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VACAS
ASEGURAN LA COSECHA EN BURUNDI
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Marco vive
en Mumuri, una pequeña aldea en el centro
de Burundi, pequeño país en África
Central, y se gana el sustento como agricultor.
Al igual que los otros miembros de la Familia
Kolping local, posee una pequeña parcela;
sin embargo, cada vez es menos lo que se cosecha,
puesto que ya no hay como antes estiércol
de vaca para alimentar la tierra con abono natural.
Esta escasez es una de las muchas secuelas de
la guerra civil que asoló el país
entre 1993 y 2004.
"Uno de nuestros problemas más urgentes
es volver a desarrollar la agricultura, dado
que durante la guerra, se extinguió todo
nuestro ganado", explica Alba Deogratias
Rushatsi, el Asesor Espiritual de la Familia
Kolping. Añade que entre las tropas gubernamentales
y la milicia rebelde prácticamente masacraron
el ganado existente y hasta el día de
hoy, el país no se ha repuesto de esa
matanza. Ahora la carne escasea y se ha vuelto
muy cara, tampoco hay leche. A los agricultores
que viven todos en condiciones muy humildes,
no les alcanza el dinero para comprar abono
químico, por lo cual la cosecha de papa,
mandioca y porotos está disminuyendo
año tras año.
En este punto, la Familia Kolping Mumuri quiere
poner manos a la obra para solucionar el problema.
Se piensa en reanudar la crianza de ganado comenzando
con cuatro vacas y un toro semental de una raza
de vacuno autóctona que es conocida por
dar mucha leche y carne. Para poder comprar
una vaca, se necesita el equivalente a unos
300 dólares americanos, pidiéndose
casi tres veces más por el toro. Se proyecta
entregar las primeras terneras una a una a las
distintas familias campesinas, las cuales, a
su vez, se comprometerán, en el caso
de que haya una parición exitosa, a entregar
a otra familia la primera ternera que nazca.
La Familia Kolping quiere ayudar a reintegrar
la crianza de ganado al ciclo normal de trabajo
de las familias que viven en el campo, no sólo
para poder abastecer con leche a los niños,
sino también con el fin de generar suficiente
abono orgánico para las tierras de cultivo.
De esta manera - éste es el sueño
de la gente Kolping - la tarea de ordeñar
las vacas pronto volverá a formar parte
del quehacer diario en Mumuri constituyéndose
en símbolo de la nueva perspectiva de
vida que se abrirá para los pequeños
agricultores. |
LIBERACIÓN DE LOS ROLES TRADICIONALES
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Ibu Yulia, 26 años, se ríe con
ganas diciendo: "Todas mis niñas
han aprobado el curso Kolping de economía
doméstica." Las así llamadas
"niñas" son, en realidad, 25
alumnas jóvenes a cuyo cargo Yulia estuvo
durante los últimos tres años.
Con orgullo, nos presenta a las mejores egresadas
del curso, Mia, 17 años, y Adri, 16 años.
Yulia es la administradora de uno de las cinco
"asramas Kolping" - hogares para mujeres
jóvenes – que existen en la Isla de Sumba
Mia y Adri sueñan con un gran futuro:
Mia quiere hacerse enfermera y trabajar en el
Hospital Católico de la ciudad, mientras
que Adri piensa en abrir a futuro un minimercado.
Si no hubiesen estado viviendo en la asrama
Kolping, con seguridad ambas habrían
sido casadas por su padres ya a los 13 años
de edad sin que se les hubiera preguntado su
opinión.
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Para
las muchachas provenientes del campo, los hogares
son, muchas veces, la única oportunidad
que tienen para liberarse de la discriminación
tradicional que la mujer sufre tanto en la sociedad
como en su propia familia. En el asrama, las jóvenes
aprenden a reivindicar su lugar propio en la sociedad
y a través de cursos de capacitación
como, por ejemplo, corte y confección,
economía doméstica y otros, adquieren
conocimientos y habilidades |
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indispensables
para una futura orientación profesional.
Dentro de las asramas, las jóvenes viven en un
sistema de autoservicio; tan sólo los costos de
luz y agua se reparten entre todas. Para los fines de
semana regresan a su respectivo pueblo natal para abastecerse
con arroz, verdura y fruta para la siguiente semana. Sin
embargo, en épocas de malas cosechas, no todas
las muchachas logran reunir esos víveres, con la
consecuencia de que por vergüenza ante las demás
prefieren no regresar al asrama, abortando de esta manera
también su valiosa capacitación.
Con el fin de evitar la situación descrita, la
Obra Kolping planifica crear un fondo de apoyo para jóvenes
provenientes de familias especialmente pobres.
La idea es que una parte del fondo ingrese a la caja común
del hogar como reserva para tiempos de sequía y
que la otra sirva a modo de inversión para la plantación
de un huerto a un lado de la casa, lo cual no sólo
mejoraría las perspectivas alimenticias de las
alumnas, sino que, a la vez, les enseñaría
a cultivar las verduras apropiadas para el autoabastecimiento.
Talleres sobre nutrición acompañarían
el trabajo en el huerto, entregándoles a las residentes
del asrama importantes fundamentos tanto para una alimentación
equilibrada como para el cultivo de las plantas. Los excedentes
que hubiera en épocas de cosechas abundantes se
comercializarían en el mercado de la localidad
más próxima, retornando el dinero ganado
con la venta al fondo comunitario del asrama. Para crear
el mencionado fondo, se necesitan con urgencia los recursos
necesarios tanto con el fin de adquirir semillas de verduras
en general y, de manera especial, semillas de arroz, maíz
y soja, como para comprar arroz y maíz para el
consumo y, además, para conseguir las herramie
ntas requeridas para el trabajo en el huerto, en total
unos 600 euros para comenzar. |
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