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INSTITUCION KOLPING
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Director Ejecutivo:
Agustín Aishemberg

 

 

 

     

Montevideo, diciembre de 2004 / Nro. 42

ADVIENTO 2004 KOLPING

UNA VOZ QUE CLAMA EN LA ARIDEZ DEL CONFORMISMO

 

 

 

El Señor vino, viene y vendrá; y la Iglesia para cultivar las dimensiones morales de vigilancia y acogida ante estas ocasiones de encuentro con Jesucristo, ha ido desarrollando este tiempo litúrgico que en su primera parte corona el tiempo ordinario al anunciar la última y definitiva aparición de Cristo al final de los tiempos y en su segunda parte prepara la conmemoración del nacimiento del señor.
Las expresiones de esperanza que repetimos continuamente, como “Venga a nosotros tu Reino” o “Ven señor Jesús”, han de ser dichas con mayor énfasis y conciencia en este tiempo de gozosa expectación de modo que el recuerdo de esta vivencia impregne el resto del año y estimule las actitudes de vigilancia y atención hacia el Señor y el prójimo que son esenciales para la vida cristiana.
El segundo y tercer domingo del adviento, nos traen la figura de Juan el Bautista que anuncia al Salvador. Juan Bautista es el puente que une Antiguo y Nuevo Testamento. Lo que los profetas entendieron como futuro Juan lo muestra ya presente.


Juan se manifiesta como un asceta un poco rústico: vive en el desierto, cubre su desnudez con una piel de camello y come insectos y miel silvestre.


Esta “voz en el desierto” invita al pueblo a una conversión, a un cambio que comporta arrepentimiento: “cambien de vida porque el Reino de Dios se ha acercado” (Mt 3,2). Comporta la confesión pública de los pecados propios: “confesaban sus pecados” (Mt 3,6) y, finalmente, exige los frutos de las buenas obras como prueba de enmienda: “muestren los frutos de una sincera conversión” (Mt 3,8).


Esta conversión es necesaria para poder recibir y aceptar la novedad, el cambio radical que entraña la persona
de Jesucristo y su mensaje. Esta conversión es la preparación para un nuevo nacimiento de la persona: “en
verdad te digo: nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo” (Jn 3,3).


Dos imágenes sobre el símbolo del camino corroboran esta exhortación: “preparar el camino, enderezar el sendero para el Señor”. Así la liturgia de adviento nos invita a un tiempo de penitencia: revisión de vida y propósito de cambio, para volver a vivir con sincero corazón el acontecimiento central de la Navidad del Señor.

 

Que importante se hace en este tiempo, el despertar de nuestro aletargamiento, ponernos en actitud de
apertura, de manera que la sequedad de nuestra fe se vea iluminada por la Palabra de Dios y por la Oración de
donde brota la claridad espiritual que nos hace comprometernos con los hermanos. Pues como dice el Beato P. Kolping: ”El que ama verdaderamente no entrega una u otra cosa, sino que se entrega él mismo por entero. El
verdadero amor no conoce condiciones, ni reservas”. Entonces que podamos acercarnos a los demás, en nuestras
familias, en nuestros grupos, en nuestras regionales y nacionales en actitud de entrega disponible de servicio y
que lleguemos a la Navidad juntos y llenos de gozo.
Hagamos pues de nuestra vida, una continua conversión. Escuchemos la voz de Juan el Bautista que clama un
compromiso y una actitud concreta en medio de la aridez de nuestro acomodamiento y conformismo. De manera
que al terminar este tiempo de Adviento tengamos preparado el lugar más especial “el corazón”, donde deberá
nacer el Salvador.

 

 

Reflexionemos:
A. Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos… ¿qué caminos torcidos hay en mi vida? ¿Qué es lo que él quiere que yo enderece en mi vida personal?.
B. Qué caminos torcidos hay en la sociedad? ¿Cómo enderezar caminos para que llegue más expedito el Reinado de Dios?
C. ¿Qué ideas u opiniones tenemos a cerca de la conversión?

Oremos:
Oh Dios Padre y Madre, que hiciste a Juan Bautista preceder a tu Hijo Jesús, anunciándolo y exigiendo la conversión; haz que también nosotros seamos siempre “precursores” de tu Hijo, enderezadores de los caminos por los que viene cada día a nosotros tu Hijo. Te lo pedimos por El, por María y por intercesión del Beato Adolfo Kolping que viven contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


P. José Gutierrez C. - Asesor Eclesiástico de la Obra Kolpin de América Latina

     

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Adviento 2004 Kolping

UNA VOZ QUE CLAMA EN LA ARIDEZ DEL CONFORMISMO

 

 
   
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