontramos en Jesucristo, Dios hecho hombre.

Tenemos tiempo para el trabajo, la diversión o el estudio y “no nos hacemos tiempo para Dios”. Nos divertimos noches enteras pero ¿óomo puede ser que no dediquemos una hora los domingos para celebrar en comunidad los misterios de nuestra fe?

¡Cómo arriesgamos perder la fe al no comer el cuerpo de Cristo, Pan de Vida, dejándolo de lado su llamado los domingos para celebrar juntos la Eucaristía!

No hay excusas como por ejemplo decir: “no me gusta el cura”, “no tengo tiempo”, “los que van son malos” o “me aburro”. Si vivo la fe, si me formo en la fe, si sigo a Jesucristo, entonces hago un sacrificio para encontrarme con él y con los hermanos que son buenos o malos, al igual que tú y yo.

 

No te hablo como cura sino como un cristiano que ya no puede dejar a Jesucristo, porque marcó tanto mi vida, que siento su presencia en los momentos buenos y malos que pasé en el pasado.
Quizás estoy lejos de la fe profunda de nuestro fundador el Beato Adolfo Kolping, pero trato de seguir su ejemplo, porque es modelo de un cristiano y no un ídolo como algunos que piensan que son más importantes que Dios.
“No digas que soy de Kolping, si no vivís como cristiano”. Sería una mentira y hasta un escándalo para otros.
Son palabras duras que escribí, pero quiero que pienses, que te inquietes, que te comprometas con Dios y con la Obra de Adolfo Kolping.
Si quieres ser de Kolping, debes dar el primer paso: “vivir la fe”, porque “Tú” no eres el más importante sino “Dios”.
No te queda otra: debes tomar una decisión. ¡No tengas miedo o vergüenza, pues es un orgullo ser un buen seguidor primero de Jesús y después de Adolfo Kolping.
Dando gracias a Dios por el don de la fe les saluda cordialmente,


PP. Bernardo Godbarsen SAC
Asesor Nacional
 
 
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