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Director Ejecutivo:
Agustín Aishemberg

 

 

 

     

Montevideo, mayo de 2006 / Nro. 46

 

PASION DE CRISTO, PASIÓN DEL MUNDO


EL SECRETO DE LA CRUZ DE CRISTO: Aún siendo Dios, Cristo se rebajó hasta someterse a una muerte de cruz, por eso el Padre lo levantó sobre todo. Su abajamiento le mereció la gloria de la resurrección. Nos consta la repugnancia natural de Jesús, como hombre que era, ante los sufrimientos de su pasión, tanto físicos; torturas, flagelación, coronación de espinas, crucifixión, como psíquicos: traición de judas, negación de Pedro, deserción
general de los discípulos, ingratitud del pueblo judío, envidia y odio de sus jefes religiosos. La «agonía» de Getsemaní es un prólogo suficientemente elocuente a este respecto. Jesús, no obstante, acepta la voluntad del Padre.

 

 

Jesús carga con la cruz de su pasión por fidelidad al
Padre y por amor al hombre, es decir, por solidaridad
con sus hermanos. El motivo parece doble, pero en el
fondo es único, porque la voluntad del Padre es el amor
y la salvación del hombre; «por nosotros y por nuestra
salvación», como decimos en el credo.


La cruz, revelación de amor: Creemos y decimos que la
cruz es la señal del cristiano, no por masoquismo
espiritual sino porque la cruz es fuente de vida y de
liberación total, como signo que es del amor de Dios al
hombre pormedio de Jesucristo.


Hasta llegar a los acontecimientos de su pasión, Jesús
recorrió un camino. Muchos factores y circunstancias
fueron creándole la enemistad, la envidia y el odio de
los jefes del pueblo judío, que al fin consiguieron legitimar
su condena a muerte presionando sobre Pilato, el poder
civil romano, y con la anuencia de gran parte del pueblo,
embaucado por ellos.


Éstos fueron también los actores del drama; pero los
hilos los movía Dios conforme a sus planes superiores
de amor y salvación para la humanidad. La muerte de
Jesús no es una fatalidad ni un mero error judicial; no es
tanto culpa de los protagonistas de su proceso, pasión
y crucifixión, cuanto resultado de la culpa de todos los
hombres, de todo un mundo en pecado.


El misterio de la cruz en la vida de Jesús, y por lo tanto
en la nuestra, es revelación cumbre de amor, y no
consagración del dolor y del sufrimiento.
Éste no es ni puede ser fin en sí mismo, sino sólo medio
para expresar amor; el modo más verídico y más
auténtico, pues nadie tiene amor más grande que el
que da la vida por sus amigos. Por eso pudo mandarnos
Jesús: Ámense como yo los he amado.

 

El amor que testimonia la cruz de Cristo es la única fuerza
capaz de cambiar el mundo, si los que nos decimos sus
discípulos seguimos su ejemplo.


Este poema sublime de amor que es la vida, pasión y
muerte de Jesús pide de nosotros una respuesta también
de amor: «Amemos nosotros a Dios porque él nos amó
primero» (1Jn 4,19). Jesús pudo habernos salvado desde
el triunfo, la gloria y el poder; es decir, desde fuera,
como un superhombre. Pero prefirió hacerlo desde
dentro de nuestra condición humana, ser uno más y
optar por la humildad, obediencia, amor y renuncia, en
vez de imponerse por la categoría y la fuerza, como es
nuestro estilo. Cristo no vino para que le sirvieran, sino
para servir; por eso renunciando al gozo inmediato,
soportó la cruz sin miedo a la ignominia. Él fue en verdad
el servidor de Dios y de los hermanos.


Cargar hoy la cruz con Cristo supone ir a contracorriente;
es solidarizarse con los que no cuentan socialmente; es
optar por la justicia, la verdad y la libertad, aceptando las
consecuencias dolorosas a las que nos conducirá tal
opción; es seguir el dictamen moral de nuestra conciencia,
siendo honestos con Dios cuando lo más fácil y ventajoso
es traicionar la ética evangélica: dinero sucio, violencia
sexo, discriminación, revanchismo, divorcio, aborto.
Cargar hoy con la cruz del Señor supone elegir la
impopularidad en vez del aplauso inmoral, el perdón y
la reconciliación en vez del odio y la venganza. Todo
eso es morir con Cristo al pecado para resucitar con él
a la vida de Dios. Todo esto es respuesta de amor a
Dios y a los hermanos.


Pbro. José Gutiérrez Camargo
Asesor de la Obra Kolping Latinoamerica

     

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