Montevideo, mayo
de 2005 / Nro. 43
| Ante la muerte del Papa Juan Pablo II |
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«La Obra Kolping Internacional ha perdido
a un amigo fiel»
Con gran tristeza asumimos - en
nuestra calidad de miembros de una asociación social católica
- la noticia de la muerte de nuestro Santo Padre. Innumerables veces
a lo largo de su pontificado de 26 años, subrayó el
significado de la doctrina social católica respecto a la
renovación de nuestro orden social global. De manera especial,
en sus visitas a los países en desarrollo que sufren particularmente
las injusticias sociales, étnicas y políticas, dio
testimonios impactantes de que la verdad no se podía acallar.
Incansablemente, el Papa Juan Pablo II mostraba su preocupación
por mantener en el orden del día de la política mundial
también aquellos temas que de otro modo habrían quedado
en el olvido debido a la fugacidad de los acontecimientos en nuestro
tiempo. En su compromiso por la santidad y la dignidad de la vida
humana, por la democracia y por la libertad de expresión,
especialmente
en el ámbito religioso, no pocas veces se convirtió
en «piedra de tropiezo». ¡Gracias a Dios que haya
sido así!
Nosotros como Obra Kolping nos sentíamos especialmente identificados
con él en su lucha contra la pobreza, en su compromiso por
la visión cristiana de la mujer y de la familia y en su visión
de la fe cristiana en la vida pública.
A él se le aplica bien el dicho del Beato Adolfo Kolping:
«Quien demuestra valor, infunde valor.» Sin vacilaciones,
el Santo Padre enfrentó los desafíos de nuestro tiempo,
enfatizando a través de todas sus enseñanzas que la
visión cristiana del hombre y las consecuencias de esta visión
formaban un aporte esencial a la solución de la «Nueva
cuestión social del siglo XXI». Advirtió que
la inserción de
la fe cristiana en todos los ámbitos de la sociedad constituía
una de las tareas más importantes de las asociaciones católicas,
no sólo en Alemania.
Ya antes de ser elegido «Pontifex Maximus», Karol Wojtyla
se sabía estrechamente unido a Adolfo Kolping. Lo demostró
al visitar la tumba del «Padre de los Jóvenes Artesanos»
en ocasión de una visita a Alemania, siendo todavía
Arzobispo de Cracovia. Kolping era para él un «Constructor
de puentes entre la Iglesia y la sociedad». En su propio compromiso
por los jóvenes y sus necesidades
espirituales y sociales, se sentía muy afín a los
ideales de nuestra asociación y de su fundador.
Para muchas hermanas y muchos hermanos Kolping, la visita que ya
como Papa realizó el 15 de noviembre de 1980 a la Iglesia
de los Minoritas en Colonia, fue una vivencia inolvidable. Una vez
más, puso ante los ojos de los cristianos a Adolfo Kolping
como un «modelo que la Iglesia de hoy
necesita». Una placa recordatoria en la Iglesia de los Minoritas
conmemora su visita todavía hoy. El 27 de octubre de 1991,
los deseos de muchos amigos Kolping en el mundo entero, expresados
en sus oraciones, se vieron cumplidos, cuando el Papa Juan Pablo
II beatificó en Roma a nuestro «Padre de los Jóvenes
Artesanos» en presencia de varias decenas de miles de miembros
de la asociación, confirmando así de manera formal
lo que ya ardía desde hacía tiempo en los corazones
de muchas personas. La Iglesia ve en Adolfo Kolping a un mediador
poderoso en muchas necesidades, confiando en su intercesión.
Para muchos amigos Kolping, los días vividos en Roma tuvieron
un efecto tan duradero que hasta el día de hoy señalan
esa celebración como la culminación de toda su membresía
en la asociación.
El 1º de diciembre de 2004,
el Santo Padre se dirige por última vez de modo particular
a la Obra Kolping Internacional. Junto al Secretario General Hubert
Tintelott, tuve la oportunidad de entregarle al Papa la «Oración
Internacional por la canonización de Adolfo Kolping»
y la imagen de peregrinación asociada a esta oración.
Visiblemente debilitado ya por su progresiva enfermedad, el Santo
Padre bendijo la oración y la imagen y, de manera especial,
a todos los miembros de la Obra Kolping Internacional.
Esta bendición será su testamento para nosotros, a
través del cual se nos confiere a todos los amigos del mundo
la misión de no desfallecer en la lucha contra la pobreza,
la
injusticia y la falta de esperanza. Seguiremos comprometiéndonos
con la defensa de la vida, la visión cristiana del matrimonio
y de la familia y la libertad de la fe. La Obra Kolping Internacional,
junto a todos los católicos, está de duelo por la
muerte de su Santo Padre y
expresará este sentimiento de manera especial junto a la
tumba del beato Adolfo Kolping en la Iglesia de los Minoritas en
Colonia el día de su entierro. Todos los amigos Kolping están
invitados a vivir ese momento orando por nuestro Papa difunto.
En esa misma iglesia, el día domingo 10 de abril de 2005,
a las 11 horas, conmemoraremos al fallecido Santo Padre de modo
particular, en el marco de la celebración eucarística
solemne con motivo de la asamblea diocesana de la Asociación
Diocesana de la Obra Kolping Colonia.
La Iglesia ha perdido a un gran Papa y la Obra Kolping Internacional
ha perdido a un amigo bueno y fiel.
Mons. Axel Werner,
Asesor General de la Obra Kolping Internacional
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