20 AÑOS OBRA KOLPING URUGUAY
MENSAJE DEL ASESOR INTERNACIONAL,
MONS. AXEL WERNER
Estimados amigos de la Obra Kolping en Uruguay: hace veinte años
ustedes comenzaron a poner en práctica las ideas del Beato
Adolfo Kolping en su país.
Esta idea fue extraída de un continente lejano, con una
cultura y mentalidad diferentes.
Hace más de 150 años nació un movimiento a
través de la constancia en la fe y de la diligencia incansable
de un joven sacerdote de Kerpen, que hoy se puede llamar con mucho
orgullo la Obra Kolping Internacional. Una pequeña asociación
de jóvenes artesanos se convirtió en una gran asociación
social católica que existe en todo el mundo. La Obra Kolping
Uruguay es miembro de esta Asociación Internacional desde
hace 20 años.
Adolfo Kolping fue un hombre que no podía contentarse con
las condiciones de vida de su tiempo.
Se preguntó continuamente cómo especialmente la Iglesia
Católica debía enfrentarse a este desafío.
Adolfo Kolping pensó que los aportes caritativos que sse
otorgaban usualmente hasta el momento no eran suficientes. El joven
sacerdote continuó reflexionando sobre esto, como también
muchos contemporáneos. La sugerencia de resolver la gestión
social del Siglo XIX es tan disímil como las imágenes
del hombre en aquel tiempo.
Sugerencias inhumanas por no ser realizables fueron acompañadas
por una visión falsa del hombre. Adolfo Kolping puso el
dedo en la llaga del tiempo y buscó a personas que no querían
contentarse con una situación sin esperanza y sin perspectivas.
Adolfo Kolping buscaba personas dispuestas a seguir nuevos caminos.
Buscaba a personas que querían ir por su propia fuerza hacia
un futuro mejor. Y encontró a este grupo en los círculos
de los jóvenes artesanos y trabajadores de su parroquia.
Particularmente, en los jóvenes oficiales descubrió un
potencial enorme para realizar cambios.
Probablemente, lleno de alegría sobre esto, formuló la
frase siguiente: "queremos gente joven, alegre que todavía tiene el valor de la esperanza. El futuro pertenece
a Dios y a los valientes".
En contrario a sus contemporáneos, Karl Marx y Frederic
Engels, Adolfo Kolping no vio la solución de la miseria
en la revolución del proletariado. Quería empezar
junto con la generación joven a construir una sociedad basada
en los pilares fundamentales, en la fe cristiana, el trabajo, la
familia y la responsabilidad política. Quería lograr
este objetivo a través de la diligencia personal de cada
uno.
Queridos amigos en Uruguay: se tiene que dar la oportunidad a
los hombres de realizar sus sueños, particularmente a la
gente joven. Y cada uno debe recibir la oportunidad de poder trabajar
duramente para realizar sus sueños. Sin embargo, se tiene
que tener la voluntad para ello. Adolfo Kolping no es un patrono
de los pobres o de la gente pobre en nuestro tiempo. Adolfo Kolping
nos enseña a no ver la renovación de nuestra sociedad
con los brazos cruzados o, incluso, dejar el campo libre para las
fuerzas.
Desde hace veinte años la Obra Kolping Uruguay se dedica
a la tarea de mostrar al mayor número posible de personas
interesadas, perspectivas para su vida. La profundización
de nuestra religiosidad, el reforzamiento de la solidaridad mutua
y la ampliación de nuestra educación están
en el primer plano de nuestro trabajo como asociación católica
de laicos. La obra Kolping Uruguay sirve para enfrentar
estos conflictos en varias formas y participa activamente en el
intercambio de opiniones dentro de nuestros organismos.
Recuerdo, queridos amigos, gustosamente mi visita a ustedes en
Uruguay y el encuentro con tantas familias Kolping y los jóvenes
de su Asociación. Recuerdo con cariño, la organización
intensa de nuestro encuentro y los informes sobre su trabajo me
impresionaron mucho.
Particularmente, la espontaneidad, la cordialidad y la franqueza
de la gente joven me permitieron abrigar la esperanza de que nuestra
asociación tendrá un futuro en su país. Como
comunidad de carácter familiar, tenemos la ventaja de poder incluir talentos pero también las preocupaciones
y necesidades de todas las
generaciones en nuestro trabajo. Debemos siempre tener claro que
nuestro trabajo se basa de la dignidad
del hombre. Dios puso el hombre en el centro de su acción.
Por eso no debemos perder al hombre de nuestra vista, especialmente
en las discusiones actuales sobre el orden, la sociedad y de diferentes
modelos de la economía de mercado. Se trata de no perder
de vista este fundamento de nuestra idea cristiana del hombre.
Ni la Obra Kolping, ni tampoco la Obra Kolping en Uruguay, se entendieron
nunca como una organización de ayuda, con el fin de garantizar
una provisión de emergencia a través de ayuda económica.
Nuestros objetivos son de naturaleza a largo plazo. Se trata de
continuar explicando a la gente que la lucha para defender su dignidad
está en sus propias manos. Las armas para esto son la fe,
la esperanza y el amor. Adolfo Kolping nos enseña a ver
las dimensiones de nuestra vida como la familia, el trabajo, la
sociedad y el tiempo libre en la luz de nuestra fe.
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