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El Desarrollo de los Pueblos
40 años después
Introducción
La Encíclica Populorum Progressio
constituye sin ninguna duda uno de los
puntos más altos en la historia de la
Doctrina Social de la Iglesia. El llamado
a convencernos “de la urgencia de una
acción humana solidaria en este cambio
decisivo de la historia de la humanidad”
con respecto al desarrollo de los pueblos,
aún resuena con fuerza en nuestras
convicciones. La conceptualización
integral del desarrollo, que “no se reduce
a simple crecimiento económico”,
es –qué duda cabe- vanguardista en el
estudio de las ciencias sociales, y marca
desde entonces con fuerza a quienes
procuran una economía más humana,
guiada mucho más por determinados
indicadores sociales que por la mera
evolución del PBI. En todos estos logros
conceptuales, de gran densidad
teórica, aparece la mano del Padre
Lebret, ese Dominico incansable que
justamente recorriera buena parte del
Tercer Mundo promoviendo una Economía
Humana, como proyecto transformador
de las estructuras
generadoras de tanta miseria y dolor
humano.
Sobre la Encíclica Populorum Progressio
La emergencia de la economía solidaria
Cuarenta años después, sin embargo, el
proyecto de un “desarrollo integral” y
de una “economía humana” parecen muy
distantes. Y esto es así, puesto que nuestra
economía está en crisis tanto desde
el punto de vista del resultado de sus
prácticas, como desde el punto de vista
de su elaboración teórica. Como resultado
de estas crisis, numerosos colectivos
humanos han venido promoviendo
una nueva lectura de la economía, y nuevas
prácticas concretas: nos referimos
al movimiento de las economías solidarias,
uno de los acontecimientos más
significativos de estas últimas décadas,
por el aporte que realizan en el marco
de la construcción de esa Civilización
del Amor que proponía Pablo VI.
El pensamiento económico más convencional
ha sufrido y sufre de serias carencias
que una teoría económica con rostro
humano (llámese socioeconomía,
economía solidaria, o como prefería
Lebret, lisa y llanamente “economía
humana”), debe enfrentar con argumentos
sólidos. Veamos en esta oportunidad
una de ellas, a saber: la simple alineación
crecimiento – desarrollo ha
entrado en una seria crisis.
El concepto de desarrollo económico
asociado al crecimiento, al menos
como paradigma ha entrado en crisis
desde hace varios años, tanto en el plano
teórico como en el de las prácticas
sociales. Para llegar a esta conclusión,
debemos centrar nuestra atención en
el concepto de las “externalidades” (o
efectos no deseados) , en este caso del
crecimiento económico, dando cuenta
por ejemplo, de indicadores muy negativos
en materia medioambiental, desempleo,
pobreza, así como segmentación
y exclusión social, como los vistos
anteriormente.
En lo particular hemos insistido en nuestros
escritos, que ese modelo de desarrollo
no es autóctono, sino que nos fue
impuesto por los países centrales, que
confiados en las relaciones de intercambio,
fueron destruyendo los ricos tejidos
sociales y comunitarios de amplias
comunidades nativas. En América Latina,
podemos hacer especial referencia
al caso de la llamada “República de los
Guaraníes”, experiencia sin parangón,
organizada en términos económicos en
base a relaciones comunitarias y de reciprocidad.
Como se sabe, fue un proyecto
lamentablemente abortado por la
injerencia de la Corona Hispánica y Lusitana, conevidentes intereses
geopolíticos y económicos opuestos a
los desarrollados durante ciento cincuenta
años por jesuitas y nativos.
Más acá en el tiempo, mientras tanto,
hemos asistido de la mano del mal llamado
Consenso de Washington, a una
nueva oleada que asociaba el desarrollo
a la mayor competitividad mercantil. Hoy
en día, salvo en ciertos nichos
neoliberales, nadie niega que esta visión
no ha dado los frutos esperados.
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Los propios organismos internacionales
han ido variando sus marcos teóricos
y hoy señalan que el mercantilismo
dejado a su arbitrio no es solución, y
que el desarrollo es mucho más que
mero crecimiento.
También ofician de indicadores de fracaso
de ese modelo crematístico de crecimiento,
las numerosas experiencias
de economías alternativas y solidarias
que han emergido en todo el mundo en
las últimas décadas, así como los movimientos
críticos a las ideas predominantes
en materia de políticas económicas.
En tal sentido debemos hacer referencia
a cómo sobre fines del siglo XX surgen
corrientes que analizan al desarrollo
como un proceso que tiene como
referentes a las personas y no a los bienes.
Conceptos como “Desarrollo a Escala
Humana”, o “The Small is Beautiful”,
para señalar sólo dos que han tenido
amplia divulgación en el Sur y Norte del
mundo, se presentan como nuevos
paradigmas de desarrollo.
Las consecuencias de estos enfoques son
inmediatas: pensar una economía más
humana, implica tener una concepción
del desarrollo lo más integral posible.
El mero aumento del PBI no nos dice
nada acerca de la calidad del crecimiento.
Piénsese que si ese aumento en un
país determinado se debe a la construcción
de nuevas cárceles y a la compra de
más armas para hacer frente a la mayor
delincuencia, entonces estamos muy
lejos de una mejor situación social. Algunos
nuevos enfoques que compartimos,
velan por la construcción de
indicadores de salud social que incorporan
aspectos como la estabilidad familiar,
la integración social, el nivel de consumo
de drogas, o la evolución de la
criminalidad para complejizar la idea de
desarrollo en nuestros países.
Las Respuestas
Si bien la Segunda Parte de la Encíclica
se titula “Hacia el Desarrollo Solidario
de la Humanidad”, la misma no logra
visualizar actores y movimientos concretos.
Tuvimos que esperar a
Sollicitudo Rei Socialis, para que S.S. Juan
Pablo II, destacara entre los signos positivos,
la organización solidaria de los
sectores populares. En otras palabras,
se refería a lo que luego llamaría en una
conferencia dictada en la CEPAL (1987),
una “economía solidaria” en la que cifraba“toda la esperanza para América
Latina”.
Justamente la economía solidaria, vista
en sus plurales dimensiones: como
movimiento de ideas, como nuevo paradigma
de las ciencias sociales, y como
prácticas concretas de economías alternativas;
creemos es uno de los hallazgos
más notables que se han podido observar
en las últimas décadas para avanzar
hacia el deseado desarrollo integral “a
todos los hombres y a todo el hombre”
como nos lo recuerda nuestra Encíclica.
Una nueva economía que reconociendo
las limitaciones que Populorum
Progressio establece con claridad respecto
tanto del libre mercado como del
colectivismo estatista, prioriza a la sociedad
civil organizada
comunitariamente para dar cuenta de
sus plurales necesidades humanas insatisfechas
por los modelos
hegemónicos.
[1] El texto completo puede verse en“Populorum Progressio: un message
por le XXI siècle, France,
Développement et Civilitations”, Octubre
2007.
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Dr. Pablo Guerra |
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