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Saludo Navideño 2007 a las Familias Kolping en todo el mundo

 
«Adolfo Kolping:
Un signo del amor de Dios hacia los hombres»

Estimadas amigas y amigos Kolping:
Con ninguna fiesta religiosa asociamos tan altas expectativas, como con la Fiesta de Navidad. Es la fiesta de la paz, del amor y de la familia. En la época navideña se despiertan sueños ancestrales de la humanidad: el anhelo de unidad y de paz, de justicia y de equidad, de acogida y de amor por la patria.

En Navidad se nos muestra nuestro lugar de pertenencia, si es que pertenecemos a algún lugar.
¡Ojalá que durante la Navidad las armas guardaran silencio!
Durante la Fiesta Navideña no queremos escuchar noticias sobre catástrofes naturales y conflictos de poder, ni tampoco nos interesan los problemas de nuestro trabajo. Por lo menos durante algunos días del año, deseamos que lo oscuro de la vida no nos moleste.
Sin embargo, me pregunto: ¿Podemos excluir sin más de nuestros sentimientos el mundo y su realidad? ¿No es verdad que, precisamente, este mismo mundo – nuestro mundo – tan frágil y herido, tan desesperanzado y angustiado y siempre arrastrado al pecado, está en la raíz de la fiesta de Navidad? ¿Por qué estamos esperando al Salvador? ¿Por qué acontece la encarnación de Dios? Porque Él quiso insertarse en nuestras vidas perdidas compartiendo nuestros temores y nuestras desesperanzas. Su amor a los seres humanos, a nosotros, le impulsó a hacerse Él mismo persona humana.

Tuvo conmiseración con nosotros, compartiendo por ello nuestra miseria.
No creemos en un Dios soberbio, que mirando desde las alturas, a su mundo aquí abajo con desprecio y repugnancia, le da la espalda. Confiamos en un Dios que mostró su amor por este mundo y sus seres humanos de una manera insuperable, haciéndose uno de nosotros. Es un Dios que nos acoge con afecto.
Él se nos regaló a sí mismo como niño. En el tiempo de Adviento, la Sagrada Escritura nos habla con frecuencia a través del Profeta Isaías. Las palabras del Antiguo Testamento desembocan en el mensaje de Nochebuena: Se nos ha nacido el Salvador. No necesitamos tenerle miedo ni escondernos ante Él. Tampoco tenemos que arrancarnos lejos de Él por nuestras culpas ni demostrarnos fuertes ante Él. Con toda nuestra desesperanza y toda nuestra impotencia, podemos acudir al Hijo de Dios hecho un niño y acostado en un pesebre. En este niño, en toda la persona de Jesucristo, estamos de tú a tú con Dios.
En Jesús de Nazaret, Dios mismo se sumerge enteramente en la realidad del mundo,asumiendo la contingencia de la vida hasta la muerte. El Viernes Santo nos revelará a un Dios que – siendo una persona humana más – cierra filas con toda la humanidad ayudándonos a convertirnos en seres verdaderamente humanos.


 
Entonces ¿qué pasará con nuestras expectativas y nuestros deseos respecto a la Navidad? Seguramente no van a cumplirse en el corto plazo de uno o dos días. La encarnación de Jesucristo tampoco ocurrió de un día para otro. ¡Duró toda una vida!
Dios asumió ese riesgo por amor a nosotros, haciéndose uno de nosotros en las buenas y en las malas.
.Se hizo uno de nosotros para que nosotros junto a Él nos hiciéramos más humanos

Todo esto, estimadas hermanas y hermanos, tiene que tener consecuencias concretas. Hace más de 150 años, Adolfo Kolping fue para cientos y miles de jóvenes artesanos un signo del amor de Dios. A través de su palabra y su obra, el Beato Adolfo Kolping abrió nuevas perspectivas y nuevas esperanzas para mucha gente ayudándole a construir su vida cristiana sobre la base de lo vivido y lo experimentado en la Asociación de Jóvenes Artesanos. Como artesanos, trabajadores y padres de familia llegarían a ser capaces de transmitir a muchos otros lo que habían recibido como regalo y lo que habían aprendido en la Asociación.

De esa manera, Adolfo Kolping es precisamente uno de aquellos «profetas » que lograron hacer visible el amor de Dios a nosotros, los seres humanos. Darle al Beato Adolfo Kolping un lugar en el misterio de Navidad, lo pone de manifiesto como una parte de la gran luz que alumbra la oscuridad. En más de 60 países del mundo, su obra y su mensaje iluminan todavía hoy el camino por la vida de mucha gente. Esto no lo deberíamos olvidar nunca en medio de nuestros propios problemas, nuestra discusiones y nuestros conflictos.
En esta Fiesta Navideña nos deseo a todos que experimentemos algo de esa ternura de Dios para con nosotros, los seres humanos, y que la transmitamos a los demás como el mejor regalo de Navidad.
Suyo,

Mons. Axel Werner
Praeses General
 
 
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