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Queridos
hermanos, dirigentes de los grupos y familias
Kolping del Uruguay
El hecho de que ustedes estén celebrando
la Eucaristía en esta segunda jornada
de formación para Dirigentes Kolping,
precisamente en el domingo que se relata la
pesca milagrosa, me da pie a mí para
hacer una jugosa aplicación a la misión
que están emprendiendo.
Como todos los detalles que aparecen en los
Evangelios de nombres de personas o de lugares,
como de particulares situaciones, siempre nos
dicen algo a la vida, ya que han sido elaborados
en clave catequético - bíblica,
en especial San Juan, vamos a detenernos en
algunos de ellos, los más relevantes.
El evangelista comienza por indicarnos que a
orillas del lago de Tiberíades se encontraban
siete discípulos de nuestro Señor,
con Pedro a la cabeza, o sea una parte de los
doce apóstoles que han sido escogidos
por Jesús para desempeñar la función
de dirigentes
dentro de su Iglesia, a la cual le encomendará,
luego de su ascensión a los cielos, continuar
con su misma obra redentora liberadora.
Anota San Juan que era de noche y a iniciativa
de Pedro se dispusieron a pescar, pero con tal
mala suerte que a pesar de estar muchas horas
tirando la red no lograron sacar absolutamente
ningún pescado.
Prosiguiendo el relato se especifica que al
borde del lago apareció Jesús,
aunque no lo reconocieron como tal y que éste
les insinuó lanzar la red a la derecha
de la barca.
Primeramente habría que explicar por
qué tanto en esta ocasión como
en otras los apóstoles no reconocieron
a su maestro resucitado.
Eso habla de que su fe no era todavía
tan profunda como para percibir en la vida la
presencia viva de Jesús, siendo así
que varias veces él les había
profetizado que al tercer día vencería
a la muerte, y de allí en adelante estaría
siempre con ellos hasta el fin del mundo.
Lo que llama la atención es que expertos
en la pesca, habituados a darse cuenta cuándo
hay posibilidades y cuándo no, le hubiesen
hecho caso a un desconocido.
Conociendo mi natural manera de ser y de acuerdo
a cómo reaccioné en otras oportunidades,
si yo hubiese sido uno de aquellos hombres,
quizás con mi contestación no
le habría faltado el respeto, pero sí
por dentro le estaría diciendo: "¿Pero,
qué te crees, que a nosotros, nada menos
que a nosotros, veteranos en el oficio, nos
vas a enseñar cuándo, cómo
y dónde tirar las redes? ¿No te
das cuenta que nos pasamos toda la noche y no
pudimos encontrar nada y que hay días
como hoy que parece que no son los más
apropiados para pescar? Por lo que fuere, ellos
le hicieron caso y fue tal la pesca, que sacaron
una enorme cantidad de peces como nunca y de
gran tamaño todavía.
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Analizando la actitud de
Pedro y sus compañeros, podemos constatar
que el haber reconocido con humildad sus limitaciones
y abrirse a la fe, aun sin ser ella muy grande,
se pueden conseguir muchas cosas en cualquier
orden de nuestra existencia, máxime
en el campo apostólico.
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Uno de los mayores peligros sobre
todo para un militante eclesial, en cualquier puesto
que se encuentre, es pretender cumplir su labor confiando
en sus solas fuerzas prescindiendo del Señor,
sin hacer oración previamente y lo peor, creerse
que uno es superior a los demás, sin atajar el
sentimiento de vanidad que a cada momento está
acechando para enrarecer el clima de un grupo o de una
familia, malogrando de ese modo lo que se está
realizando…..
Los gestos del Señor dando a comer del pez y
del pan, semejantes a los que cumplió en la última
cena, como en otras ocasiones, en que él repartió
panes y peces, que milagrosamente multiplicó,
nos hablan de la necesidad que tenemos los que trabajamos
por el Señor en su Iglesia de estar siempre alimentados
de su Cuerpo y de su Sangre para dar frutos y frutos
en abundancia.
Él dijo: "Yo soy la vid, ustedes los sarmientos;
el que sigue conmigo, y yo con él, ese produce
mucho fruto, pues sin mí no podrán hacer
nada...
De aquí surge la imperiosa necesidad para un
dirigente de Kolping, esté en el cargo que sea,
que no puede descuidar la Eucaristía semanal,
so pena de dar poco o ningún fruto en la labor
que está desempeñando.
Por último me voy a detener en el diálogo
que Jesús mantuvo con Pedro a través del
cual Nuestro Señor trató de saber de los
propios labios de su discípulo si lo amaba o
no.
Era la demostración más patente de la
gran misericordia de Nuestro Señor para con su
discípulo a quien le daba una nueva oportunidad
para rehabilitarse ante él y así confiarle
nuevamente la jefatura de su Iglesia. Decía un
santo que no siempre el Espíritu Santo escoge
para encomendarle un tarea muy importante al que sabe
más sino al que ama más.
Quien no ama mucho al Señor, tarde o temprano
corre el riesgo de dejar todo por cansancio, por las
contradicciones y dificultades que uno pueda encontrar
a su paso, por lo que sea.
San Agustín decía: "Quien ama de
veras, no se cansa de amar ni cansa a los demás". |
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Pbro.
Vitale Doroskevich
Asesor Kolping |
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