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Bajo el lema:
«CIUDADANOS
DEL
MUNDO Y
DE LA IGLESIA
», y en el
marco del
tema: Aparecida,
camino
de renovación,
discipulado y misión», el Departamento
de Laicos de la CEU
convocó al XXXII Encuentro Nacional
de Laicos que se realizó el
17 de noviembre de 2007 en
Paysandú en el Colegio Ntra. Sra.
del Rosario. |
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Fue un encuentro de hermanos de
todo el país, un ntercambio de experiencias
y una celebración de la vida y
de la fe. Volvimos llenos de esperanza
y desafíos.
En el material que nos convocaba a
prepararnos para este encuentro nos
contaban que luego de mucha reflexión
llegaron a la conclusión que el
lema debía ser “Ciudadanos del mundo
y de la Iglesia” y aclaraban “Sí,
ciudadanos: comprometidos, responsables,
asumiendo desafíos y riesgos.
Sí del mundo, pues ¿dónde vamos a
desarrollarnos sino donde el mismo
Dios quiso poner su tienda entre nosotros?”
La metodología de trabajo fue: “ver,
juzgar y actuar” recuperada en
Aparecida paro resignificada en este
encuentro “ a la luz de la nueva inteligencia
y sensibilidad de este tiempo
presente”; y aclaran:
> Resignificar el ver incluye: ver con
otros y desde otros, participar, habilitar
espacios, asumiendo responsabilidades.
> Cuando decimos hoy «juzgar» supone
el esfuerzo de mirar como Jesús
vería hoy la realidad. Desde el Evangelio
que es Jesús mismo ¿ cómo analizar
la realidad que nos toca vivir? Se
trata de un juicio profético y libre,
arriesgado y comprometido como el
de Jesús.
> El “actuar” del discípulo misionero
de hoy, no es sólo hacer, sino –y
sobre todo- un nuevo modo de relacionarse,
de ser con otros, de vivir
relaciones humanizantes que por si
solas son respuestas y desafío al anonimato
de las grandes urbes…
Siguiendo este método tomamos
como eje de la reflexión tres afirmaciones
de Jesús:
Ver “¿de qué van conversando en el
camino?” Lc. 24,17
Juzgar: “Vengan ami los que están cansados
y agobiados” Mt. 11,28
Actuar “Lo que están viendo y oyendo
cuéntenselo a Juan” Mt. 11,4-6
En el encuentro, divididos en grupos,
fuimos poniendo en común las respuestas
que llevábamos desde nuestras
comunidades.
Compartimos como vemos la realidad
y cómo nos sentimos en ella, siendo
protagonistas y no meros
espectadores.¿Qué está pasando en
nuestras vidas, familias, barrios, ciudad?
Señalamos aspectos negativos y
positivos:
Como negativo vimos:
Individualismo, consumismo, falta de
límites, degradación de valores, falta
de diálogo, inseguridad, (en todos los
aspectos, no sólo desde el punto de
vista del receptor sino la dificultad
para generarla) crisis en las familias,
adicciones, pobreza, falta de trabajo,
entre otros.
Aspectos positivos:
Los valores vividos en familia no se
pierden. Ante las dificultades las personas
se unen en grupos: pequeñas
comunidades, CEBs, comisiones
barriales, proyectos productivos,
comisiones de padres, comisiones de
ayuda a policlínicas, ante catástrofes
climáticas como inundaciones vemos
solidaridad, etc.
Juzgar: Desde Jesús y desde su prédica
del Reino
a) ¿Quién es Jesús para nosotros?
b) ¿Qué dice Él de si mismo?
c) ¿A qué nos sentimos invitados por
este Jesús de los Evangelios?
Respuestas:
a) Amigo, confidente, salvador, paciente,
luz, amor, perdón, esperanza,
vida plena.
b)” Soy el camino, la verdad y la vida”,
“vengan a mi los que están cansados
y agobiados y yo los aliviaré” entre
otras.
c) a seguirle, a confiar en Él, a compartir
con otros la dicha de conocerle,
a verle en los más pequeños, etc.
