Montevideo, diciembre
de 2005 / Nro. 45
DISCURSO
CON MOTIVO DEL FESTEJO DE LOS 20 AÑOS DE KOLPING
REALIZADO EN LA CIUDAD DE FLORIDA |
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Señores representantes departamentales, Señores Intendentes,
Autoridades nacionales y eclesiales, Miembros Kolping, Amigos:
Hace dos años, en un campamento nacional, tuvimos un sueño
que hoy se está cumpliendo. Viendo lo que ahí se estaba
viviendo y en un saludo que tuve que improvisar, se me ocurrió
que debíamos celebrar en el 2005, los
veinte años de la Obra Kolping en Uruguay.
Normalmente se celebran los 25 años, pero en esta ocasión,
nos pareció que teniamos que celebrar los 20 años;
que nos merecíamos una celebración porque a pesar
de nuestras debilidades y de algunas crisis, apoyados por el
carisma Kolping y en nuestra fe, hemos permanecido y además
estamos creciendo, en número de miembros y en entusiasmo
aplicado a nuestro trabajo.
Cuando uno tiene 20 años, ya no es un
adolescente, sino que empieza una etapa de madurez que supone la
necesidad de tener un proyecto de vida y una vocación bastante
definida.
Kolping en Uruguay, ahora está en esta etapa de vida, en
este comienzo de siglo, y hoy también estamos continuamente
analizando, a partir de nuestro carisma y de nuestra misión,
cómo responder mejor a las cuestiones sociales y espirituales
que presenta la sociedad en este momento de la historia.
Un aspecto interesante que hoy surge, es la noción
del “capital social”.
El capital social está integrado por:
- el nivel de confianza existente en una organización
y en la sociedad
- la forma cómo se construyen las relaciones interpersonales,
- la capacidad de asociación, cooperación y creación
de sinergia y también por
- el grado de conciencia cívica y valores éticos de
las personas.
El capital social crea un clima de confianza
mutua, que hace posible la cooperación y la sinergia, aumenta
la articipación y la solidaridad, el crecimiento recíproco,
el compromiso y el respeto, permitiendo compartir un proyecto común
con posibilidades de éxito.
Está demostrado que los países y las organizaciones
son más estables y tienen mayor crecimiento social y económico
a mediano y largo plazo, si han generado importante capital social.
Un elemento decisivo de este capital social en la sociedad es la
familia y las “pequeñas comunidades” como los
Grupos y Familias Kolping, que cumplen un rol fundamental en la
sociedad y en el desarrollo de los países.
La Obra Kolping prioriza compartir la vida en
pequeñas comunidades, las “familias Kolping”,
que
son grupos de formación y acción.
Allí se vive la solidaridad, la responsabilidad
individual y colectiva, la participación, la confianza,
el voluntariado, promueven la participación comunitaria y
la capacidad de hacer cosas junto con otros; en estas pequeñas
comunidades se está viviendo y desarrollando en su entorno
lo que se denomina hoy “Capital Social”.
Capital social construimos además cuando:
Participamos en programas junto al Ministerio de Trabajo, al Ministerio
de Educación y Cultura, apoyamos a personas
mayores en la construcción de viviendas de MEVIR,
cuando aportamos nuestro tiempo a ayudar en merenderos, hogares
de ancianos y otras instituciones. Cuando somos seleccionados para
capacitar a personas que han perdido su empleo, cuando organizamos
Rondas para la sonrisa de un
niño, cuando nos fortalecemos en nuestras habilidades de
Liderazgo para servir mejor a la comunidad, cuando ayudamos a crear
proyectos productivos y acercamos a otros a compartir con nosotros
este sueño de mejora de la calidad de vida, cuando abrimos
espacios al ejercicio de la
responsabilidad y construimos este capital social creando redes.
Al asumir la función formadora, la Familia Kolping no sólo
presta un servicio a sus miembros, sino que, a la vez, se convierte
en un apoyo imprescindible para la sociedad.
Porque la sociedad necesita de madres y padres
que eduquen mejor a sus hijos y que formen una familia fuerte y
sana; la sociedad necesita de personas que, capacitándose
a través de programas de formación permanente, puedan
responder a los nuevos planteamientos económicos; la sociedad
necesita de personas comprometidas con los
problemas sociales y políticos y dispuestas a contribuir
a la transformación de la sociedad; y también la Iglesia
necesita de adultos y jóvenes que estén dispuestos
a enfrentar cada vez de nuevo, los desafíos de la fe y puedan
comunicar,
compartir y vivir con otros, la Buena Noticia del Evangelio de Jesús.
Esta es nuestra misión y a la vez estos son nuestros desafíos
Como dije al principio, a los 20 años ya no se puede ni se
debe improvisar, porque además improvisar no es ético!
Debemos profesionalizarnos y articular con otros, para actuar mejor,
para conseguir mejores resultados, para ser
sustentables y de esa forma poder dar respuestas apropiadas e inteligentes
en el contexto actual, especialmente ayudando a que los más
necesitados tengan nuevas y mejores oportunidades de generar un
proyecto de vida digno.
Hoy necesitamos más preparación para mejorar nuestra
gestión y nuestro servicio, sin perder la ética y
la
espiritualidad.
Desde que ingresé como Director Ejecutivo en Kolping, he
comprobado que aquí no sólo se reflexiona sobre el
conjunto de enseñanzas de la Iglesia referidas al campo social,
sino que sobre todo se las aplica.
Está demostrado
que los países y las organizaciones son más
estables y tienen mayor crecimiento social y económico
a mediano y largo plazo, si han generado importante capital
social. |
Me impresiona confirmar permanentemente la mística que lleva
a la acción de tantos jóvenes y adultos de los grupos
Kolping, en zonas urbanas y rurales, ya sea como promotores, elaborando
proyectos, en la ayuda solidaria, en miles de horas de voluntariado.
Por eso podemos hablar con propiedad de la formación y la
acción.
Cuando celebramos, nos nace del corazón la necesidad de agradecer:
Creo que hoy tenemos mucho para agradecer atodos los que desde diferentes
posiciones han hecho posible que Kolping en Uruguay sea hoy una
realidad importante y reconocida en nuestra sociedad y en la iglesia.
Deseo, y sobre todo debemos pedir a Dios que nos inspire para que
en los próximos años podamos seguir siendo fieles
a nuestra misión y razón de ser, trabajando con alegría
y con el mismo entusiasmo, dedicación y esfuerzo, en un clima
de comunión; para juntos poder abarcar los desafíos
que la Obra Kolping Uruguay tiene y debe afrontar en esta nueva
etapa.
Quiero finalizar estas palabras, con lo que se expresa en un documento
de la iglesia, que puede
inspirarnos en nuestra misión y acción:
“PODEMOS PENSAR QUE LA SUERTE FUTURA DE
LA HUMANIDAD ESTÁ EN MANOS DE AQUELLOS QUE SEAN CAPACES DE
TRANSMITIR A LAS NUEVAS GENERACIONES ESPERANZA Y VERDADERAS RAZONES
PARA VIVIR”.
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