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setiembre 2006 diciembre 2006 mayo 2007 setiembre 2007 diciembre 2007
 
  Escribe Dr. Pablo Guerra[1]

 

El Desarrollo de los Pueblos 40 años después

Introducción
La Encíclica Populorum Progressio constituye sin ninguna duda uno de los puntos más altos en la historia de la Doctrina Social de la Iglesia. El llamado a convencernos “de la urgencia de una acción humana solidaria en este cambio decisivo de la historia de la humanidad” con respecto al desarrollo de los pueblos, aún resuena con fuerza en nuestras convicciones. La conceptualización integral del desarrollo, que “no se reduce a simple crecimiento económico”, es –qué duda cabe- vanguardista en el estudio de las ciencias sociales, y marca desde entonces con fuerza a quienes
procuran una economía más humana, guiada mucho más por determinados indicadores sociales que por la mera evolución del PBI. En todos estos logros conceptuales, de gran densidad teórica, aparece la mano del Padre Lebret, ese Dominico incansable que justamente recorriera buena parte del Tercer Mundo promoviendo una Economía Humana, como proyecto transformador de las estructuras generadoras de tanta miseria y dolor humano.

Sobre la Encíclica Populorum Progressio
La emergencia de la economía solidaria Cuarenta años después, sin embargo, el proyecto de un “desarrollo integral” y de una “economía humana” parecen muy distantes. Y esto es así, puesto que nuestra economía está en crisis tanto desde el punto de vista del resultado de sus prácticas, como desde el punto de vista de su elaboración teórica. Como resultado de estas crisis, numerosos colectivos humanos han venido promoviendo una nueva lectura de la economía, y nuevas prácticas concretas: nos referimos al movimiento de las economías solidarias, uno de los acontecimientos más significativos de estas últimas décadas, por el aporte que realizan en el marco de la construcción de esa Civilización del Amor que proponía Pablo VI.
El pensamiento económico más convencional ha sufrido y sufre de serias carencias que una teoría económica con rostro humano (llámese socioeconomía, economía solidaria, o como prefería Lebret, lisa y llanamente “economía humana”), debe enfrentar con argumentos
sólidos. Veamos en esta oportunidad una de ellas, a saber: la simple alineación crecimiento – desarrollo ha
entrado en una seria crisis.

El concepto de desarrollo económico

asociado al crecimiento, al menos como paradigma ha entrado en crisis desde hace varios años, tanto en el plano teórico como en el de las prácticas sociales. Para llegar a esta conclusión, debemos centrar nuestra atención en el concepto de las “externalidades” (o efectos no deseados) , en este caso del crecimiento económico, dando cuenta por ejemplo, de indicadores muy negativos en materia medioambiental, desempleo, pobreza, así como segmentación y exclusión social, como los vistos anteriormente. En lo particular hemos insistido en nuestros escritos, que ese modelo de desarrollo no es autóctono, sino que nos fue impuesto por los países centrales, que confiados en las relaciones de intercambio, fueron destruyendo los ricos tejidos sociales y comunitarios de amplias comunidades nativas. En América Latina, podemos hacer especial referencia al caso de la llamada “República de los Guaraníes”, experiencia sin parangón, organizada en términos económicos en base a relaciones comunitarias y de reciprocidad. Como se sabe, fue un proyecto lamentablemente abortado por la injerencia de la Corona Hispánica y Lusitana, conevidentes intereses geopolíticos y económicos opuestos a los desarrollados durante ciento cincuenta años por jesuitas y nativos. Más acá en el tiempo, mientras tanto, hemos asistido de la mano del mal llamado Consenso de Washington, a una nueva oleada que asociaba el desarrollo a la mayor competitividad mercantil. Hoy en día, salvo en ciertos nichos neoliberales, nadie niega que esta visión no ha dado los frutos esperados.

 

 

Los propios organismos internacionales han ido variando sus marcos teóricos y hoy señalan que el mercantilismo dejado a su arbitrio no es solución, y que el desarrollo es mucho más que mero crecimiento.

También ofician de indicadores de fracaso de ese modelo crematístico de crecimiento, las numerosas experiencias de economías alternativas y solidarias que han emergido en todo el mundo en las últimas décadas, así como los movimientos críticos a las ideas predominantes en materia de políticas económicas.
En tal sentido debemos hacer referencia a cómo sobre fines del siglo XX surgen corrientes que analizan al desarrollo como un proceso que tiene como referentes a las personas y no a los bienes.

Conceptos como “Desarrollo a Escala Humana”, o “The Small is Beautiful”, para señalar sólo dos que han tenido amplia divulgación en el Sur y Norte del mundo, se presentan como nuevos paradigmas de desarrollo.
Las consecuencias de estos enfoques son inmediatas: pensar una economía más humana, implica tener una concepción del desarrollo lo más integral posible.
El mero aumento del PBI no nos dice nada acerca de la calidad del crecimiento.
Piénsese que si ese aumento en un país determinado se debe a la construcción de nuevas cárceles y a la compra de más armas para hacer frente a la mayor delincuencia, entonces estamos muy lejos de una mejor situación social. Algunos nuevos enfoques que compartimos, velan por la construcción de indicadores de salud social que incorporan aspectos como la estabilidad familiar, la integración social, el nivel de consumo de drogas, o la evolución de la criminalidad para complejizar la idea de desarrollo en nuestros países.

Las Respuestas
Si bien la Segunda Parte de la Encíclica se titula “Hacia el Desarrollo Solidario de la Humanidad”, la misma no logra visualizar actores y movimientos concretos.
Tuvimos que esperar a Sollicitudo Rei Socialis, para que S.S. Juan Pablo II, destacara entre los signos positivos, la organización solidaria de los sectores populares. En otras palabras, se refería a lo que luego llamaría en una conferencia dictada en la CEPAL (1987), una “economía solidaria” en la que cifraba“toda la esperanza para América Latina”.
Justamente la economía solidaria, vista en sus plurales dimensiones: como movimiento de ideas, como nuevo paradigma de las ciencias sociales, y como prácticas concretas de economías alternativas; creemos es uno de los hallazgos más notables que se han podido observar en las últimas décadas para avanzar hacia el deseado desarrollo integral “a todos los hombres y a todo el hombre” como nos lo recuerda nuestra Encíclica.
Una nueva economía que reconociendo las limitaciones que Populorum Progressio establece con claridad respecto tanto del libre mercado como del colectivismo estatista, prioriza a la sociedad civil organizada comunitariamente para dar cuenta de sus plurales necesidades humanas insatisfechas por los modelos hegemónicos.

[1] El texto completo puede verse en“Populorum Progressio: un message por le XXI siècle, France, Développement et Civilitations”, Octubre 2007.

Dr. Pablo Guerra
 
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