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Ante el trámite del Proyecto de Ley
de “Salud Sexual y Reproductiva”,
que favorece la práctica del aborto,
los obispos del Uruguay queremos
expresar:
1 Hoy en día, gracias a moder
nas tecnologías, todos podemos
apreciar el maravilloso desarrollo
de la vida humana en el interior
de una madre junto a la esperanza
que trae una vida en gestación, especialmente
cuando una mujer la abraza,
la familia se ilusiona y la sociedad
le brinda protección. Ese pequeño ser
es ya sujeto de derechos. Nuestra legislación
le reconoce el derecho a heredar
en el caso de que el padre fallezca
durante su gestación. No es “algo” sino “alguien”. Por lo tanto no
se puede ejercer sobre él un derecho
absoluto de propiedad.
2 No desconocemos las circunstancias
difíciles en que nacen
muchos niños en nuestro país.
Pero hay que mirar las causas de estos
desequilibrios sociales, vinculados
al desigual reparto de oportunidades;
por lo que el 50% de niños del país
están naciendo en hogares
carenciados.
3 Reconociendo la dificultad de
muchas mujeres que afrontan un
embarazo no deseado, pensamos
que esta delicada situación debe
atenderse con solicitud, pero nunca
enfrentándolas como un rígido dilema.
Los conflictos humanos no se solucionan
verdaderamente eliminando
una parte, en particular cuando esta
parte es un sujeto de derecho, completamente
inocente e indefensa.
4 Algunos acusan a los cristianos
o creyentes de “fundamentalistas” por defender
el derecho de los concebidos no
nacidos. Cinco siglos antes de Cristo
fue el médico Hipócrates, quien se
negó a poner sus conocimientos
médicos al servicio de la muerte:
“Tampoco daré ninguna medicina mortal,
ni siquiera cuando me la pidan;
además no daré consejos al respecto,
ni facilitaré a ninguna mujer el aborto”.
5 Nuestra postura contraria al
aborto, no está fundamentada
prioritariamente en premisas
de orden religioso, porque el derecho
de un ser humano a nacer está
inscrito en la misma naturaleza humana,
que en el desarrollo posterior desplegará
los rasgos que son su sello de
dignidad: inteligencia, libertad, responsabilidad
y conciencia.
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6 Legalizar el aborto no cambia
lo malo en bueno. Una vez que
se concreta, las cosas terminan
mal para todos. Se pierde una vida
humana. La madre queda con heridas
que no cierran fácilmente. El médico
va contra la esencia de su noble
profesión. La sociedad pierde una
vida al no abrirle sus brazos. La cultura
de la vida queda golpeada.
7 Expresamos la máxima consideración
y respeto por toda
mujer, que se transforma en veneración
y agradecimiento cuando
contemplamos su maternidad, tanto
biológica como en todas las formas
en que este talento femenino se prodiga
en la vida social.
8 Cuando el pueblo de Israel soportó
años oscuros de esclavi
tud y el faraón egipcio sentenció
a muerte a los hijos varones, la
valiente “desobediencia civil” de las
parteras, encontró la manera de responder
a esta política genocida, argumentando
que, “como las mujeres
hebreas son más robustas, cuando acudimos
para asistirlas, ya dieron a luz”
(Ex 1,19). Aquellas mujeres representaban
el sentimiento humanitario de
tantas mujeres y manos solidarias que
en cada etapa de la historia han colaborado
para engendrar, alentar o
adoptar vidas humanas frágiles en
medio de angustias, sin doblegarse
ante ningún faraón.
9 Los uruguayos necesitamos
multiplicar señales de amparo
a la vida humana en medio de la
emigración y el invierno demográfico
que comprometen el futuro. El bienestar
de nuestro pueblo requiere hijos
e hijas que alegren los hogares,
colmen las aulas y espacios educativos
o de esparcimiento. Estamos a
favor del desarrollo integral de la vida
humana, que como obispos católicos
la miramos desde la perspectiva de
Jesucristo, que ha venido al mundo
para traer vida digna y abundante.
Florida, 12 de noviembre de 2007
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