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setiembre mayo
 
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VACAS ASEGURAN LA COSECHA EN BURUNDI

Marco vive en Mumuri, una pequeña aldea en el centro de Burundi, pequeño país en África Central, y se gana el sustento como agricultor. Al igual que los otros miembros de la Familia Kolping local, posee una pequeña parcela; sin embargo, cada vez es menos lo que se cosecha, puesto que ya no hay como antes estiércol de vaca para alimentar la tierra con abono natural. Esta escasez es una de las muchas secuelas de la guerra civil que asoló el país entre 1993 y 2004.

"Uno de nuestros problemas más urgentes es volver a desarrollar la agricultura, dado que durante la guerra, se extinguió todo nuestro ganado", explica Alba Deogratias Rushatsi, el Asesor Espiritual de la Familia Kolping. Añade que entre las tropas gubernamentales y la milicia rebelde prácticamente masacraron el ganado existente y hasta el día de hoy, el país no se ha repuesto de esa matanza. Ahora la carne escasea y se ha vuelto muy cara, tampoco hay leche. A los agricultores que viven todos en condiciones muy humildes, no les alcanza el dinero para comprar abono químico, por lo cual la cosecha de papa, mandioca y porotos está disminuyendo año tras año.
En este punto, la Familia Kolping Mumuri quiere poner manos a la obra para solucionar el problema. Se piensa en reanudar la crianza de ganado comenzando con cuatro vacas y un toro semental de una raza de vacuno autóctona que es conocida por dar mucha leche y carne. Para poder comprar una vaca, se necesita el equivalente a unos 300 dólares americanos, pidiéndose casi tres veces más por el toro. Se proyecta entregar las primeras terneras una a una a las distintas familias campesinas, las cuales, a su vez, se comprometerán, en el caso de que haya una parición exitosa, a entregar a otra familia la primera ternera que nazca.
La Familia Kolping quiere ayudar a reintegrar la crianza de ganado al ciclo normal de trabajo de las familias que viven en el campo, no sólo para poder abastecer con leche a los niños, sino también con el fin de generar suficiente abono orgánico para las tierras de cultivo. De esta manera - éste es el sueño de la gente Kolping - la tarea de ordeñar las vacas pronto volverá a formar parte del quehacer diario en Mumuri constituyéndose en símbolo de la nueva perspectiva de vida que se abrirá para los pequeños agricultores.


LIBERACIÓN DE LOS ROLES TRADICIONALES

Ibu Yulia, 26 años, se ríe con ganas diciendo: "Todas mis niñas han aprobado el curso Kolping de economía doméstica." Las así llamadas "niñas" son, en realidad, 25 alumnas jóvenes a cuyo cargo Yulia estuvo durante los últimos tres años. Con orgullo, nos presenta a las mejores egresadas del curso, Mia, 17 años, y Adri, 16 años. Yulia es la administradora de uno de las cinco "asramas Kolping" - hogares para mujeres jóvenes – que existen en la Isla de Sumba Mia y Adri sueñan con un gran futuro: Mia quiere hacerse enfermera y trabajar en el Hospital Católico de la ciudad, mientras que Adri piensa en abrir a futuro un minimercado. Si no hubiesen estado viviendo en la asrama Kolping, con seguridad ambas habrían sido casadas por su padres ya a los 13 años de edad sin que se les hubiera preguntado su opinión.

 
Para las muchachas provenientes del campo, los hogares son, muchas veces, la única oportunidad que tienen para liberarse de la discriminación tradicional que la mujer sufre tanto en la sociedad como en su propia familia. En el asrama, las jóvenes aprenden a reivindicar su lugar propio en la sociedad y a través de cursos de capacitación como, por ejemplo, corte y confección, economía doméstica y otros, adquieren conocimientos y habilidades
indispensables para una futura orientación profesional.
Dentro de las asramas, las jóvenes viven en un sistema de autoservicio; tan sólo los costos de luz y agua se reparten entre todas. Para los fines de semana regresan a su respectivo pueblo natal para abastecerse con arroz, verdura y fruta para la siguiente semana. Sin embargo, en épocas de malas cosechas, no todas las muchachas logran reunir esos víveres, con la consecuencia de que por vergüenza ante las demás prefieren no regresar al asrama, abortando de esta manera también su valiosa capacitación.
Con el fin de evitar la situación descrita, la Obra Kolping planifica crear un fondo de apoyo para jóvenes provenientes de familias especialmente pobres.
La idea es que una parte del fondo ingrese a la caja común del hogar como reserva para tiempos de sequía y que la otra sirva a modo de inversión para la plantación de un huerto a un lado de la casa, lo cual no sólo mejoraría las perspectivas alimenticias de las alumnas, sino que, a la vez, les enseñaría a cultivar las verduras apropiadas para el autoabastecimiento.

Talleres sobre nutrición acompañarían el trabajo en el huerto, entregándoles a las residentes del asrama importantes fundamentos tanto para una alimentación equilibrada como para el cultivo de las plantas. Los excedentes que hubiera en épocas de cosechas abundantes se comercializarían en el mercado de la localidad más próxima, retornando el dinero ganado con la venta al fondo comunitario del asrama. Para crear el mencionado fondo, se necesitan con urgencia los recursos necesarios tanto con el fin de adquirir semillas de verduras en general y, de manera especial, semillas de arroz, maíz y soja, como para comprar arroz y maíz para el consumo y, además, para conseguir las herramie ntas requeridas para el trabajo en el huerto, en total unos 600 euros para comenzar.

 
 
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