Actuar
¿Cómo le anunciamos a Juan, a María,
a los ancianos, a los jóvenes, a los
niños, a los que no creen, a los que
practican otra religión, a los que esperan
sin saber…?
Visitando a las familias, valorándolas,
escuchándolas, con perseverancia,
llevando testimonio de nuestro encuentro
con Jesús y su obra en nuestras
vidas, involucrándonos con las
necesidades de nuestro pueblo y tratando
de transformar la realidad por
una mejor.
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La Sra. María del Rosario Alves y el P.
Alejandro Gallesio hicieron una amplia
exposición sobre el lema “Ciudadanos
del mundo y de la Iglesia”
a la luz del Documento de Aparecida.
A este respecto quiero transcribir dos
numerales del Documento de Aparecida,
para que comencemos a familiarizarnos
y a interpelarnos para ver
cómo andamos en eso de ser Ciudadanos
del mundo y de la Iglesia.
“Ser discípulos misioneros de Jesucristo
para que nuestro pueblo, en Él,
tenga vida, nos lleva a asumir
evangélicamente y desde la perspectiva
del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de
todo ser humano, y a trabajar juntos
con los demás ciudadanos e instituciones
en bien del ser humano. El
amor de misericordia para todos los
que ven vulnerada su vida en cualquiera
de sus dimensiones, como bien nos
muestra el Señor en todos sus gestos
de misericordia, requiere que socorramos
las necesidades urgentes, al
mismo tiempo que colaboramos con
otros organismos o instituciones para
organizar estructuras más justas en
los ámbitos nacionales e internacionales.
Urge crear estructuras que consoliden
un orden social, económico y
político en el que no haya inequidad y
donde haya posibilidades para todos.
Igualmente se requieren nuevas estructuras
que promuevan una auténtica
convivencia humana, que impidan la
prepotencia de algunos y faciliten el
diálogo constructivo para los necesarios
consensos sociales. (384 DA)
“La misericordia siempre será necesaria,
pero no debe contribuir a crear
círculos viciosos que sean funcionales
a un sistema económico inicuo. Se
requiere que las obras de misericordia
estén acompañadas por la búsqueda
de una verdadera justicia social,
que vaya elevando el nivel de vida
de los ciudadanos, promoviéndolos
como sujetos de su propio desarrollo.
En su Encíclica Deus Caritas est, el
Papa Benedicto XVI ha tratado con
claridad inspiradora la compleja relación
entre justicia y caridad. Allí nos
dice que “el orden justo de la sociedad
y del Estado es una tarea principal
de la política” y no de la Iglesia.
Pero la Iglesia “ no puede ni debe quedarse
al margen en la lucha por la justicia”.
Ella colabora purificando la
razón de todos aquellos elementos
que la ofuscan e impiden la realización
de una liberación integral. También
es tarea de la Iglesia ayudar con
la predi cación, la catequesis, la denuncia,
el testimonio del amor y de
justicia para que se despierten en la
sociedad las fuerzas espirituales necesarias
y se desarrollen los valores
sociales. Sólo así las estructuras serán
realmente más justas, podrán ser
eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin
valores no hay futuro y no habrá estructuras
salvadoras, ya que en ellas
siempre subyace la fragilidad humana.
( 385 DA)
En una primera y rápida lectura diremos:
la Obra Kolping va por buen camino,
y es verdad, es intrínseco a nuestro
carisma vivir la fe desde nuestro
ser ciudadano, involucrándonos con
responsabilidad en los distintos ámbitos
de nuestra vida,: trabajo, barrio,
ciudad, etc. Integrándonos a todas las
camisones de la comunidad donde
podamos colaborar en la transformación
del dolor en esperanza. Según la
Doctrina Social de la Iglesia, desde
nuestras Parroquias y Capillas, generalmente
integrados a Pastoral Social.
Pero si hacemos una lectura más profunda
veremos que recién comenzamos
a caminar y nos falta mucho por
recorrer, y ese es el desafío que nos
plantea el Documento de Aparecida
y este encuentro de laicos.
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Concepción Nuñez
Coordinadora Tacuarembó y Rivera |
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