Montevideo, diciembre
de 2005 / Nro. 45
ADVIENTO 2005 | CUANDO NOS DUELE EL SILENCIO
DE DIOS
Queridos hermanos Kolpinistas: Necesitamos aguantar para no desfallecer.
A veces nos pesa mucho la vida, y en las horas difíciles
buscamos apoyo en los demás, pero en el ambiente que nos
circunda palpamos con dolor el silencio de Dios. Nos rodea la indiferencia
religiosa, la ambigüedad
y la confusión de valores, la injusticia social y el clamor
de los pobres, el desencanto de muchos, el agnosticismo o el ateísmo
declarado de no pocos, e incluso el desprecio de las creencias cristianas.
Sin duda todo esto constituye una dura prueba, una noche oscura,
un toque de alerta a nuestra fe, y también una ocasión
de madurar nuestra esperanza renovada si acudimos al Señor
en la oración vigilante. A pesar de todo y no obstante nuestra
miseria sin fondo, Dios sale siempre al
encuentro de quien lo busca con sincero corazón. Es la revelación
consoladora y central del evangelio de Jesús.
Vigilancia y oración han de ir unidas. Toda la vida cristiana
debe ser un perenne adviento de vigilancia y oración contra
las tentaciones diarias que anticipan ya el combate final. Oración
y vigilancia son aptitudes básicas del cristiano, verdaderas
virtudes "cardinales", eje y quicio de una
vida animada por la fe y la esperanza.
El supremo modelo de vigilia y oración alertada es Cristo
en su agonía de Getsemaní, por contraposición
al sueño y embotamiento de sus discípulos. Por eso
les avisó: "velen y oren para no sucumbir a la tentación,
pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil"
(Mc 14,38). Ya antes,
cuando Jesús les enseñó la oración sublime
del Padrenuestro, entre sus siete peticiones la sexta
dice: "No nos dejes caer en la tentación".
Vigilancia y oración se apoyan mutuamente,
porque son virtudes hermanas inseparables. La oración sostiene
la fe y la esperanza vigilante, manteniendo nuestro contacto y diálogo
con Dios, como hacía Jesús. Todo el entramado de la
vida del discípulo de Cristo se expresa y resume en la
oración. Es pues, la oración el mejor remedio contra
la somnolencia y la pasividad espirituales que nos privan de la
agudeza, de la sensibilidad y de los reflejos cristianos para discernir
la hora de Dios en nuestra vida personal y comunitaria.
La expectación dinámica que suscita el adviento no
tiene parada final en la navidad, sino que continúa viaje
hasta la vuelta definitiva del Señor. Pero esto no es una
coartada para desentendernos del mundo presente. ¿Creemos
en Dios? Creamos también en el nombre, amando a nuestros
hermanos como Dios los ama en Cristo. Él viene viniendo.
Ya resuenan sus pasos cerca de nosotros. Que nos
encuentre en la vigilancia de la fe y en la oración de una
vida dedicada a amar a los demás.
Bendito seas Señor Jesús,
tú que vives por siempre,
porque durante tu corta ausencia confías en nosotros
y nos encomiendas la inmensa tarea de un amor vigilante
que no se da al sueño cuando hay tanto que hacer en torno.
Esperamos tu venida con actitud alegre y dinámica,
sin ansiedad estéril ni expectación angustiosa.
Ayúdanos a unir productivamente la esperanza y el esfuerzo
para acelerar el día venturoso de la llegada de tu Reino.
No permitas, Señor, que se enfríe nuestro corazón,
para que al llegar nos encuentres con las manos en la tarea
de amasar un mundo mejor y el corazón ocupado en amar,
logrando así con Kolping, un mundo mejor. Amén.
Deseo un Adviento de esperanza para todas las hermanas y hermanos
de Kolping de América Latina.
P. José Gutiérrez Camargo
ASESOR ESPIRITUAL DE LA OKLA
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