Montevideo, noviembre
de 2003 / Nro. 39
“La sociedad necesita de la familia,
los hijos necesitan de los padres”
Saludo navideño
2003 del Asesor General Mons. Axel Werner |
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La ONU ha declarado el año 2004 como «Año de
la Familia», expresando de esta manera su deseo de volver
a colocar la estructura solidaria más importante de nuestra
sociedad en el centro del debate público.
Como asociación activa en el ámbito sociopolítico
a nivel mundial, la Obra Kolping Internacional se dedicará
a este
aspecto en su trabajo del próximo año, iluminándolo
desde la perspectiva cristiana.
Durante todo el año que viene, todas las Federaciones Kolping
y todas las Familias Kolping están convocadas de manera especial
a examinar el significado y la importancia que la familia tiene
dentro de su trabajo.
Al respecto, viene al caso un dicho de Adolfo Kolping: «Quien
siempre está dirigiendo la mirada hacia las cosas lejanas,
no podrá tener debidamente en cuenta lo que tiene delante
de sí .»
El año 2003, que estamos dejando atrás, estuvo caracterizado
por preparativos bélicos cuyo terrible propósito se
hizo realidad. Aún hoy son muchos los que por
diversas razones, están padeciendo las consecuencias: Familias
que lloran a sus familiares muertos; familias que, a causa de la
guerra, han perdido todo lo que tenían y familias angustiadas
por los riesgos que corren sus padres o madres en las zonas de conflicto.
En todas partes del mundo, la fiesta navideña es una pequeña
luz que nos ilumina en la oscuridad de la discordia. Ya sea en la
convulsionada situación de la posguerra en Oriente Medio,
en las poblaciones marginales que existen en todo el mundo o en
los campamentos de refugiados de los distintos continentes, todos
se esfuerzan por celebrar esta fiesta, en lo
posible, en el círculo de aquellos a quienes aman y a quienes
llaman su familia.
El pesebre se convierte en el centro de todas
las familias, tanto de las que pueden pasar la navidad en una situación
de relativa seguridad, como de las que viven en zonas próximas
a los campos de batalla o en los barrios marginales de este mundo.
Las esperanzas de aquellos que están parados frente a las
ruinas de sus casas o en medio de las ruinas de su propia vida,
están depositadas en el Hijo de Dios, que se hizo hombre.
No deberíamos olvidar nunca que el pesebre no fue una cuna
de lujo sino un comedero para animales.
En Belén no nació un príncipe, sino un hijo
de gente pobre; no nació en el seno de una familia pudiente,
sino en una modesta familia de artesanos. El lugar de Jesús
nunca estuvo en la clase dirigente privilegiada sino al margen de
la sociedad establecida.
Como para todos, también para él eran válidas
las afirmaciones siguientes: En la familia aprendes a amar y a ser
amado. En la familia aprendes lo que significa merecer confianza
y brindar confianza. En la familia comprendes cuánta fuerza
puede darte la fe.
Estimadas hermanas y estimados hermanos Kolping en todo el mundo:
El niño Jesús, sin pompa ni poder, yace en el
establo de Belén y comparte su destino indigno de un ser
humano con millones de hijos de explotados, postergados y marginados
sociales. Cuando este niño llegue a ser un hombre joven,
tampoco necesitará «agacharse» para llegar a
los demás. Él siempre estuvo «abajo, en la base»,
junto
a la gente.
Ya en su nacimiento se muestra la solidaridad de nuestro Dios con
los más pobres entre los pobres. En la noche de
Belén comienza el vía crucis que Jesús deberá
recorrer hasta su terrible final en el Gólgota.
Todas las Nochebuenas podemos oír el mensaje que conmueve
al mundo entero y en el que incontables de nuestros hermanos y nuestras
hermanas ponen toda su esperanza: El niño acostado en el
comedero de animales es nuestro Salvador. En Belén, la mano
de Dios toca a una familia y con esto nos hace sentir que el amor
y la misericordia de Dios son infinitas.
En Belén se encendió una luz que
nadie pudo apagar.
Para nosotros, que nos sentimos comprometidos
con la obra de Adolfo Kolping, esto sólo puede significar
que intensifiquemos nuestros esfuerzos por llevar luz a nuestro
mundo y a nuestra sociedad. No cejemos en nuestro esfuerzo por desterrar
el odio y la discordia de nuestra convivencia social y familiar,
para que la paz y un espíritu profundamente humano puedan
hacer su entrada a nuestro mundo.
Un niño necesita amor para desarrollarse
como persona. El amor es como el sol. A quien lo tiene, pueden faltarle
muchas cosas. Pero a quien le falta el amor, le falta todo. «El
amor es el alma de la familia », dice Adolfo Kolping.
Dondequiera que ustedes vivan, les deseo Una
Navidad plena de amor y paz junto a sus familias.
Suyo Monseñor Axel Werner
Asesor General de la Obra Kolping
Internacional
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