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setiembremayo
 
PASCUA 2007
  Está en pie la esperanza de los pobres
 
 
Pascua de liberación y esperanza: La resurrección de Jesús es el misterio central de nuestra fe cristiana y constituye el fundamento de nuestra esperanza de liberación total porque es la realización cumbre del plan de Dios para la salvación del hombre. Una de las lecturas de la vigilia pascual recuerda el éxodo de los hebreos de la esclavitud de Egipto. Allí se inició la marcha de la humanidad entera hacia la plena liberación social, espiritual y religiosa. Esa libertad era la que celebraba la pascua judía, y lo que asume la pascua cristiana dándole plenitud de presente y de futuro, aquí en la historia humana y en el más allá.

El fundamento de esta liberación integral es el poder de Dios manifestado en la resurrección de Jesús y en todo hombre que se incorpora a Cristo por la fe y los sacramentos pascuales: bautismo, penitencia y eucaristía. Aquí radica nuestra esperanza: Dios nos libera de todas nuestras limitaciones y de la muerte definitiva para introducirnos en su reino de vida y amor bajo laía y señorío de Cristo Jesús, por quien somos nueva creación y alcanzamos la filiación adoptiva de Dios.

La fe en Cristo resucitado es efectivamente liberadora, de manera inequívoca y universal; porque Jesús salva al hombre del pecado, que es la fuente de todas las alienaciones y esclavitudes. Así se deduce del discurso de Pedro en casa del centurión romano Cornelio. “Los que creen en Jesús reciben, por su nombre, el perdón de sus pecados” (1ª lectura).
 
 
Así como los apóstoles anunciaron la resurrección de Cristo en el contexto social y religioso del mundo judío y grecorromano al que se dirigían, también hoy este mensaje liberador ha de alcanzar al hombre actual que clama por la superación de toda injusticia y opresión, y que enfatiza los derechos humanos como la aspiración más universal de la humanidad. Bajo las reivindicaciones de todo tipo, tanto sociales y culturales como económicas y laborales, se oculta una aspiración más profunda y universal: las promesas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena y libre, digna del hombre.

Como respuesta a esta situación, el anuncio pascual, unido al compromiso de los que seguimos a Cristo, ha de mostrar hoy a Jesús como el profeta del Reino de Dios, que reclama fraternidad, justicia, amor, liberación y solidaridad humanas; aunque el reino de Dios no se identifique reductiva ni exclusivamente con estas dimensiones sociales.

Esperanza y liberación para el presente. Venturosamente la resurrección de Jesús no es un hecho del pasado ni garantía solamente del más allá, lo cual legitimaría la evasión futurista, sino que es también esperanza y liberación para el presente del hombre. Pues para que la resurrección y la vida futura tengan credibilidad ante el hombre de hoy y sean deseables como definitivas, hay que lograr que la vida presente sea, siquiera mínimamente, vida humana que merece vivirse; y no tan sólo “una mala noche o una mala posada”. Algo fallaría en nuestra fe y testimonio.
 
P. José Gutiérrez
Asesor del Consejo Americano
 
 
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