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Desde hace ya varios años se viene divulgando
en el mundo de las ideas y las
prácticas económicas alternativas, el
concepto de economía de la solidaridad,
economía solidaria, o como hemos preferido
llamar nosotros mismos,
socioeconomía de la solidaridad.
En todos los casos, la expresión es utilizada
para dar cuenta de las numerosas
experiencias de hacer economía (en sus
diversas fases de producción, distribución,
consumo y acumulación) que se
caracterizan por movilizar recursos, factores,
relaciones económicas, y valores
alternativos a los que hegemonizan en
nuestros mercados.
Al tratarse de experiencias que pretenden
manejarse con criterios alternativos
en alguna de las cuatro fases de la
economía, necesariamente estamos
frente a una realidad muy diversificada
de propuestas, por ejemplo: cooperativas,
grupos asociativos y empresas recuperadas,
talleres autogestionados, comunidades
de trabajo, experiencias de
comercio justo, de ahorro ético, etc. En
todos los casos, lo que une a tan variadas
experiencias es la búsqueda de una
economía más justa, más participativa y
solidaria por medio del asociativismo y
de la cooperación.
En efecto, lo primero que caracteriza
al movimiento de la economía
solidaria en todo el mundo, es el
movilizarse por cambiar el sentido
que actualmente vienen teniendo
los procesos económicos generadores
de tanta pobreza, iniquidades,
desempleo y deterioro
medioambiental.
Frente a ese panorama lo que propone
la economía solidaria es un modelo de
desarrollo distinto, basado en experiencias
comunitarias donde se puedan
vivenciar los valores de la solidaridad,
de la ayuda mutua, de la equidad, de la
participación y del respeto por el medio
ambiente.
En síntesis, se puede decir que la economía
de la solidaridad se caracteriza
por demostrar en los hechos que es
posible (y necesario) incorporar la solidaridad
como elemento vertebral de
nuestros comportamientos económicos.
Van aquí cuatro principios fundamentales
de toda emprendimiento de economía
solidaria:
Solidaridad y ayuda mutua: un
emprendimiento de economía solidaria
se caracteriza por el clima humano
de cooperación. Más allá de las divisiones
de roles debe existir compañerismo
y ayuda mutua. ¿Eso significa que no
existen conflictos?. De ninguna manera
pues en todo grupo humano hay conflictos.
Sin embargo, en un
emprendimiento de economía solidaria,
como en una familia, el conflicto
debe resolverse mediante el diálogo y
el ponerse en el lugar del otro.
Equidad: el emprendimiento de economía
solidaria se constituye por personas
con igualdad de derechos y responsabilidades
(socios). La propia división
del trabajo del emprendimiento
obliga a veces a fijar salarios diferenciales.
En este caso se recomienda establecer
un límite entre los salarios más
bajos y los más altos a los efectos de
evitar las diferencias tan alarmantes de
las empresas capitalistas. Luego, las
eventuales ganancias se distribuyen a
prorata, o sea, se da a cada uno según el
aporte realizado. En un
emprendimiento solidario, sin embargo,
para los beneficios se suele tener en
cuenta no sólo los aportes, sino además
las necesidades de cada uno.
Participación democrática:
Orígenes de la economía de la solidaridad:
La economía de la solidaridad entendida
en el sentido anterior existe desde
los orígenes mismos de la humanidad.
Sin embargo tuvimos que esperar hasta
hace relativamente poco tiempo para
que la literatura comenzara a utilizar
nuestro término de referencia.
De acuerdo a nuestras investigaciones,
rastreando buena parte de la literatura
sobre estos fenómenos, hemos llegado
a la conclusión que si bien fueron numerosos
los autores que manejaron el
concepto de la solidaridad en los procesos
económicos, el término concreto
de “economía de la solidaridad” no fue
utilizado sino hasta comienzos de los
años ochenta, por parte Luis Razeto
quien encontró entre las barriadas y
sectores populares un profundo tejido
social integrado por miles de organizaciones
económicas populares (OEPs).
