Montevideo, mayo
de 2004 / Nro. 40
“Pascua de Resurreción
2004”
MENSAJE DE MONSEÑOR AXEL WERNER |
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Estimados amigos Kolping de todo el mundo:
Pareciera que estamos rodeados del Viernes Santo.
El odio, la muerte y la violencia marcan los titulares de la vida
pública. El Cercano Oriente no encuentra la paz y, hace poco,
España fue víctima del mayor ataque terrorista de
toda la historia europea. Las estadísticas hablan un lenguaje
claro. Para muchas personas, la vida ya no plantea perspectivas.
La vida por nacer se respeta tan poco como nunca
antes. Las tasas de suicidio, también entre las personas
mayores, crecen de modo incesante. Vivimos en un mundo que necesita
más que nunca de la experiencia de Pascua de Resurreción.
Todos nosotros conocemos épocas de oscuridad
y desesperación. Todos nosotros estamos en búsqueda
de experiencias pascuales. Por lo general, estas experiencias no
irrumpen de modo ruidoso en nuestras vidas, sino que comienzan de
modo apenas perceptible y sin llamar la atención. De pronto,
el árbol de la vida se llena de nuevos brotes, que antes
apenas si habíamos notado. Y de a poco, ¡algo está
cambiando! Revive la mirada que ve lo positivo, la alegría
por el trabajo, por estar con gente. Por lo general, se trata de
un largo camino, en cuyo recorrido de vez en cuando reaparece el
pasado, pero ya no lo hace de modo tan amargo ni tan negativo. Debemos
atrevernos a dar pasos hacia algo nuevo, hacia algo que tal vez
no vemos aún con claridad, pero de lo que creemos que nos
aproximará más a Dios.
Quien tenga suficiente paciencia consigo mismo
y con Dios, podrá vivenciar tarde o temprano que también
en su vida, después de cada invierno siempre regresa la primavera
y lo que parecía marchito, vuelve a florecer. No permitré
que nadie me quite esta esperanza.
En esas épocas de oscuridad, las personas
son una gran ayuda gracias a su comprensión, su paciencia,
su bondad.
Nuestra comunidad en la Obra Kolping y en las
Familias Kolping es de especial importancia en ese sentido. Pero
hay aún algo más. Es difícil de describir.
El Evangelio de los discípulos de Emaús narra un suceso
de este tipo. Es Jesús mismo quien nos acompaña en
los tramos oscuros del camino de nuestra vida. Él está
cerca de nosotros y enciende nuevamente el fuego del corazón
casi extinguido. Alguna vez, entonces, se nos cae la venda de los
ojos, como a los discípulos de Emaús, y reconoceremos
a Jesús detrás de todo y en todo. Puede ser que entonces
también nosotros nos sintamos impulsados a contarles a otros
esta experiencia.: "¡Yo he visto, yo he vivenciado a
Jesús! ¡Él vive! Este Dios, que más allá
del sufrimiento y de la muerte hizo posible nueva vida, realmente
existe."
La resurrección de Cristo no erradica
todo lo negativo ni todo el mal del mundo. Ser una persona creyente
no significa dejar de tomar en serio el duelo, el dolor y la muerte,
sino todo lo contrario. Tal vez los cristianos seamos aún
más sensibles que otros ante estas circunstancias. La Pascua
de Resurreción hace posible mirar lo difícil de la
vida, sufrirlo y aceptarlo sin desesperar, sin quebrarse, sin evadirse
o, aún peor, entregarse a la tentación de ponerle
fin a su vida.
La época pascual es una oportunidad para
redescubrir los brotes y las flores de nuestro árbol de la
vida. Se trata de corregir la dirección de la mirada apartándola
de lo oscuro, lo difícil, lo negativo y orientándola
hacia la esperanza, la luz, hacia ÉL, hacia Jesús
Resucitado. Les deseo esta experiencia pascual y el valor de anunciarles
también a otros esta fuerza vital que surge de la Pascua,
tal vez no tanto a través de palabras, sino más bien
a través de nuestra actitud positiva. Para nosotros, los
cristianos, Pascua de Resurreción no sólo es una fiesta,
sino una verdad última que nunca se agota.
¡En este sentido les deseo a ustedes, también
en nombre de todos los miembros del Directorio General, una Pascua
de Resurreción plena de esperanza y de optimismo!
Suyo
Mons. Axel Werner,
Asesor General de la Obra Kolping Internacional
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