Montevideo, noviembre
de 2003 / Nro. 39
Montevideo, 12 de octubre de 2003.
II Congreso Nacional de la Familia
Mensaje Final
1. Una buena noticia sobre la familia.
Las familias católicas del Uruguay, congregadas junto a nuestros
Pastores, nos dirigimos a todos nuestros conciudadanos a fin de:
• anunciarles la buena noticia sobre la familia revelada por
Jesucristo, el Señor Resucitado;
• invitarlos a colaborar en la defensa y la promoción
de la familia, «base de nuestra sociedad» (Artículo
40 de la Constitución de la República), a fin de que
la familia sea el corazón de una cultura del amor;
• transmitirles algunas conclusiones extraídas de las
múltiples reflexiones y experiencias compartidas durante
el Congreso.
2. Los derechos y deberes de las familias.
“Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres
tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos;
por esta razón ellos deben ser
reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos.”
1
La libertad de elegir la clase de educación que queremos
para nuestros hijos es un derecho humano fundamental. La organización
del sistema educativo
uruguayo no respeta este derecho básico, contrariando lo
garantizado por el Artículo 68 de la Constitución
y discriminando injustamente a quienes no están
de acuerdo con el tipo de educación brindado en los establecimientos
de enseñanza del Estado. Nos comprometemos a trabajar para
cambiar esta situación
inconstitucional y anti-democrática, a fin de que el
Estado asuma plenamente su deber de ayudar a los padres a ejercer
su derecho de educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones.
“Las familias tienen el derecho de
poder contar con una adecuada política familiar por parte
de las autoridades públicas en el terreno jurídico,
económico, social y fiscal, sin discriminación alguna”
2.
La crisis de la familia no es sólo una consecuencia sino
también una causa de la pobreza. El fortalecimiento de la
familia debe ser un objetivo central
de verdaderas políticas de Estado, en esencia independientes
de los vaivenes electorales. La familia debe ser asumida como sujeto
y objeto político y no
como la destinataria de una mera sumatoria de políticas que
no la consideran en su unidad. Se debe prestar particular atención
a las políticas de empleo.
“La vida humana debe ser respetada
y protegida absolutamente desde el momento de la concepción.”
3
El Uruguay vive un momento crítico de su historia en lo que
respecta al primero de los derechos humanos, el derecho a la vida.
Exhortamos a todos los uruguayos a unir sus fuerzas para:
• Rechazar la legalización del aborto voluntario.
• Brindar alternativas válidas a las madres que esperan
hijos no deseados.
• Modificar la normativa vigente en materia de adopciones,
a fin de facilitarlas.
• Prohibir la clonación humana y toda forma de reproducción
humana asistida que no respete la dignidad esencial del ser humano.
Nos comprometemos a ser, en estos asuntos fundamentales, la voz
y el voto de aquellos que no tienen ni voz no voto.
3. La familia es un capital social.
La familia es la expresión fundamental de la naturaleza social
del ser humano. Es una comunidad de personas basada en la alianza
conyugal, por la cual un hombre y una mujer se
entregan y aceptan mutuamente, estableciendo entre sí una
comunión íntima de vida y de amor ordenada al bien
de ambos y a la procreación y la educación de los
hijos. El matrimonio es una institución natural dotada por
el Creador de una muy alta dignidad, que debe ser amparada por la
ley civil. No corresponde equiparar el matrimonio con ninguna forma
de «unión de hecho».
El desarrollo económico de un país
depende crucialmente de su “capital humano”.
La familia tiene un rol fundamental en la formación de este
capital, por lo que una estructura familiar débil atenta
gravemente contra la economía de una sociedad. La familia
educa en virtudes fundamentales para la economía tales como
honestidad, responsabilidad, laboriosidad, austeridad y solidaridad.
Nuestra civilización, afectada por ideologías
materialistas, secularistas, racionalistas, relativistas y utilitaristas,
vive una época de crisis moral y espiritual.
A menudo los medios de comuunicación social transmiten estas
ideologías negativas hacia las familias. En este contexto
no es fácil para las familias cumplir su
misión de ser transmisoras de los valores humanos y cristianos.
Las comunidades cristianas (parroquias, colegios, movimientos etc.)
deben apoyar a las
familias en esta difícil tarea.
4. La familia es el primer camino de
la Iglesia.
La familia es una prioridad pastoral para toda la Iglesia. Dado
que la familia forma parte del ser del hombre, toda acción
pastoral de la Iglesia incide también sobre la familia. Las
distintas ramas de la pastoral de conjunto deben ser coordinadas
con la pastoral familiar. Por ejemplo, es imprescindible un trabajo
conjunto entre la pastoral juvenil y la pastoral familiar en el
área del noviazgo. La pastoral familiar debe llegar a todos
los integrantes de la familia y tener en cuenta las situaciones
de todas las familias (por ejemplo, los problemas propios de las
familias rurales, el drama de la emigración que sufren tantas
familias
uruguayas, etc.).
La crisis de fe que afecta a muchas familias
dificulta los procesos de iniciación cristiana realizados
en parroquias o colegios. La catequesis familiar es una nueva metodología
catequética que apunta a apoyar a la familia cristiana para
que pueda cumplir eficazmente su misión de educar en la fe.
Alentamos a los catequistas del Uruguay a conocer, experimentar
y evaluar esta metodología.
La Iglesia comparte las alegrías y tristezas
de las familias de nuestro país y quiere estar a su lado,
ayudarlas a resolver sus problemas en distintos órdenes de
la vida y transmitirles el misterio de la fe en el Dios revelado
por Cristo. A la miríada de obras sociales eclesiásticas
o civiles de inspiración católica de nuestro país
se podrían sumar con fruto centros especializados
en los problemas de la familia (consultorios familiares,
centros de escucha y acogida, pastoral
de acompañamiento, etc.)
1. La familia cristiana, iglesia doméstica.
La familia cristiana está fundada sobre el sacramento del
matrimonio, que hace a los esposos partícipes del
misterio de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia.
Como Cristo amó a la Iglesia hasta el extremo y entregó
su vida por ella, así los esposos deben amarse y entregarse
recíprocamente.
Hay una vocación cristiana a la
santidad en la vida matrimonial. Es preciso reconocer su
altísima dignidad e impulsar a los novios y esposos a cumplir
siempre la voluntad de Dios, viviendo lo ordinario de manera extraordinaria.
Los padres, fortalecidos por la gracia del sacramento del matrimonio,
son los pastores de la familia, iglesia doméstica. Han de
ayudar a sus hijos a crecer en santidad y a descubrir y vivir su
propia vocación particular, siguiendo a Cristo como María.
La familia cristiana participa de la misión
de todo el Pueblo de Dios. Debe anunciar el Evangelio de
Jesucristo con palabras y obras, sobre todo con el testimonio
de una vida familiar ejemplar, yendo al encuentro de los otros y
acogiéndolos con calidez, especialmente a las familias en
situaciones difíciles o irregulares.
Al concluir este mensaje nos dirigimos especialmente
a todos los matrimonios del Uruguay, llamando a
cada esposo y esposa a renovar la entrega sincera de sí mismo,
a construir entre ambos un amor fiel, fecundo, paciente, solidario
y misericordioso y a vivir la paternidad responsable con generosidad.
Por la intercesión de la bienaventurada Virgen María,
Madre de dios, Madre de la Iglesia, ama de casa y sede de la Sabiduría
rogamos a nuestro Padre Dios que bendiga a todas las familias del
Uruguay y las colme de su gracia, por medio de su Hijo Jesucristo,
nuestro único Salvador, en el Espíritu Santo. Amén.
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