Adviento:
Estilo Cristiano de vida. Comenzamos simultáneamente
el tiempo de adviento y el año litúrgico. El adviento es
polivalente. Por una parte, se orienta a la celebración de
la primera venida histórica de Cristo en carne mortal;
pero por otra, nos remite también a su venida última en
poder y gloria, sin perder por ello la perspectiva del presente
en que se realizan las continuas venidas de Dios en
los acontecimientos diarios de la historia personal y comunitaria.
La utopía mesiánica de la paz universal que proclama el
Profeta Isaías _ de las espadas forjarán arados, de las
lanzas podaderas_ se hace realidad en Cristo Jesús, a
quien el adviento cristiano proclama mesías y príncipe de
la paz, imágenes que acompañaran la reflexión de este
tiempo litúrgico.
Espiritualidad de un adviento inacabado: En la vivencia
cristiana del adviento debe haber un equilibrio de las tres
venidas (pasada, presente y futura), que se celebran y
confluyen en el tiempo de gracia que comenzamos. Pasado
y futuro se hacen presente en el “ya” iniciado de la
salvación de Dios, que “todavía no” poseemos en su plenitud
final.
El adviento como la esperanza cristiana, es un
cheque al portador que ya posee en mano el creyente,
pero que todavía no ha cobrado. Esa es la tensión y el
equilibrio de la escatología cristiana entre el “ya sí”, pero
todavía no”. Esto no debe ser motivo de desazón o angustia
para el cristiano, sino de vigilancia activa, esperanza
gozosa y seguridad absoluta en la fe, que es la plena
garantía de un futuro luminoso.
Estilo cristiano de vida: De aquí se deduce que el adviento,
más que un tiempo limitado a cuatro semanas del calendario,
es una actitud permanente, un estilo de vida para
el cristiano, un proceso de liberación siempre en marcha
hacia Dios, hacia los hermanos y hacia el mundo como
lugar teológico de la presencia y acción salvadora de Dios.
El adviento es también, la hora apremiante de Dios, ya
que nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos
a creer. Es decir que hay que dejar las actividades
de las tinieblas y conducirnos como en pleno día, con
dignidad; como dice San Pablo. (Rom 13,11-13ª).
El estilo vigilante del adviento inacabado es lo que distingue
al creyente. Porque el adviento es la iniciativa constante
de Dios mismo que viene a nuestro encuentro para
confiarnos una tarea apasionante y siempre inacabada: la
construcción del mundo y del hombre nuevos. Por eso el
adviento es realidad presente y esperanza futura, es respuesta
al vacío existencial de muchos, es razón para vivir,
amar y esperar a pesar del desencanto y el cansancio de
la vida.
Para llegar a la Navidad y encontrarnos con la vida plena “El Verbo encarnado”.
Con abrazos.
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