Justamente esas organizaciones servirían
de plataforma para llegar al concepto
de “economía de la solidaridad”,
ya que entre sus características se destacaba
el hecho de presentarse comoexperiencias económicas por un lado, y
experiencias basadas en valores solidarios
por otro. Casi treinta años después
de esas investigaciones, las características
relevadas en su momento sobre las
OEPs. continúan siendo expresivas de
una realidad que en muchos países parece
continuar tan vigente como antes.
Veamos entonces en qué se distinguen
esas organizaciones populares:
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· Son iniciativas surgidas en ambientes
populares, tanto del medio urbano como
del medio rural.
· Son experiencias asociativas, muchas
veces de carácter familiar, otras veces
de carácter vecinal o funcional.
· Como organizaciones, se proponen alcanzar
ciertos objetivos precisos, a partir
de los cuales crean sus propias estrategias.
· Son iniciativas que surgen para enfrentar
un conjunto de carencias. Lo distintivo
es que por lo general satisfacen no
sólo necesidades individuales, sino también
sociales.
· Enfrentan las carencias con sus propios
recursos. Se trata de organizaciones
que movilizan las energías de la propia
sociedad civil. Aún así, se trata de
experiencias muchas veces apoyadas por
terceras instituciones.
· Son iniciativas que implican relaciones
y valores solidarios (esto daría pie al
concepto de economía de la solidaridad).
· Son iniciativas que se proponen ser
participativas, democráticas,
autogestionarias y autónomas.
· Por lo general no se limitan a realizar
una sola tarea, sino que propender a dar
respuestas integrales.
· Finalmente, son experiencias que desarrollan
un discurso y una práctica alternativa
respecto del sistema dominante[
2].
Tenemos entonces que el concepto de
Organizaciones Económicas Populares,
sirvió para catapultar luego el concepto
de Economía de la Solidaridad. No puede
llamar la atención en ese sentido,
que mucha literatura de la época, e incluso
de los últimos años, manejara el
concepto de “economía popular solidaria”.
Llegado a este punto conviene precisar
algunos asuntos, que si bien en
principio pueden resultar en una mayor
complejidad del panorama, seguramente
contribuirán finalmente a un mejor
recorte de los comportamientos económicos
que nos interesa rescatar.
La primera precisión es que no toda
economía popular puede ser considerada
economía de la solidaridad: numerosas
experiencias de sobrevivencia entre
los sectores populares, lejos de practicar
valores solidarios se basan en mecanismos
y racionalidades ajenas a las
que se promueven desde nuestro paradigma:
nos referimos a distintas salidas
de corte individualistas, delictivas o inmorales,
etc.
Allí asoma como primer
desafío conducir las salidas
individualistas a salidas de corte comunitario
entre esos sectores.
Una segunda precisión, es que no todaslas experiencias de economías solidarias
surgen y se desarrollan en ambientes
populares: buena parte de las experiencias
se originan en otros contextos
socioeconómicos, menos apremiados
por las necesidades materiales, y por lo
tanto muchas veces con un mayor margen
para apostar por ciertos cambios de
valores en la puesta en práctica de numerosas
experiencias económicas.
Preguntas para el trabajo
en grupos
1.- Teniendo en cuenta los cuatro principios
que debe cuidar todo
emprendimiento de economía solidaria
(solidaridad y ayuda mutua, equidad,
participación y cuidado del medio
ambiente), ¿cuál de ellos cree usted
está mejor trabajado en su
emprendimiento y cuál de ellos merecería
trabajarse mejor?. Compartir
la respuesta en grupo.
2.- En el tercer párrafo señalamos que
la economía solidaria implica “una
realidad muy diversificada de propuestas”.
Dicho de otra manera, hay
numerosos caminos y fórmulas para
generar y desarrollar
emprendimientos de economía solidaria.¿Qué camino y fórmulas encontró
su emprendimiento para considerarse
parte de la economía solidaria?
3.-Decimos que en los
emprendimientos de economía solidaria
se comparten medios y beneficios.
En concreto, ¿cómo comparte
su emprendimiento los medios y/o los
beneficios?
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[1] Sociólogo. Programa Kolping Uruguay en
Economía Solidaria.
[2] Cfr. Razeto, L. Et al: Las organizaciones
económica s populares 1973 – 1990”,
Santiago, Pet, tercera edición ampliada,
1990.
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